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Hamilton: un maestro del engaño

Tercer titulo para un piloto que genera múltiples opiniones a favor y en contra desde que debutara en la Fórmula 1 en 2007. Su pilotaje nunca ha generado excesiva confianza entre los aficionados, que le ven como un piloto talentoso e irregular a partes iguales, además de extravagante fuera de la pista.

25 de noviembre de 2012. La temporada termina en Brasil y Lewis Hamilton se despide de McLaren con un abandono. Uno de los campeonatos más intensos de los últimos años llega a su fin con un triste balance para la estrella británica. Ocho pilotos ganaron aquella temporada, siendo Lewis el que más triunfos consiguió -cuatro- a excepción del campeón: Sebastian Vettel (una victoria más). Y, a pesar de ello, terminó el año con un gris cuarto puesto en la clasificación del mundial a 91 puntos del alemán.

Para la mayor parte de la prensa y la afición, aquel año de Hamilton fue uno más en su hasta entonces irregular carrera deportiva en Fórmula 1, plagada de grandes genialidades salpicadas de errores no forzados. Aquel año el McLaren-Mercedes fue, muy posiblemente, el monoplaza más rápido de la parrilla, o al menos lo suficientemente veloz como para optar a un título que finalmente fue para Vettel con cierta holgura tras una extraordinaria reacción de Red Bull tras el parón veraniego.

Pero la realidad de aquella temporada esconde muchos matices y los dos mejores pilotos fueron, muy posiblemente, Fernando Alonso y sí, Lewis Hamilton. El español rozó lo imposible con un monoplaza errático y lleno de problemas, mientras que el inglés supo mantener la compostura ante un mar de errores en boxes, fallos estratégicos y averías mecánicas. Su pilotaje rozó la perfección y, en un año en el que la gestión de los neumáticos alcanzó niveles muy posiblemente nunca vistos, Lewis desterró su fama de brusco con exhibiciones a la altura del mismísimo Alonso. Aquella temporada, el nuevo Hamilton tomó forma y cambió por completo su forma de competir y afrontar las adversidades, aprendiendo a controlar su impulsividad sin perder un ápice de su determinación y talento.

Pocos daban crédito cuando se confirmó que abandonaba McLaren para unirse a un proyecto que arrojaba múltiples dudas tras tres temporadas de decepciones. Pero, como los grandes campeones suelen hacer, vio algo en el proyecto de Mercedes que le ayudó a dar el paso de abandonar la que había sido su casa desde la niñez y aventurarse a lo desconocido. Supo cambiar en el momento justo para liderar el proyecto que acabaría con la era Red Bull, algo que en aquel momento parecía tan irreal como lo es hoy que la marca de la estrella pueda ser batida por otro equipo.

En 2014 la temporada empezó con ciertos tintes de 2012. Rosberg aprovechando el descomunal dominio del Mercedes mientras Hamilton debía soportar averías e inconvenientes. Desde el principio fue a remolque de Nico, pero no desesperó y, poco a poco, fue reduciendo la ventaja hasta terminar como campeón por segunda vez. Este año no ha dado opción. Terminados los problemas, Hamilton ha dominado a Rosberg con firmeza. Incluso, crueldad. Hizo lo que suelen hacer los grandes pilotos: convertir a su compañero de equipo en un piloto vulgar.

Lewis engaña. Su ritmo de vida es frenético, su aspecto cada vez más histriónico y extravagante. Su carácter es, en ocasiones, desafiante, infantil, sobrado incluso. Pero el Hamilton piloto se ha convertido en un profesional metódico, preciso y genial. Un piloto que, dentro de la pista, sabe qué tiene que hacer, cómo y cuándo.

El pilotaje de Lewis Hamilton está rodeado de ruido, tanto fuera del coche como incluso a través de sus conversaciones por radio con su ingeniero (sabiamente gestionadas por la FOM, que como en el caso de Alonso, publica lo que conviene para crear un personaje). Pero si uno se esfuerza en aislar ese ruido y escuchar sólo lo importante, entonces se da cuenta de que Hamilton toca como los ángeles. ¿Gracias al instrumento que maneja? Claro. Pero, he aquí la clave: ya tocaba así antes de que le regalaran el mejor instrumento de la orquesta. Enhorabuena Mister Hamilton, es usted un digno tricampeón del mundo.

Fotos: Mercedes AMG / McLaren

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