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    Conducción autónoma sí, conducción autónoma no, he aquí la cuestión

    En un mundo donde la tendencia general viene marca por la automatización absoluta, el sector del automóvil se encuentra dividido ante esta disyuntiva. Éstas son las realidades y complejidades que entraña la conducción autónoma, una duda que marcará el devenir del sector.

    Pocos podían imaginar hace más de 100 años, cuando los primeros automóviles llegaron a este mundo, que llegaría el día en que estos circularan sin conductor. Muchas han sido las películas de Hollywood que nos han hablado del tema, pero esta tecnología ha tardado en llegar a la vida real. Aunque como siempre pasa con el mundo del automovilismo, cuando algo llega, llega arrasando. Y ésta es la disputa a la que se enfrenta el segmento, conducción autónoma sí, conducción autónoma no, he aquí la cuestión.

    Lo que no hace muchos años era ciencia ficción hoy es una realidad

    Pensamos que los dispositivos autónomos son cosa del presente, pero nada más lejos de la realidad. El control de crucero es una buena muestra de ello, pues se tienen conocimientos de su existencia desde la era de las máquinas de vapor, pero no fue hasta finales de la década de 1950 cuando un coche lo incorporó por primera vez, el Chrysler Imperial. Éste presentaba un sistema primo lejano del actual, que se basa en la electrónica y que fue estrenado por primera vez en el Mercedes Clase S.

    Es una pequeña muestra de lo que un coche es capaz de hacer por sí mismo, pero ¿es éste realmente consciente de todo lo que le rodea? Todo parece indicar que sí, que incluso más que nosotros. A día de hoy es muy habitual encontrarse con cámaras, sensores y láseres en los coches. Estos, combinados, son capaces de llegar a operar a un ritmo muy superior al nuestro, leyendo las líneas de las carreteras, las señales de tráfico, los coches que nos preceden y dejamos atrás...todo.

    Pero como es lógico una máquina tiene un límite de seguridad mucho más elevado que el nuestro. Seguro que la mayoría de vosotros ha conducido o montado en un coche con el ACC (Adaptative Cruise Control). Éste representa la evolución natural de ese primer control de velocidad que antes mencionábamos. Mediante las cámaras y los láseres el coche no solo es capaz de mantener una velocidad constante, sino que también es capaz de gestionar la distancia que nos separa con el coche precedente.

    Aunque el sistema permite regular los límites, es innegable darse cuenta que no arriesga en absoluto. Si circulamos por una vía altamente transitada nos damos percatamos que el ACC tiende a volverse loco con bastante frecuencia, dado que los demás coches se cruzan y se producen frenazos. Ante esto, la actitud del ACC puede llegar a desesperar. Aún así marcas como Mercedes o BMW ya implantan el sistema de conducción en atascos, y a decir verdad estos realmente funcionan.

    Esta es la idea que Mercedes tiene sobre la conducción autónoma, el F 015

    Los expertos dictan que antes de acabar la década la conducción autónoma será una realidad. De hecho ya vemos que marcas como Audi se encuentran muy metidas en el campo, como con el Audi Prologue Piloted Concept, o Volvo con el sistema Drive Me. De hecho se ha establecido una especie de guerra entre marcas por sacar el coche más tecnológicamente avanzado del mundo. Sirva como ejemplo los casos del nuevo BMW Serie y el Mercedes Clase E 2016 que ya nos ha dado muestras de lo que realmente será capaz de hacer.

    A éste respecto hay otro problema. La tecnología bien usada es de gran ayuda, es cómoda, es eficiente y es segura, pero la tecnología mal usada es lo totalmente opuesto. Me explico: ahora mismo los coches disponen de tal cantidad de dispositivos y tecnología que pueden llegar a asustar, y lo peor de todo a distraer. Estos ya clonan nuestros teléfonos móviles, nos leen los mensajes, nos indican la ruta, cuando podemos o no podemos adelantar... En muchas ocasiones la sobreinformación es incluso peor que la desinformación, y la manera en la que se gestiona por parte del ser humano es esencial.

    En pocos años hemos pasado de ser objetos multifuncionales, a simples y meros espectadores. Generaciones enteras han vivido este boom tecnológico, y aunque la inmensa mayoría la gestiona bien, siempre habrá alguien que no lo haga. Con esto quiero decir que la conducción autónoma debe ser introducida de una manera paulatina, de una manera en la que el ser humano no pierda el contacto con la conducción, y que siga siendo él el que se encargue en última instancia de realizar las maniobras, aunque siempre bajo la supervisión de la máquina.

    Ahora bien, si nos fijamos, todos los sistemas que presentan los coches actualmente son más bien de asistencia a la conducción, como los radares de proximidad, los detectores de ángulo muerto, los dispositivos de aparcamiento remoto...todos ellos se centran en ayudar al conductor a lograr una mejor experiencia de conducción y a facilitar la vida a bordo además de incrementar la seguridad. Sin embargo el segmento se ha marcado una serie de etapas que concluirán con la autonomía completa de los coches.

    Los coches serán capaces de leer todo lo que le rodea, y actuar en consonancia con ello

    Aunque pensemos que los fabricantes de coches son los principales valedores de esta tecnología, la verdad es que muchas empresas ajenas al mundo del motor se han lanzado al desarrollo de coches autónomos. La más conocida es Google. El gigante informático ha mostrado en multitud de ocasiones lo avanzado de su desarrollo, aunque esto no ha evitado que sufrieran algún que otro accidente, bien es cierto que debemos reconocer que en la mayoría de casos el causante fue el ser humano.

    ¿Hacia dónde deriva la conducción autónoma?

    Pues está claro que hacia la completa anulación del ser humano como conductor. Muchos expertos consideran que esto será así en unos 20 años. El hombre se convertirá en un mero espectador, un objeto más que es transportado del punto A al punto B sin que su condición humana influya en el viaje. De hecho cada día más marcas se lanzan a presentar vehículos donde no existe volante, palanca de cambios e incluso asientos, como el Mercedes F 015, que más que un coche podemos denominarlo como una sala de estar con ruedas.

    Sin embargo un problema cierne sobre el plan autónomo fijado por las marcas: la viabilidad de coexistencia entre los coches autónomos y los coches convencionales. Es imposible que el 2035 todos los coches que circulen en el mundo lo hagan sin conductor. Por lo tanto existe la duda de cómo se comportarán éstos frente a los seres humanos. En mi opinión es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el vehículo autopilotado, no el desarrollo de la tecnología, que ya vemos que será posible y que de hecho ya se están implantando.

    Solo el tiempo dictaminará sentencia. La tendencia y la idea están claras, pero no así su implantación en un mundo cada vez más congestionado. En mi humilde consideración creo que el humano no debe perder contacto con la realidad que lo rodea, porque por muy fiable que sea la tecnología, ésta siempre puede fallar, lo hará menos que nosotros, pero aún así seguro que ocurrirá, la navaja de ockham no falla. ¿Y vosotros que pensáis? ¿Conducción autónoma sí, conducción autónoma no?

    Las pautas a seguir para la completa introducción del coche autónomo