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Prueba Peugeot 208 1.6 HDI 115, impresiones de conducción. Parte III

Toca conducir en nuestra prueba del Peugeot 208 1.6 HDI 115, espero que el motor turbodiésel más potente que ofrece el modelo esté a la altura de su fama. Además, tengo ganas de comprobar si esas reducidas dismensiones exteriores lo hacen un coche estable o, por el contrario, es muy nervioso en sus reacciones.

Llega el momento de sentarme tras los mandos de nuestro Peugeot 208 1.6 HDI 115. Se trata de la versión más potente de la gama turbodiésel así que afronto esta prueba con la intención de ver el equilibro que la marca ha conseguido entre prestaciones y consumos. Es decir, cuánto más rápido es con respecto a motores más pequeños y si esto le penaliza en exceso en los consumos de combustible.

Las primeras sensaciones que transmite el Peugeot 208 no provienen directamente de su motor, sino de su dirección y puesto de conducción. Como he mencionado en el artículo de diseño interior, el diseño del volante y el salpicadero requiere cierta adaptación tanto por la forma del aro como por la colocación de los relojes.

Otro punto que me llama la atención es el tacto de la dirección. Muy blando a baja velocidad. En un primer momento da la impresión de que puede ser incluso poco preciso, pero no es así, y, además, la dureza de la dirección va subiendo a medida que ganamos velocidad.

Esto lo hace bastante cómodo para moverse en el tráfico urbano y maniobrar (básicamente, su entorno más propicio) y, por otro lado ese efecto de endurecimiento le beneficia mucho a la hora de salir de la ciudad y circular por carreteras y autovías.

Gracias a su anchura y su generosa distancia entre ejes (hay modelos compactos más pequeños en estas cotas) es un coche con un gran aplomo y estabilidad.

De hecho, de los diferentes calibrados que tiene la suspensión en función del motor que pruebas, el de este Peugeot 208 1.6 HDI es el más firme de los turbodiésel. Aunque en ningún caso estaríamos hablando de una suspensión de carácter deportivo, con la incomodidad que ello conlleva. Firme y cómodo, esa es la mejor forma de definir el comportamiento.

También saca buena nota en la frenada, donde se nota el buen hacer de los cuatro frenos de disco (ventilados en el eje delantero), otro de los puntos en los que saca ventaja a sus hermanos menos potentes, que pueden llevar tambores en el tren trasero.

El motor es rápido y llama la atención por lo silencioso que resulta (incluso más que algunos de los bloques de gasolina, como el tricilíndrico de 82 CV). Tiene un pequeño vacío abajo, muy leve, ya que el par máximo está disponible a partir de 1.750 rpm, pero en alguna salidas se nota que le cuesta reaccionar unas décimas de segundo. Pasado ese momento, el coche empuja con brío y ofrece potencia suficiente a cualquier régimen, algo excelente a la hora de adelantar, donde su ligero peso le hace salir disparado con bajar una marcha.

Hablando de la caja de cambios, la manual de seis velocidades es un complemento perfecto para esta mecánica, con recorridos cortos, un buen tacto para la palanca y unas relaciones muy bien escalonadas.

En cuanto a consumos, la marca anuncia 3,8 litros a los 100 kilómetros como cifra media. Es un registro bastante optimista y que solo se puede alcanzar si nos movemos mayormente por carreteras. En lo que sería un uso más 'normal' nos moveremos en unos 5 litros, un valor que no deja de ser interesante teniendo en cuenta las prestaciones del coche, lo que hace que le demos el visto bueno comparado con las versiones menos potentes: este corre bastante más sin penalizar el consumo.

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