135 segundos: la deuda que el Aston Martin AMR26B debe saldar para Alonso en Hungría
El Gran Premio de Austria dejó a Fernando Alonso 18.º, doblado tres veces y a 134,949 segundos del décimo clasificado. Una cifra que convierte el AMR26B —previsto para el Hungaroring el 26 de julio— en algo más que una actualización: en la última oportunidad real de salvar la temporada.

El Gran Premio de Austria podría haber sido el de España o el de cualquier otro país incluido en el calendario de la Fórmula 1, pues la historia se repite: mientras la cabeza de carrera se bate en duelo por la victoria, Aston Martin se ha descolgado por completo de una clase media que ya no es que ruede en otra liga, es que rueda en otro planeta.
La frialdad de los datos que dejó el Red Bull Ring es rotunda: 134,949 segundos (casi dos minutos y cuarto) separaron a Fernando Alonso del décimo clasificado, el debutante Arvid Lindblad, quien delimitó la zona de puntos. No solo eso: el asturiano llegó a la meta doblado por partida triple, lo que se traduce en una brecha de 224,726 segundos (3 minutos, 44 segundos y 726 milésimas) respecto al ganador de la carrera, George Russell.
Con este panorama, Aston Martin deposita todas sus esperanzas en el AMR26B, un monoplaza prácticamente nuevo que, en teoría, debutará en el Gran Premio de Hungría de finales de julio. El clavo ardiendo al que se agarra un proyecto sumamente ambicioso que, sin embargo, se ha convertido en uno de los fiascos más significativos de la historia del automovilismo.
El abismo de Austria: una brecha que va más allá de las décimas
Para entender la magnitud de la tarea que tiene por delante el departamento técnico de Aston Martin, basta con mirar la tabla de tiempos del pasado domingo. En circuitos cortos como el de Spielberg, quedarse fuera de los puntos suele ser cuestión de pequeños detalles o de una mala estrategia. Para Aston Martin, sin embargo, fue un naufragio estructural.
Alonso cruzó la meta doblado por partida triple, rodando de forma consistente en ritmos muy inferiores a los de sus rivales directos. La degradación de los neumáticos blandos y medios en el coche verde convirtió las 71 vueltas en un calvario de supervivencia.
Más datos: cuando tu distancia con tu más inmediato rival se mide en casi un minuto (53 segundos al 17.º, Alexander Albon), resulta inevitable acudir a los resultados de la Fórmula 2 para comparar. Afortunadamente para Aston Martin, los monoplazas del campeonato inferior siguen siendo unos cuatro segundos por vuelta más lentos en carrera.

¿Qué necesita aportar el AMR26B en Hungaroring?
El Gran Premio de Hungría se ha marcado en rojo en el calendario de la fábrica de Silverstone. No se trata de un paquete de actualizaciones corriente; es más bien un cambio conceptual drástico, casi un coche nuevo a mitad de temporada.
Para que Fernando Alonso y Lance Stroll puedan volver a presentar batalla de forma regular en el top 10, el nuevo chasis y la reconfiguración aerodinámica deben solucionar tres males endémicos:
- Aerodinámica: Newey ha patinado a lo grande con el AMR26, creando un coche totalmente impredecible a consecuencia de un mapa aerodinámico fallido que hace entrar en pérdida al coche en múltiples ocasiones. Ya no es que genere poca carga, es que la genere de forma errática y prácticamente inutilizable.
- Tren de potencia: Se han cargado mucho las tintas contra Honda, señalando a la escasa potencia de su propulsor como principal causante del desastre. Sin embargo, hay mucho más: la caja de cambios se desincroniza, la parte eléctrica no gestiona bien la energía y, todo junto, propicia que el AMR26 resulte indescifrable para el piloto en las frenadas.
- Fiabilidad: Si bien las famosas vibraciones han quedado resueltas, los problemas mecánicos siguen apareciendo a lo largo y ancho del monoplaza. Los abandonos han dejado de ser noticia, ya que ahora mismo Aston Martin se los puede permitir, pero si el AMR26B cumple con lo esperado, necesitará aprovechar todas las oportunidades posibles para puntuar.
Hungría, el juez definitivo antes del parón
Sea casual o no, la elección de Hungaroring para el debut de esta especificación B resulta muy conveniente. El trazado húngaro, a menudo comparado con un circuito de karting gigante por la ausencia de largas rectas, premia el agarre mecánico, la carga aerodinámica pura y la agilidad en el cambio de dirección. Si las novedades funcionan, el impacto en el cronómetro debería ser inmediato.

Asimismo, el de Budapest es un circuito en el que la potencia del propulsor pasa a un segundo plano y, teniendo en cuenta que Honda probablemente hará debutar su nuevo motor más adelante, Hungaroring se convierte en un escenario amable para el primer contacto del AMR26B con la competición.
La deuda de los 135 segundos es demasiado pesada para un equipo que aspiraba a liderar la alternativa a los grandes. En Hungría, Fernando Alonso no buscará milagros ni podios utópicos; la misión del AMR26B es mucho más mundana pero vital: devolver la dignidad competitiva a Aston Martin y recortar de un plumazo una distancia que hoy avergüenza al proyecto.
Fotos: Alberto Fernández / Motor.es
