Newey admite su gran fracaso: “Un completo y absoluto desastre”
A pesar de ser uno de los diseñadores más prestigiosos de la historia de la Fórmula 1, Adrian Newey también cuenta con fracasos en su historial. Este fue el primero de ellos.

Adrian Newey es hoy el diseñador más respetado en la Fórmula 1, a la par que el más temido por sus rivales. No en vano, con su sola presencia coloca al equipo en el que milita en una posición mucho más competitiva.
Ahora bien, eso no significa que Adrian Newey sea infalible, y de hecho en su historial destacan algunos fracasos sonoros por querer traspasar los límites de la audacia en un mundo regido por las leyes de la física.
Quizá el más conocido de todos esos monoplazas que no alcanzaron el éxito esperado sea el McLaren MP4-18, diseñado para la temporada 2003, pero que nunca llegó a debutar a consecuencia de sus graves problemas de fiabilidad.
«No hay lugar para el ego en la ingeniería»
El Leyton House de 1989
Sin embargo, la primera gran decepción de Adrian Newey como diseñador se produjo mucho antes, en 1989. En aquel momento, un joven Newey se había convertido en el chico de moda en la Fórmula 1 tras varios éxitos en los sports cars, la IndyCar y, finalmente, con su primer monoplaza de la categoría reina.
«Tuve una carrera dorada a los 20 años, ya que llegué a ser diseñador jefe, inicialmente en el proyecto de sports cars, con solo 24 años. Y luego en los proyectos de IndyCar para March, el equipo oficial, a los 25, y luego a los 27, director técnico en Leyton House. Todos esos coches habían ganado carreras o campeonatos», recuerda Adrian Newey en el podcast de James Allen.
En dicha entrevista, el ingeniero británico reflexiona sobre la influencia de los fracasos en su trayectoria profesional, que a menudo es superior a la de los éxitos. O, al menos, más edificante.

«Todos recordamos los buenos resultados, claro, pero no los años malos ni las carreras malas. A menudo, son lo que te moldea, cómo reaccionas ante ellos y cómo intentas mantener la confianza en ti mismo», argumenta.
«Hay un ejemplo en mi caso particular. El Leyton House de 1988, el primer coche de Fórmula 1 del que fui responsable, superó todas las expectativas. Me convertí en chico de moda, por así decirlo, en términos de ingeniería, de la Fórmula 1», prosigue Newey, antes de aludir directamente a su primera gran decepción como diseñador.
«Y posiblemente, se me subió un poco a la cabeza. Mientras leía todos esos artículos elogiosos en la prensa, pensaba: “Vale, si el primero te pareció bueno, espera a ver el segundo”, el coche de 1989. Y fue un completo y absoluto desastre», reconoce el ahora gerente técnico y director del equipo Aston Martin.
Aquel año, el equipo apenas sumó cuatro puntos gracias a la tercera posición de Mauricio Gugelmin en la primera carrera. Sin embargo, este gran resultado fue conseguido con el monoplaza de la temporada anterior y el resto de la temporada quedó en blanco.
«Creo que, en retrospectiva, en realidad fue muy bueno para mí, porque creo que, en primer lugar, enseña que no hay lugar para el ego en la ingeniería. Hay que mantener los pies en la tierra y ser objetivo», concluye, confirmando que aquello supuso una importante lección para el futuro.
Un futuro en el que acumuló numerosos éxitos, haciendo posible un total de 26 títulos mundiales de Fórmula 1 hasta el momento. ¿Incrementará su cuenta en Aston Martin?
