GP de México F1 2026: Antonelli, campeón para la historia
Llegó el fin de semana decisivo para Andrea Kimi Antonelli, al que le bastaba con ser noveno para lograr el campeonato del mundo. Daba igual lo que hicieran los demás. Un resultado que no se había producido en todo el año, salvo su abandono en Cataluña.

Claro que algunas circunstancias parecieron pretender quitarle el protagonismo. Como Liam Lawson, que el viernes tomó la decisión de enzarzarse con Max Verstappen. No es que no pueda, pero a otros pilotos los liquidaron por mucho menos. Al final, ambos salieron perjudicados con sanciones.
El sábado, fueron Haas y Esteban Ocon los que dieron la noticia, con una ruptura contractual inesperada y turbulenta que deja al francés sin volante el resto del año. Un final amargo, que recuerda lejanamente al de otro francés, Alain Prost, con Ferrari en 1991. Hirakawa, venido de la resistencia, le sustituyó.
O en la clasificación, un inspirado Lewis Hamilton lograba su primera pole con Ferrari, su 105ª, y la primera desde 2023. Con ello, el británico ya tiene poles y victorias con la Scuderia, que lograba además su primera posición de privilegio del año, en un buen día con Leclerc tercero. Mientras tanto, Antonelli pasaba desapercibido, y era quinto –sería cuarto con la sanción a Verstappen-.
El Gran Premio
Pero todo eso no podía quitar el foco en que un casi adolescente estaba a punto de destrozar los libros de historia a sus 20 años. Cosas del destino, lo iba a hacer el mismo día en que se conmemora el fallecimiento de otro gran talento de 20 años, tras un accidente en los entrenamientos del I Gran Premio de México: Ricardo Rodríguez de la Vega.
Eso abrió para quien escribe el tarro de los grandes talentos precoces. Como Bernd Rosemeyer, que en 1936, en sólo su segundo año en monoplazas de Gran Premio, lograba con Auto Union el título de campeón de Europa de pilotos, con sólo 26 años.
Por supuesto, más recientes, se venían a la cabeza Jacques Villeneuve, también campeón en su segundo año en la F1, 1997; o Lewis Hamilton, lo mismo en 2008. Claro, Max, aunque le costó un poco más ser campeón del mundo. Y eso llevaba a otra reflexión. ¿No tiene mérito lo hecho por Antonelli?
Por ser groseramente joven, se le ha disminuido el mérito, hasta el punto de sostener que otros pilotos en el karting eran mejores. Ya, bueno, Terry Fullerton daba sopas con honda a Ayrton Senna, o Giorgio Pantano era el mejor de los mejores en los inicios. No. Es un malvado reduccionismo.
Por supuesto que Antonelli tiene el mejor coche. El año pasado sufrió más en su debut en la categoría –pero no olvidemos sus destellos, con triunfos en carreras sprint-. Pero este año, cogió el W17 por el pescuezo, entendió como nadie el funcionamiento de esta nueva F1 y le ha sacado a todo ello el mejor rendimiento.

No se ha metido en guerras ‘yoyo’; ha sabido atacar cuando tocaba y ganar con contundencia, o conservar cuando era preciso. Ha remontado desde las profundidades y ganado desde la pole. Lo ha hecho todo. Todo es todo. Y casi todo lo ha hecho bien (la perfección no existe).
¿Y va a venir alguien a decir que porque es joven se ha encontrado con su título? Qué forma más ciega de contemplar los pilares de la historia del deporte quebrarse para generar una nueva base, un nuevo fundamento en el que ahora este piloto, todavía con cara de niño, es –y será seguramente para siempre– su campeón más joven. Qué lejos queda Emerson Fittipaldi en 1972, otro al que le debieron regalar el éxito llevando un Lotus. Claro.
Hace muchos años, quien escribe estas líneas hizo un estudio sobre ‘campeones y sus méritos’, para concluir –todo es discutible– que prácticamente ningún piloto ha sido campeón sin el mejor coche. No, ni Fangio, ni Clark, ni Stewart, ni Lauda, Prost, Senna, Schumacher, Alonso, Hamilton o Verstappen. Ninguno, con toda la rotundidad. Pero Antonelli sólo es campeón por el coche.
Cuando pensábamos que no habría un talento más sorprendente que Max –y, por favor, Max es el mejor piloto que ha visto el automovilismo en décadas–, surge este joven que, de forma firme –dejemos esa F2 con un Prema en desmoronamiento–, ha trepado por la escalera. Por cierto, con otra clave fundamental de todo campeón: apoyo financiero sólido, en este caso de la mano de Toto Wolff, que apostó ciegamente por este enorme talento.
Y ha tenido razón, y ahora le devuelve todo eso ganando con Mercedes-Benz, y sumándose así a la lista de campeones con la estrella de tres puntas. Una lista que hace ponerse en pie: Rudolf Caracciola, Juan Manuel Fangio y Lewis Hamilton. Y ahora, Andrea Kimi Antonelli. Si ni siquiera se va a respetar esto, poco queda por decir.
Y ahí estaba. Cruzando la meta en un bonito tercer lugar. Todo lo demás no importaba. Ni la victoria de Max Verstappen, ni las luchas en pista. Disculpen que la pasemos por alto cuando se escribe historia con mayúsculas por parte de un recién llegado a la veintena. El único pero que se puede poner, es que esta F1, la de 2026, no se merece a un campeón como Antonelli, tan vibrante y sorprendente.
Ya es campeón del mundo. Y ninguna palabra, excusa, envidia o teoría se lo quitarán jamás. De ese Olimpo, no se sale. Ingresa casi con timidez, pero con firmeza. El más joven de todos los tiempos. No duden de que los que ahora son sus iguales aplauden allí arriba o aquí abajo el logro. Honor y gloria al nuevo campeón. Y por más años de emociones.
