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Citroën Tipo H, el "food truck" más popular

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A la nueva furgoneta Citroën Jumpy le ha salido un rival, pero de su misma familia, la ilustre antepasada Citroën Tipo H. Descubrimos por qué este simpático clásico se ha puesto de moda como puesto ambulante de comida en España.

En los últimos años parece haber un auge de la gastronomía en nuestro país, aunque es algo que ha estado siempre ahí. Programas de televisión como "Pesadilla en la cocina", "Master Chef" o "Top Chef" han puesto de moda un nuevo tipo de cocina, menos tradicional, más vistosa, más comercial... y también más cara.

Una de las consecuencias derivadas es la aparición de furgonetas transformadas como puestos de comida ambulante, más conocidas por el anglicismo food truck. Entre ellas, el modelo más popular es el Citroën Tipo H, un vehículo industrial que se dejó de fabricar hace 34 años, y que había tenido una vida comercial desde ¡1947!

Es la abuela de la Citroën Jumpy

Su aspecto retro la hace muy atractiva en una época en la que lo retro vende más y es más cool. No solo eso, las formas angulosas y cuadradas de este vehículo son muy aptas para ese tipo de uso, ya que el espacio se aprovecha al máximo y se puede trabajar dentro con mayor comodidad.

La idea de utilizar este vehículo para vender comida no es precisamente nueva, la imagen es de 1968

Para explicar esa capacidad, nos tenemos que remontar a los años 30 y 40, cuando Citroën puso en un vehículo comercial varios adelantos técnicos que hoy día son elementales. Antes del Tipo H se vendió brevemente el Citroën TUB, cuya producción quedó parada por la Segunda Guerra Mundial.

Aquel vehículo disponía de una carrocería autoportante (monocasco) sin chasis independiente, con suspensión de barras de torsión, frenos hidráulicos y lo más importante: tracción delantera heredada del Traction Avant. Teniendo todos los órganos mecánicos delante, se liberaba mucho espacio para carga. Su sucesora heredó todas esas soluciones.

Si el Tipo H no fue más versátil fue por la escasísima potencia de sus motores, tanto gasolina o diésel, que no superaban los 60 CV para el peso de un utilitario/compacto moderno. Además, sus formas antiaerodinámicas hacían que la velocidad no fuese una de sus mayores virtudes. Pero es muy espaciosa, de hecho, más que la actual Jumpy.

En el caso de España, si uno no quiere entrar en el horrible mundo de las homologaciones individuales, es preciso respetar el motor original de Citroën, o resignarse a mover su furgoneta gastronómica en un remolque de un lugar a otro. La mecánica tiene, como poco, 34 años, por lo que el mantenimiento puede ser delicado.

A fin de cuentas, la legislación española no permite la venta ambulante de comida a lo loco, solo se autoriza en eventos muy concretos, y con la correspondiente licencia (carné de manipulador de alimentos aparte). Considerando eso, el tema motriz no es tan importante

La Citroën HY tiene 10,3 m³ de capacidad

De las 21 combinaciones de carrocería que tuvo el Citroën Tipo H, el más adecuado para este propósito es el HY. Este modelo tiene una altura exterior de 2,6 metros, y dispone de una altura interior de 2,12 metros. La versión de techo bajo, HZ, mide 2,3 metros de alto, y en su interior hay disponibles 1,82 metros, ya va más justa.

La curiosa forma de la chapa de carrocería, ondulada, responde a una solución ingenieril para que sea más rígida con una menor cantidad de acero. La idea no fue de Citroën, sino del fabricante alemán de aviones Junkers, y desde la Primera Guerra Mundial. También se utilizó en el Ford Trimotor en la década de los 30. Sí, Ford también hizo aviones en su día.

De 1947 a 1982 este vehículo apenas tuvo cambios estilísticos. Los primeros modelos contaban con un parabrisas partido en dos, la luneta única tardó en llegar hasta 1964. Se hicieron otros cambios menores en ópticas, las puertas, parrilla frontal o las aletas delanteras. A España tardó un poco en llegar, hasta 1962 no se vio por la piel de toro.

Para aquellos empresarios de la comida gourmet que se planteen adquirir una de estas furgonetas, debe ir preparando la cartera. Las pocas unidades existentes suelen necesitar muchos mimos (restauración completa), por no mencionar todo el acondicionamiento interior que precisa una cocina moderna. El coste puede superar tranquilamente los 30.000 euros sin haber vendido ni un plato de cacahuetes. Puede salir a cuenta comprar una ya modernizada.

Fotos: Citroën

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