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    Truco o trato

    La Fórmula 1 es uno de los deportes más sorprendentes del mundo, por mil razones, pero es el único en el que puedes ayudar a tu enemigo a ganarte y no sólo que todos queden contentos sino que sea lo mejor para el conjunto y para ti. ¿Mercedes ayudando a Ferrari, Renault, y ahora Honda? Pues sí… y resulta que es bueno (¡?).

    La letra del músico cubano Antonio Machín en su adaptación a la Fórmula 1 podría quedar rara pero resultaría elocuente conforme a la realidad por la que pasa de forma filosófica el reino de la velocidad. Si el cubano presidiera la FIA estaría cantando algo así como “cómo se pueden querer, dos equipos a la vez, y no estar loco”. No se trata de una bicefalia apasionada, un favoritismo dirigido o ni siquiera un mal ejemplo del llamado poliamor. Esto de que el equipo líder ayude a sus competidores a que le den el día, la semana, el mes y la temporada tiene poco de deportivo, aunque mucho de sentido común, negocio, y viabilidad del todo a pesar del extraño tufo a fullería tolerada que adquiere.

    El primero que saltó con el tema fue Helmut Marko. Una buena mañana hizo tronar su atmósfera circundante con un bramido que dejó rascándose la cabeza a unos pocos “¡¡¡es que Mercedes ha ayudado a Ferrari!!!”. En Maranello dieron la callada por respuesta, los de Mercedes no dieron explicación alguna y nadie más se inmutó. Aquello tenía tan poco sentido que sus palabras fueron arrastradas por un río de gasolina. “Na, una Helmutmarkonada más, que como el beneficiado no es su equipo, grazna al tendido”, arquearon las cejas algunos sin darle excesivo valor. Poco después, como siempre de manera intencionada y a la espera de agitar el árbol de forma convenida, Bernie Ecclestone soltó algo parecido, “a Ferrari le han echao un cable”. Palabras mayores, y esto empezaba a tener ciertos visos de realidad, pero seguía careciendo de sentido. ¿Por qué razón el dominador absoluto iba a ayudar a su más cercano perseguidor a cogerle? Es más, la competición se desvirtúa porque es una ayuda dirigida hacia un sentido y no hacia otros, de la que resulta una situación rayana en el trapisondismo.

    Cuando una trampa es aceptada por todos deja de serlo. En la séptima acepción de la RAE, el vocablo “trampa” se define como “Infracción maliciosa de las reglas de un juego o de una competición”. Ocurre que a veces se han permitido en la Fórmula 1 para que todo fluya. ¿Porque esto puede ser definido como trampa? Porque en la Fórmula 1 hay dos competiciones: la de tíos rápidos y la de coches rápidos. Si la primera, teóricamente premia a la habilidad, la capacidad de machihembrar riesgo y beneficio, el valor y la inteligencia al volante, la segunda es una manera de compensar ciencia, tecnología, inversiones, desarrollo e imaginación.

    Esta segunda competición se disputa tanto dentro como fuera de las pistas, y paga dividendos económicos a fin de año según se haya bailado. Ver como un participante cede tecnologías, inventos y soluciones a un competidor es como si Donald Trump atendiese un pedido de misiles nucleares al majara de Corea del Norte… para usarlo según crea conveniente, y cualquier mañana se los mande de vuelta con la espoleta activada. La paradoja reside en que esto no solo está bien, sino que resulta no ya necesario sino casi imprescindible.

    Punto 1: Si esto ha ocurrido, FIA lo ha aprobado, está al tanto y ha dado su bendición. La gente de Todt tiene muchos intereses cruzados, y de diversa índole, pero existen dos de orden básico: seguridad y cierta igualdad en las pistas. Cada vez que alguno se excede en su bienganado dominio, suele o cortarle las alas, o permite al resto que le den caza.

    Punto 2: Si Mercedes hace esto no es a cambio de aire. Muchos apuntan a que su apisonadora de los últimos años se debió a que Ross Brawn, muñidor de sus éxitos, se adelantó al resto a la hora de conocer la arquitectura del actual propulsor. Los logros fueron méritos exclusivamente de sus técnicos, pero si se pusieron manos a la obra antes que el resto, ventaja se embolsaron y poco deportivo fue. Puede haber otro tipo de compensaciones…

    Punto 3 y lo más importante de todo: Gracias a las teóricas-y-nunca-probadas ayudas de los anglogermanos, los de rojo están como nunca y sus motores han pegado un salto de orden mayor. Mediciones GPS apuntan a que ni aero, ni chasis, ni manos… motor, mucho motor, caballería es lo que hay y antes no había. En tres carreras de este 2017 Ferrari ha ganado casi tantas como en los tres años que llevan estos propulsores en activo, de momento llevan dos victorias y una vuelta rápida. Desde 2014 sólo acumulan tres triunfos con dos temporadas con ni uno sólo en todo este ciclo.

    El razonamiento al que se llega es sencillo, y no hace falta pensar mucho: Mercedes ha perdido un poco pero hemos ganado todos. Un ganador lo es más no cuando arrasa al resto, sino cuando lucha por ello. Ver pasearse a Lewis o Nico, con el codo asomado por la ventanilla tiene más de costoso tiovivo que de carrera, y gracias a la sobrevenida igualdad, las carreras, nuestras carreras, son mucho mejores. Recuerda la persecución a menos de un segundo durante media carrera de Vettel sobre Lewis en Melbourne. Eso si que fue una carrera, y no ver escaparse a las estrellas plateadas para que al final sus pilotos se saludaran amablemente sin más que contarse tras la llegada.

    FIA, motoristas, equipos y todos los actores principales de esta película ven con alarmante preocupación como los índices de popularidad del deporte (y el negocio) se hunde cual piedra arrojada a un rio, y una de las claves es la igualdad, la competitividad, la lucha cuerpo a cuerpo. De ello que llegasen a una conclusión: no puede haber más de tres décimas a cuenta del motor entre los mejores y los peores. La última vez que los propulsores estuvieron congelados, parametrizados para arrojar una potencia similar, nos topamos que en las primeras siete carreras de la temporada tuvimos a siete ganadores… las casas de apuestas se volvieron locas, y los aficionados también.

    Había capacidad a la sorpresa, a lo inesperado. Estos tres últimos años estaba chupado saber quien iba a ganar, o sea, tan emocionante como la foto del carnet de conducir de un jubileta. El deseo formal, en definitiva, no es solo que los de atrás alcancen a los de delante, sino que los de delante tampoco se escapen y esto, cuando has realizado inversiones multimillonarias en desarrollo, tecnologías, sistemas de medida y diseño, puede convertirse en dinero, mucho dinero… tirado.

    Es más fácil y barato trasladar algunas de esas soluciones a los que se ahogan por no hacer pie, que congelarlo todo y mandar a los técnicos a su casa. Dicho de otra manera: impido que te ahogues, y ya me guardaré mis mejores cartas, antes de que nos ahoguemos todos.

    Antonio Machín cantó su amor por dos mujeres a la vez, y se le hizo un monumento en Sevilla, justo frente a la sede de la Hermandad de Los Negritos. Si al final de este jaleo todos disfrutamos más, a los responsables de la jugada pocos querrán levantarles una efigie, pero muy posiblemente, lo agradeceremos desde el cómodo sofá de nuestro salón, porque negros si que iban a estar todos con otra temporada soporífera con unos ganándolo todo y el resto de mirones.

    Fotos: Scuderia Ferrari