Gama SUV de Audi: los señores de los anillos

Cuatro aros para gobernarlos a todos. Cuatro aros para encontrarlos, cuatro aros para atraerlos a todos y atarcarlos en las carreteras. Parece simple ciencia ficción o hipérbole, pero es la expresión jocosa de una realidad: nos vamos a hartar de ver SUV de Audi.

El futuro es SUV, y Audi tendrá una oferta de este tipo de coches destinada a cubrir toda la demanda que pueda abarcar. A medio plazo, la mitad de los coches vendidos por Audi serán SUV, es decir, todos los que empiezan con una "Q" su nombre de modelo.

Ahora mismo la gama SUV de Audi consta de cuatro modelos: el subcompacto Q2, el compacto Q3, el mediano Q5 y el gran Q7. El año que viene llegará el Q8, el nuevo buque insignia, anticipado por los prototipos vistos en Detroit y en Ginebra. Más adelante llegará el e-tron (100% eléctrico) y el Q4 (de forma más coupé). Tras la renovación de los Q7 y Q5, el Q3 se pone al día también el año que viene.

En Estados Unidos el 47% de las ventas corresponden a SUV, algo lógico en un país en que gustan los coches grandes y donde el consumo de combustible no es un gran problema por el bajo precio de la gasolina. Pocos Audi TDI se van a ver en Estados Unidos en una buena temporada. El calentamiento global no importa, está claro.

Audi Q8 2018 - foto espía

Audi lanzará dos nuevos SUV y tres coches eléctricos de aquí al año 2020. Fotografía: S. Baldauf/SB-Medien

La publicidad que hace Audi últimamente va encaminada en esa dirección, la de tener una gama SUV completa: "Millennial, baby boomer…? Verás que para definir tu cáracter, tu fecha de nacimiento es lo de menos. Elige tu #Audi Q favorito para descubrirlo." Hace falta algo más que el carácter, se llama presupuesto.

Audi sabe, como los fabricantes Premium y los generalistas, que son coches de capricho

Eso quiere decir que los clientes son más dados a gastarse más dinero -cuando pueden hacerlo- y pagar más extras, personalización, etc. También tiene sentido pagar por un motor más potente para tener unas prestaciones más interesantes, ya que pesan más que berlinas o compactos similares.

Los segmentos SUV siguen subiendo de cuota en los mercados desarrollados, y lo seguirán haciendo mientras no se penalice a efectos fiscales el peso de los vehículos, su eficiencia respecto a otros segmentos, la altura o cualquier otra consideración que se quiera hacer. Por eso en Japón es tan difícil ver SUV, hay buenos palos para el bolsillo.

¿Qué hay de la competencia? BMW tiene ahora mismo cinco modelos: X1, X3, X4, X5 y X6. Más adelante llegará el más grande de todos, el X7, y el benjamín X2. Estos coches progresan tanto en segmentos humildes como de gama más alta. En cuanto a Mercedes, tiene la gama más completa, con siete modelos, desde el GLA hasta el G. Ese último no es SUV, pero como si lo fuese.

En las tres marcas se da el denominador común de que las versiones más humildes son de tracción a un solo eje, los medianos y superiores son todos de tracción total. Esto último no es una exigencia ni mucho menos para la clientela, ya que la aplastante mayoría circula por carreteras asfaltadas, no fuera de ellas, ni están permanentemente en zonas nevadas o de durísimos inviernos.

En 2006, la cuota de SUV Audi era muy pequeñas, solo el 6%. En 2011 ese porcentaje ya se había duplicado, alcanzando el 18%. El año pasado ya alcanzaba el 33%. De verdad, ¿a alguien le extraña que Audi quiera vender más modelos SUV? Desde luego así va a hacer más dinero que con los TT, los A3 Cabrio o los RS4. En 2016 se vendieron 622.000 Audi Q-algo.

A medio y largo plazo, si se empieza a poner trabas a la libre circulación de este tipo de coches, pueden converirse en una ruinosa inversión tanto para fabricantes como para los propios clientes. Basta con sumar al desastre precios elevados del petróleo, impuestos al peso, limitaciones para circular y un largo etcétera. La enorme mayoría de los SUV europeos son diésel.

La industria del automóvil reacciona con lentitud ante los cambios, y desde que se quiere un modelo hasta que pisa la calle pasan varios años. Espero que Audi cuente con un plan B, en el caso de que la gente se aburra rápidamente de los SUV y empiece a considerarlos apestados viales. No estoy hablando de algo hipotético ni mucho menos, en EEUU ya hubo una época de declive del SUV muy importante.

De momento hay que explotar la gallina de los huevos de oro e inundar las carreteras de SUV. Luego nos llevaremos las manos a la cabeza como ha pasado con los diésel. Audi no hace nada que no esté haciendo ya su competencia. Otras marcas van camino de imitar la jugada. Se supone que venden diferenciación. Si venden tantos, esa diferenciación se convertirá en un espejismo en el desierto: una ilusión total.

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