La revolución eléctrica podría comenzar... de noche y en las ciudades

La electrificación de los vehículos de reparto en ciudad es una idea llena de ventajas. La esperada revolución eléctrica puede comenzar de noche y en las grandes ciudades. Son muchas las posibilidades que ofrecen este tipo de vehículos de cero emisiones para gestionar entregas de producto en lo que se conoce como «última milla».

Vehículos de reparto

La revolución eléctrica puede producirse en las grandes ciudades y de noche con los vehículos de reparto.

Muchas veces tendemos a pensar en el futuro desde el prisma de una película de Hollywood, donde todo son robots, máquinas ultrainteligentes y efectos especiales con superhéroes. Lo cierto es que el avance tecnológico no se parece en nada a una película de ciencia ficción, y la realidad y la tecnología se fusionan de una manera casi imperceptible, invisible, si no sabemos atisbar las señales adecuadas. Y el futuro ya está aquí, aunque no veamos coches voladores.

Hay detalles que lo indican, el más evidente nuestro propio consumo. Pero si paseas por la calle puedes ver cajas en los contenedores de basura, docenas de bultos de un comercio online apilados de cualquier manera en una mensajería, comercios vacíos, negocios nuevos que abren y cierran a una velocidad nunca antes vista, anuncios en la televisión…

Uno de los grandes retos que trae el auge del comercio electrónico -y créanme, en España aún estamos "empezando"- es cómo gestionar tantas entregas de producto cada día, lo que en el argot se llama la última milla. En los últimos años este fenómenos de servicio de última milla ha llenado las ciudades de nuevos actores, más allá de las furgonetas de reparto: repartidores en bicicleta, autodenominados riders -que mola mucho más que decir mensajero o repartidor-, se han hecho tanto más famosos por sus condiciones laborales que por la tarea que desempeñan.

Vehículo comercial ligero

El mercado de los vehículos comerciales ligeros está en una fase auténticamente boyante.

Quizá porque toda la vida han estado ahí haciendo lo suyo, las furgonetas pasan más desapercibidas, pero lo cierto es que esta aceleración en la compra y servicio en casa está trayendo un fenómeno poco deseado y oculto: cada vez son más numerosas, especialmente  en el centro de las ciudades. El mercado de venta de furgonetas está en una fase auténticamente boyante, con crecimientos en algunos casos que superan los dos dígitos anuales. Los fabricantes de vehículos industriales están felices por ello. Pero sobre el terreno se avecina un problema.  

En un contexto en el que estamos en el inicio de las restricciones de tráfico provocadas por la polución de los automóviles -que se llevan como siempre la culpa de todo, aunque ni mucho menos sea el único culpable-, tenemos cada vez más furgonetas transitando por la ciudad ocupando espacio y moviéndose con motores de combustión, ya que estos vehículos no están todavía maduros tecnológicamente para pasar a nada más allá que moverse con gas -entiéndase, a un precio razonable.

Así que tenemos, por un lado, cada vez más complicaciones para movernos libremente por el centro de la ciudad, y por otro, un aumento inusitado de vehículos térmicos de gran tamaño, que mueven peso, y por ende contaminan bastante más que el coche particular. Una interesante contradicción, ¿verdad?

Motocicleta de reparto eléctrica

Los vehículos 100% eléctricos para el reparto de última milla ofrecen todo un abanico de posibilidades.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un camión de concepto urbano, todavía prototipo pero funcional, pensado para cadenas de supermercado o empresas de servicios urbanos, cuya autonomía declarada es de 180 kilómetros. Según la marca, más que suficiente para su función. Este tipo de vehículos pueden ser muy interesantes para ciertos usos, como por ejemplo el camión de la basura. Desde luego no nos libraríamos del ruido del triturador y los mecanismos a la hora de recoger y devolver el contenedor, pero todos los ruidos de aceleraciones, frenazos y el propio motor diesel rugiendo para alimentar los potentes consumidores eléctricos desaparecerían. Sería una gran mejora, ¿verdad?

Electrificar los vehículos de reparto en ciudad es una idea llena de ventajas. Cuanto peores son las condiciones de tráfico y menor la velocidad media, más eficiente es un vehículo movido por baterías, al contrario que uno térmico. La energía regenerada es mayor. El problema de la autonomía es menor en estas condiciones y sólo nos queda el asunto de la recarga, que no toca aquí.  

No todo necesariamente tienen que ser camiones; al revés: furgonetas pequeñas, scooters e incluso bicicletas con portaobjetos, como ya existen, podrían estar ya perfectamente electrificadas y funcionando en nuestras calles para mayor ayuda y confort de mensajeros y ciclistas que se dedican a repartir. Mejoraría su calidad de vida, y también de la que les rodea. Cuanto más adaptado al uso, y la última milla requiere agilidad, y por ende poco espacio, más conveniente un vehículo eléctrico, y viceversa. Al éxito de los patinetes me remito, o los vehículos pequeños de limpieza o mantenimiento de jardines, que ya ruedan con baterías.

La electrificación y el auge de la competencia y servicios de logística de última milla necesitan nuevos enfoques.

Pero queda un elemento más:

El hecho de que el automóvil eléctrico sea tan silencioso abre la puerta a la logística urbana nocturna: ganaríamos tanto a nivel de contaminación, como de congestión en las grandes ciudades. Una normativa de reparto de 22 horas a 6 de la mañana relacionada con la movilidad eléctrica sería una excelente experiencia piloto. Tan sólo hace falta un poco de imaginación, y no me cabe duda de que en el futuro, igual que todos tenemos nuestro buzón de correos en la escalera, acabaremos teniendo nuestro cajón o minialmacén de comercio online en el edificio. Cada compra sería algo así como recibir una visita de los Reyes Magos al despertar.

Evidentemente esta posibilidad está por explorar, y no es perfecta: seguridad, vandalismo... y de ruido. Que un vehículo sea eléctrico no nos libra de persianas que se abren y cierran, de músicas extemporáneas animando el reparto a horas extemporáneas y otras dificultades que obligarían, de facto, a crear una especie código de comportamiento y, en resumen, una normativa de logística nocturna específica.

Es indudable que la electrificación, y el aumento de la competencia y los servicios en la logística de última milla, necesitan de nuevas formas y modos de enfoque para que no acabe colapsando el propio sistema de movilidad. Y quizá una ampliación del horario podría ser una solución interesante, relacionada con la movilidad eléctrica, y también con la mejora de servicio para el usuario final. Lo que mañana o pasado le llega a una hora indeterminada a su casa o trabajo lo tendría en el cajón de su casa, o de su barrio a primera hora del día siguiente.

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