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    Amores de juventud: el Ford Sierra RS Cosworth

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    El Ford Sierra RS Cosworth contaba con muchos atributos para encandilar a los aficionados de los 80.

    Como muchos deportivos «generalistas» de los años 80 y 90, el Sierra RS Cosworth nació fruto de los deseos de competir al más alto nivel de su fabricante.

    Ford contó con la colaboración del que probablemente era el mejor motorista de la época: Cosworth, diseñando una espectacular carrocería alrededor de un brillante propulsor.

    El Ford Sierra se presentó en el British International Motor Show de Birmingham en 1982 como sucesor del Taunus y el Cortina. Se trataba de una carrocería tipo liftback de tres puertas que pronto comenzó a ser un éxito de ventas.

    Pero Ford, que había tenido mucho éxito en la competición años atrás, quería volver a lo más alto y eligió el Grupo A del Mundial de Rallies para ello. La normativa exigía que la versión utilizada para competir tuviera una producción mínima de 5.000 unidades, por lo que la marca estadounidense comenzó a moverse para dar forma al proyecto.

    Cosworth

    Stuart Turner, quien estaba al frente de la filial europea de Ford, buscó a Walter Hayes como aliado, pues no en vano este había estado involucrado en el exitoso proyecto del Ford GT40 de los años 60, así como en el que dio vida al propulsor más exitoso de la historia de la Fórmula 1: el Cosworth DFV.

    Además, Cosworth llevaba años colaborando con Ford, por lo que la petición de construir un motor específico para el Sierra destinado a la competición era obvia. Las circunstancias quisieron que la empresa fundada por Mike Costin y Keith Duckworth ya estuviera desarrollando un motor basado en el bloque T88 de Ford (popularmente llamado Pinto) y que habían denominado YAA.

    Turner y Hayes le pidieron a Cosworth que les suministrara un motor turbo de al menos 180 CV para la versión de calle, pero la firma británica impuso una potencia de 204 CV y al menos 15.000 unidades, una cifra muy superior a la mínima exigible para la homologación deportiva del vehículo.

    El resultado de todo ello fue un bloque de fundición de cuatro cilindros en línea y 1.993 cc, cuatro válvulas por cilindro, doble árbol de levas en culata, pistones Mahle de aluminio forjado, válvulas de escape refrigeradas por sodio, inyección electrónica Weber Marelli y turbo Garrett T3 refrigerado por agua, entre otras muchas características.

    En resumen, uno de los motores más avanzados de la época que rendía 204 CV a 6.000 rpm, pero que era capaz de proporcionar el 80% de los 275,6 Nm de par desde sólo 2.300 rpm. La velocidad máxima era de 242 km/h, acelerando de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos.

    Nace el Sierra RS Cosworth

    Así las cosas, Ford comenzó el desarrollo de la que sería su nueva punta de lanza a partir del bastidor del XR4i, pues este contaba con la base más ligera y rígida de la gama. Tal y como dejan claro sus musculosas y exageradas líneas, la carrocería fue intensamente trabajada en el túnel de viento para proporcionar el mayor agarre posible en las curvas.

    El resultado final era mucho más que un motor y fue visto por primera vez en el Salón de Ginebra de 1985, momento en el que el Sierra RS Cosworth ingresó en el selecto grupo de berlinas capaces de superar los 240 km/h.

    Vídeo promocional de la versión de cuatro puertas, la Sapphire, en 1988.

    Con rivales a nivel prestacional como BMW, Mercedes, Porsche o Saab, Ford puso en liza un vehículo que era sensiblemente más barato, pues se mantenía por debajo de los cuatro millones de pesetas frente a los más de cinco y seis de sus oponentes. Las primeras unidades fabricadas para cumplir con la homologación deportiva se vendieron con celeridad, por lo que Ford optó por pasar a comercializar la versión de cuatro puertas, denominada Sapphire y presentada en 1988, para cumplir así con el cupo mínimo de 15.000 unidades impuesto por Cosworth para los motores.

    El brillante motor británico, junto con los frenos de disco ventilados de 283 mm delante y 273 mm detrás con ABS de serie, más las suspensiones independientes en las cuatro ruedas, ofrecían un alto rendimiento que pronto permitió al Sierra RS Cosworth ganar una bien merecida fama.

    Cierto es que contaba con tres principales puntos negativos. Por un lado el ruido de su escape era exagerado y llegaba a niveles estridentes con el acelerador pisado a fondo. Por otro, la transmisión era lenta en su accionamiento para un vehículo de estas características, aunque con una relación de cambio excelente. Finalmente, el interior no era muy distante del Sierra convencional, por lo que la imagen deportiva exterior no se correspondía con un habitáculo mucho más sobrio a través del cual podía verse el descomunal alerón trasero.

    En lo que respecta al comportamiento dinámico, la tracción trasera era guiada por una dirección asistida variable de tacto ligero. La frenada era precisa y eficaz, entrando en funcionamiento el ABS sólo en los momentos en los que era realmente necesario.

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    El Sierra RS Cosworth tenía tendencia ligeramente subviradora en la entrada de las curvas (especialmente en terreno irregular a consecuencia de un tarado de suspensiones delanteras y neumáticos muy de circuito) y sobreviradora si se abusaba del gas a la salida, característica invariablemente unida a su tracción trasera. Pero, cuando se circulaba sin pretensiones claramente deportivas y sobre buen asfalto, su comportamiento equilibrado era una delicia que permitía olvidarse del velocímetro y, simplemente, disfrutar de la conducción.

    Alta rumorosidad aparte, el interior del Sierra RS Cosworth era cómodo y amplio, con un maletero suficiente y, eso sí, una visibilidad posterior reducida a consecuencia principalmente de su alerón trasero. El equipamiento no era despreciable tampoco, con elementos como los asientos Recaro, los elevalunas y retrovisores eléctricos, el cierre centralizado y el techo solar colocándolo como un modelo propio de un nivel superior.

    El interior del RS Cosworth era sobrio, pero cómodo.

    En 1990, el Sierra incorporó el elemento cuya ausencia previa había marcado su discreta carrera deportiva: la tracción integral. El 4x4 vio incrementada su potencia hasta los 220 CV y se convirtió en un buen rival para los Lancia Delta Integrale o Toyota Celica Turbo de la época que tanto nos enamoraban. Un coche espectacular, fácil de conducir y con un motor potente, suave y de consumo contenido. Dotado de un bastidor equilibrado, frenos eficaces y un interior cómodo. Así era el mítico Ford Sierra RS Cosworth.

    Competición

    Tanto el Sierra RS Cosworth como la edición limitada RS500 para el mercado británico, tuvieron un notable bagaje deportivo a lo largo de su historia, aunque en la mayoría de los casos en diferentes campeonatos de circuitos.

    La ausencia de la tracción integral lastró en exceso al Sierra en los rallies de superficie deslizante, obteniendo únicamente una victoria mundialista en el Rally de Córcega de 1988 (sobre asfalto) con Didier Auriol y Bernard Occelli. En campeonatos nacionales sí obtuvo victorias relevantes con asiduidad a finales de los 80 en manos de pilotos como Jimmy McRae o Carlos Sainz.

    El Ford Sierra RS Cosworth de rallies era espectacular gracias a su tracción trasera.

    En circuitos, el Sierra RS se impuso en campeonatos tan variados como los campeonatos de turismos australiano, japonés, británico y neozelandés, el DTM, las AMSCAR Series, el australiano de resistencia o las Nissan Mobil 500 Series.

    CARACTERÍSTICAS GENERALES

    La variante de cuatro puertas, denominada Sapphire, fue el modelo más fabricado de la gama RS Cosworth.

    ESPECIFICACIONES TÉCNICAS

    Amores de juventud: el Ford Sierra RS Cosworth