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    Virutas F1Pinta tu carreta (de naranja)

    A principios del Siglo XX, cientos, miles de inmigrantes asturianos, volvieron a su tierra con el bolsillo forrado de dinero. Su manera de expresar el éxito recaudado fue montarse casoplones del carajo que hoy riegan la geografía del principado; son las llamadas “Casas de Indianos”. Fernando Alonso podría construirse unas pocas con lo vivido en Indianápolis… antes incluso de participar.

    A principios del Siglo XX, cientos, miles de inmigrantes asturianos, volvieron a su tierra con el bolsillo forrado de dinero. Su manera de expresar el éxito recaudado fue montarse casoplones del carajo que hoy riegan la geografía del principado; son las llamadas “Casas de Indianos”. Fernando Alonso podría construirse unas pocas con lo vivido en Indianápolis… antes incluso de participar.

    Velocidades medias superiores a las puntas de la F1, millón de espectadores, pájaros muertos a pares, aprobado del test para rookies (ya tiene la “L”), sonrisas por doquier, admiración, eco mediático, y un día de mierda para anunciar cualquier cosa porque el estreno de Fernando en el estado de Michael Jackson fagocitó toda noticia sobre carreras que no fuera esta.

    Pero como toda historia, no es que el demonio resida en los detalles, sino que hay muchos que escapan al ojo no habituado, o no se les otorga el valor que tienen a la hora de completar la foto, y hubo muchos.

    Simplicidad. Lo reseñó hasta Alonso al acabar. “Oye, que me subo”, se encaramaba al Indycar, y en un minuto estaba rompiendo la barrera del sonido en alguna parte del trazado. En la Fórmula 1 cada vez que se hace algo es como lanzar un cohete Arianne al espacio. Mola mucho la tecnología de las carreras europeas, es la sublimación del deporte, de ahí emanan soluciones al ‘mundo exterior’ pero todo ello, que resulta alucinante para el menos aficionado a los chismes e inventos, no hace unas carreras mejores.

    Los equipos de F1 buscan dinero, desarrollan mejores coches, inventan cosas y muchas gracias por todo… pero el aficionado percibe poco de todo eso, no se aprecia, no se traduce en unas carreras mejores a la vista del espectador ya sea en vivo o por la televisión. Cada vez que ALO paraba en esa especie de box de baratillo con cajas de herramientas apoyadas en un muro de hormigón, apenas tres o cuatro mecánicos revisaban un par de áreas del coche, y ale, arreando.

    Lección #1: más complejo es más guay, pero no mejor.

    Rendimiento financiero. Para su estreno y en un guiño a lo vintage, Alonso se enfundó un Sparco confeccionado ex profeso que rememoraba al que usó Steve McQueen cuando estuvo en Le Mans. Llamó a muchos la atención la explosión de logotipos en el mono del ovetense, a diferencia de lo pelao que suele estarlo cuando se viste para la F1, y es que en Indianápolis ALO parecía David Meca. Esto tiene varias explicaciones: en EEUU existe un mercado de lo publicitario muy ágil, ávido de oportunidades, y con mucha más vida que en el viejo continente.

    "Los yankees no padecen estos complejos. ¿Tienes menos pasta? Tráemela, te pongo las pegatinas más pequeñas y todos contentos".

    Hay que añadir que Indy 500 se trata de un evento puntual, único, y por lo tanto de un valor extra-ordinario (si, con guión en medio). Cuando Pedro de la Rosa corrió con Sauber en España la filial de la compañía en nuestro país de Burger King soltó pasta solo para estas citas, o BrawnGP llevó las pegatinas de Mapfre en algunas carreras… y es una jugada poco frecuente en la F1. Corre el rumor de que Ron Dennis se negó a firmar un acuerdo de patrocinio con una aseguradora británica hace un par de años porque se subió a la parra y pidió ‘lo que aquello valía’, 60 milloncejos. La aseguradora dijo que 38 o no había póliza que firmar. Dennis se plantó y dijo no. El resultado es que los de los seguros se llevaron sus 38 a otra parte y el equipo palmó esa pasta aquel año. Los yankees no padecen estos complejos. ¿Tienes menos pasta? Tráemela, te pongo las pegatinas más pequeñas y todos contentos. Más barato es abrir la mano a muchos que no llegarían de otra manera. No se trata de abaratar, sino de expandir el menú de opciones del comprador.

    Lección #2: si una vieja te lo da, cógelo, que menos es ná.

    El espectáculo. Los americanos son diferentes. En su fútbol se persigue un balón apepinado, su deporte rey se juega a estacazos, y en lo de las canastas, la NBA rumia desde hace años ser un deporte planetario si es que no lo es ya. La clave de que algo se popularice es que fluya libre. Liberty Media presentaba el GP de España la mañana de autos y por la tarde seguro que el Chase Carey, todos los pilotos, equipos, mecánicos e implicados en la F1 abandonaron sus puestos de trabajo para ver las casi cinco horas de retransmisión de un solo tipo dando vueltas a un óvalo de forma intermitente.

    "Los americanos demostraron que con poco y bien usado se puede hacer mucho".

    En tiempos de Bernie hubiéramos necesitado la ayuda de un satélite espía para saber algo de esto, la única fuente de información hubiera sido la cuenta de Twitter con alguna foto de teléfono hecha por los acólitos del piloto, y cualquier atisbo de videoclip en Youtube de un par de minutos hubiera durante ese mismo periodo de tiempo para dejar un cartelito de defunción en el que leer “Borrado por cortesía de FOM”. Los americanos montaron un circo de cámaras, cabezas calientes, plató improvisado, y autónomas a pie de pista. Faltaron onboards, drones o helicópteros, pero demostraron que con poco y bien usado se puede hacer mucho. Hoy día transmitir información ha perdido mucho valor en beneficio de llamar la atención y dar la nota, y si no que le pregunten a El Rubius.

    Lección #3: (y lección de perogrullo) lo que se esconde se pierde, se disipa, pierde valor y se olvida. Donald Trump no ganó sus elecciones por guapo, sino porque se habló mucho de él, mal, pero se habló.

    Fernando Alonso hizo el petate y siguió las indicaciones de la película “Paint your wagon”. Pintó su carreta de naranja y se fue al oeste. En la cinta de 1971 Clint Eastwood y Lee Marvin corrieron en la fiebre del oro compartiendo una mujer. Ahora F1 e Indy comparten a un piloto, Liberty comparte su corazón entre lo que pierde en Mónaco y lo que puede ganar con esta jugada, McLaren comparte y disipa su terrible temporada en la F1 con brillo en otras latitudes, y los aficionados compartimos nuestra pasión por la velocidad y nos quedamos como Fernando Prueba, con un ojo en cada categoría.

    La traducción del título de la peli en español fue “La leyenda de la ciudad sin nombre”. tenemos una ciudad, Indianápolis, la leyenda está en proceso de construcción, y si sale bien hay un nombre, Alonso. Quedamos a la espera del final.

    Fotos: IndyCar

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