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    China podría abrirse a más capital de fabricantes extranjeros

    Las barreras proteccionistas que tan bien han funcionado en China podrían cambiar. Existe un tope del 50% de inversión para un fabricante extranjero en China, si se eleva el límite, las cosas pueden cambiar radicalmente en ese país, sobre todo para los autóctonos.

    FAW Besturn X80, un SUV chino para chinos

    China es ahora mismo el primer mercado mundial de automóviles, lo que hace solo unos años resultaba impensable. El país asiático se empezó a abrir al capital extranjero, partiendo desde el comunismo maoísta, pero con una serie de condiciones. Casi todos los fabricantes han pasado por el aro, menos los más exclusivos.

    Actualmente, si un fabricante no chino quiere vender en ese país, tiene dos opciones: importar y que sus coches paguen aranceles (más precio), o fabricarlos en el país para ofrecer mejores precios. Si elige eso último, no saldrá gratis. China ha sabido proteger a su industria.

    No solo el extranjero se tiene que asociar con un fabricante chino, además deben formar una sociedad conjunta en la que no se puede tener más de la mitad de las acciones, y se tienen que compartir conocimientos y técnicas fabriles con el socio local. Eso, a medio plazo, es un suicidio industrial. Marcas como Rolls-Royce o Ferrari no se lo plantean, sus clientes pagan lo que haga falta, como si es el triple que en Reino Unido.

    Mediante esa estrategia, los chinos han conseguido que casi todos los fabricantes generalistas de Europa, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur se hayan establecido en su territorio, potenciando a fabricantes locales, que han evitado su desaparición por no poder ser competitivos.

    Los fabricantes chinos, salvo escasas excepciones, solo pueden competir en precio, pero no en calidad. Existen centenares de marcas domésticas que ofrecen coches que dejan mucho que desear a nada que pasa un poco el tiempo, o se utilizan. Es normal, hace 10, 15 o 20 años no tenían ni idea, y no tenían competidores tan bien hechos.

    Japón, en su día, pasó de no fabricar apenas coches, a convertirse en primer fabricante mundial. Para ello hubo que aprender mucho, pero también realizar una campaña de espionaje industrial que quita el hipo. En China se ha tirado mucho del copia y pega, hay casos realmente escandalosos. A veces, hasta los tribunales quitan la razón a los legítimos dueños de la propiedad intelectual e industrial.

    Los sedanes de batalla larga se han convertido en un producto muy exitoso en ese mercado (y en ningún otro)

    El Gobierno de China estudia levantar el límite del 50% de participación en las joint-venture, lo que permitiría a los extranjeros tener una mayor propiedad de las sociedades, o poder implantarse por su cuenta. Eso puede mandar al ostracismo a la mayoría de fabricantes chinos, porque muchos dejarían de ser necesarios. Permanecerán los más fuertes.

    En teoría es lo mejor para el consumidor, que permanezcan los más eficientes en el negocio. La patronal de fabricantes china, la CAMA, ve un futuro muy negro para sus miembros si eso llega a ocurrir. En los últimos años han dejado de perder terreno frente a los occidentales por el freno en la economía doméstica, y los clientes vuelven a buscar el más barato antes que el mejor producto. El bolsillo manda.

    La política actual ha conseguido que China sea también uno de los principales fabricantes de coches del mundo, ya que solo para atender a su mercado interno hay que producir casi 25 millones de unidades al año. Estados Unidos está en segundo puesto, donde "solo" se han vendido 17,2 millones el año pasado. Hagámonos a la idea del tamaño de la cifra.

    Hace tiempo se fabricaban hasta modelos descatalogados y obsoletos, pero ahora se mima al cliente chino con productos a medida si es necesario

    China, de comunista, tiene ya poco

    A raíz de la llegada al poder de Deng Xiao Ping, en 1979, llegaron una serie de reformas para modernizar el país, que se había estancado en el modelo maoísta (de inspiración comunista). Se llegó a la conclusión de que había que atraer capital extranjero, lo cual se ha conseguido con creces.

    Empezaron teniendo zonas económicas especiales, como la de Shenzhen, donde el dinero extranjero se recibía con los brazos abiertos, en una transición del comunismo a la economía capitalista. El sistema se acabó trasladando al país entero cuando se vio que funcionaba. Democracia y libertades no tendrán, pero el capitalismo funciona a toda máquina por allí.

    Las primeras joint-venture automovilísticas datan de hace 30 años, pero empezaron a popularizarse fuertemente hace poco tiempo, según creció el mercado. Ahora mismo pocos fabricantes generalistas o Premium carecen de fábricas en suelo chino. Hasta que el dragón asiático no se canse, es una máquina de producir dinero.

    Fuente: Bloomberg