La DGT lo intenta todo para reducir la lista de espera, excepto contratar más personal: ahora, exámenes los fines de semana

La Dirección General de Tráfico pone en marcha jornadas extraordinarias de exámenes prácticos en días y horarios no habituales para aliviar un colapso que afecta a decenas de miles de aspirantes en toda España. El sector aplaude, aunque advierte de que solo más examinadores resolverán el problema de fondo.

La DGT lo intenta todo para reducir la lista de espera, excepto contratar más personal: ahora, exámenes los fines de semana
Vehículos de autoescuela esperan su turno para realizar un examen

Publicado: 18/05/2026 19:00

8 min. lectura

La Dirección General de Tráfico (DGT) ha comenzado a mover ficha ante uno de los problemas más persistentes que arrastra el sistema de obtención del permiso de conducir en España: la falta de examinadores y las interminables listas de espera.

Pero la solución que ha encontrado no es contratar más examinadores, pues lo que hará es ampliar el calendario a tardes y sábados mediante jornadas extraordinarias. Los resultados son positivos pero insuficientes, como ha quedado demostrado en Lleida, donde la DGT concentró 300 exámenes prácticos en un único sábado y, aun así, la provincia sigue acumulando más de 4.000 aspirantes pendientes de examinarse.

15 examinadores, 300 pruebas, un solo día

La jornada leridana es el mejor termómetro de hasta dónde puede llegar el esfuerzo extraordinario y de dónde está su techo. Las pruebas se repartieron entre dos puntos de la ciudad —Neoparc y Til·lers— elegidos por su bajo tráfico, para evitar la congestión circulatoria que habría generado una convocatoria tan inusualmente intensa en otros barrios. En total, trabajaron 15 examinadores, cada uno con 20 pruebas asignadas.

La comparación con un día laborable normal habla por sí misma: en condiciones ordinarias operan cuatro funcionarios y cada uno realiza 12 exámenes, lo que arroja un total de 48 pruebas diarias. La jornada del sábado multiplicó por más de seis esa capacidad. Y aun así no fue suficiente para liquidar una lista que llegó a rozar los 5000 aspirantes y que, tras el esfuerzo, sigue por encima de los 4000.

Entre los alumnos que se examinaron ese día estaba Nare Jied, de 19 años y vecino de Mollerussa. «He tenido que esperar mucho para examinarme, cerca de cinco meses», explicó. También acudió Nil Solé, de 18 años y vecino de Bellvís, que aprobó el teórico con 17 y tuvo que esperar a cumplir la mayoría de edad el día 6 de mayo para poder examinarse del práctico. «Cuando la profesora me dijo que ya podía hacerlo, me lancé, porque solo he hecho ocho o nueve prácticas», señaló.

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La centralización de todos los exámenes en la capital provincial generó también críticas entre alumnos de municipios alejados: aspirantes de localidades como Solsona tuvieron que desplazarse alrededor de hora y media para poder examinarse.

En algunos lugares de España la espera para el examen práctico puede superar los seis meses.

El balance del sector: bien, pero mejorable

Raül Viladrich, presidente de la Federació d'Autoescoles de Catalunya, se mostró favorable a la experiencia, aunque con matices. «Se podría haber hecho mejor, pero bienvenidas sean todas las ideas para aliviar este tapón. La jornada se ha desarrollado con normalidad, bien organizada y con las escuelas examinando. Nada que objetar», apuntó.

A este respecto, la DGT ha confirmado que extenderá la experiencia a otras ciudades españolas. Y la primera en sumarse será Andalucía: a partir del próximo 30 de mayo, la comunidad comenzará a realizar exámenes prácticos en sábado y en horario de tarde. Almería será la primera provincia andaluza en implementar el cambio, mientras se valora su extensión a otras jefaturas. Las más saturadas de la región son Córdoba, Almería, Cádiz y Málaga, donde conseguir cita puede retrasarse durante varios meses.

Por otro lado, no es la primera vez que la DGT recurre a esta fórmula. En Baleares, los exámenes en turno de tarde ya se han combinado con la llegada de nuevos examinadores a las islas como medida de refuerzo. Y en Valencia, la jefatura provincial cuenta desde hace tiempo con una autorización extraordinaria para pruebas vespertinas.

Un problema estructural que no tiene solución rápida

Más allá de los sábados y las tardes, el diagnóstico de fondo es bien conocido. La plantilla de la DGT cuenta con unos 900 examinadores para todo el país, una cifra calculada cuando España tenía 40 millones de habitantes y que resulta claramente insuficiente para los más de 50 millones actuales.

Según las estimaciones del sector, harían falta al menos 1260 profesionales para cubrir la demanda real. Además, desde hace unos años el número máximo de pruebas por examinador se ha reducido de 16 a 12 al día: una mejora en condiciones laborales promovida por la Unión Europea que, sin embargo, ha recortado un 25 % la capacidad operativa del sistema.

La espera media nacional en 2026 ronda los tres meses desde que se aprueba el teórico, aunque las diferencias por provincia son abismales: en Madrid se supera dicha cifra; en Barcelona puede alcanzar los cuatro o seis; en Valencia, la situación es especialmente crítica, con más de 45.000 personas en lista de espera.

Hay que decir que la DGT no ha estado del todo inactiva en el plano estructural. En septiembre de 2025, 101 nuevos examinadores se incorporaron a 46 jefaturas provinciales de toda España tras superar la oposición y el curso formativo correspondiente. Las oposiciones convocadas en diciembre de 2025 añadirán otras 100 plazas de acceso libre y 48 de promoción interna, más 140 interinos de refuerzo temporal. Pero el sector advierte: esos nuevos examinadores no serán operativos hasta bien entrado 2026, con lo que las provincias más saturadas seguirán bajo presión durante meses.

La DGT no escatima en radares, pero sí en examinadores.

La Confederación Nacional de Autoescuelas lleva años calificando el problema de «endémico» y ha cerrado en la última década 1407 autoescuelas en toda España por la presión del sistema. Su propuesta pasa por un modelo mixto público-privado, similar al de Portugal, donde examinadores privados complementan a los funcionarios.

Y lo cierto es que el caso de Lleida resume con precisión el callejón en el que se encuentra la DGT: multiplicar por seis la capacidad de examen en un solo día y no lograr liquidar ni una quinta parte de la lista pendiente. Un parche que apenas permite aliviar de forma testimonial el problema.

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