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    IndyCarEl GP de Indianápolis no tendrá público en julio, a 50 días de la Indy 500

    Oriol Servia, ante unas gradas habitualmente vacías en los libres de la Indy 500IndyCar Media

    Indianápolis no entrará a tiempo en la fase de reapertura necesaria para acoger el evento del 4 de julio con espectadores.

    La Indy 500 podría pasar de agosto a octubre si no se dan las garantías con la suficiente antelación.

    Road America, nuevo objetivo para el regreso de espectadores.

    Tanto IndyCar como NASCAR confiaban en que el patriótico fin de semana del 4 de julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, supusiese una enorme celebración, en la que la primera colaboración a gran escala entre ambos organismos se sucediese ante un determinado número de espectadores en el Indianapolis Motor Speedway (IMS). No obstante, el segundo evento de IndyCar del año, y el duodécimo de NASCAR desde su regreso, tendrá que disputarse también a puerta cerrada, a solo 50 días de las 500 millas de Indianápolis.

    El Gran Premio de Indianápolis, desplazado de su fecha original del 9 de mayo, está previsto para el sábado 4 de julio, en la versión rutera del circuito, precediendo la carrera de 150 millas de NASCAR Xfinity Series en la misma variante, y un día antes de la habitual prueba de la NASCAR Cup Series, el Brickyard 400, que tendrá lugar el domingo 5 en el óvalo por 27ª vez desde su debut en 1994. Todos esos eventos se celebrarán sin aficionados en las gradas, según han confirmado los responsables del IMS este jueves.

    Esta circunstancia se debe a la mayor precaución con la que se está llevando a cabo en varios estados el avance de la 'reapertura' en sus zonas más pobladas. La Fase 5 del plan del estado de Indiana permite la celebración de eventos deportivos con restricciones, y se espera que la mayoría del estado alcance esa fase precisamente el 4 de julio. Pese a ello, el condado de Marion (donde se ubica Indianápolis) tardó 10 días más que el resto de Indiana en acceder a la Fase 3, en la que se encuentra desde el lunes, y aunque se espera que entre en la Fase 4 el próximo 14 de junio, el margen de maniobra es demasiado estrecho para jugársela a un relajamiento de la prevención.

    La decisión ha llegado también después del anuncio del gobernador Eric Holcomb de ampliar la Emergencia de Salud Pública en Indiana durante 30 días más, hasta ese mismo 4 de julio. «Aunque hemos trabajado con diligencia para disputar nuestros eventos con espectadores, hemos llegado a un punto en el que necesitábamos tomar una decisión final, porque queda menos de un mes para la carrera», ha asegurado Mark Miles, en calidad de jefe ejecutivo y presidente de Penske Entertainment Corp, que controla las operaciones del óvalo desde la compra de Roger Penske el pasado mes de noviembre.

    Esta situación es especialmente preocupante por la relativa cercanía de la prueba respecto al 23 de agosto, la fecha de unas 500 millas de Indianápolis que deberían haberse disputado el 24 de mayo. Pese a que las fases ya no deberían suponer un problema para entonces, habiendo pasado mes y medio entre el GP y la Indy 500, el óvalo necesita vender entradas con la suficiente antelación, y sus responsables ya han avisado en varias ocasiones que contemplan la opción de aplazar la carrera hasta la primera mitad de octubre, si fuese necesario, para garantizar un mínimo de asistencia que haga honor a la legendaria prueba. Disputarlas a puerta cerrada, a día de hoy, no entra en ningún plan.

    Pese a que tanto el Gran Premio como la Brickyard 400 apenas han reunido a unos 50.000 espectadores cada año en el último lustro, y a que la asistencia habría sido especialmente limitada, esta medida es un pequeño golpe para las aspiraciones de IndyCar, que confiaba en que la histórica colaboración contase también con ese extra. En especial, teniendo en cuenta el parón forzoso de un mes tras la disputa de las 300 millas de Texas de éste sábado, debido a la cancelación de la carrera de Richmond y el aplazamiento de Road America.

    Precisamente en este último circuito, Road America, es donde IndyCar pone ahora sus esperanzas para el regreso de los espectadores, días después de haber albergado el regreso de MotoAmerica. El Gran Premio fue desplazado del 21 de junio al fin de semana del 12 de julio precisamente con ese fin, habiéndose convertido en una prueba doble de sábado y domingo como lo serán también Iowa y Laguna Seca, y sus responsables ya trazan planes para distribuir a los posibles espectadores en las amplias instalaciones del trazado de 6.515 metros. NASCAR planea correr ya con espectadores a mediados de este mes en Homestead o Talladega, y lo que ahí ocurra será determinante.

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