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La industria alemana del motor busca la redención con el coche eléctrico

Los atributos que exigen los alemanes a los coches de producción nacional están cambiando, aunque aún no se hayan tocado las autopistas sin límite de velocidad. La industria alemana del motor tiene que mejorar una imagen que ha empeorado por el Dieselgate y el auge de los SUV.

Alemania vive momentos de controversia en lo relativo a su industria automovilística. Durante años los fabricantes se han preocupado de proteger a su poderosa industria, la que vio nacer al automóvil moderno. Ya no se puede decir tal cosa, porque la clase política está cambiando sus prioridades.

Acabado ya el Salón de Frankfurt, es momento de reflexionar. Aunque la industria alemana promete mucho para la próxima década en lo relativo a electromovilidad, lo cierto es que actualmente produce muchos SUV, y están granjeándose cada vez más animadversión.

Los manifestantes acusan a la industria alemana de no hacer lo suficiente

La portada de Der Spiegel del 14 de septiembre muestra un Porsche Cayenne con el siguiente titular: "Nuestra contribución a la protección del medio ambiente". Debajo se puede leer: "Maldito, pero deseado: el SUV - símbolo de la doble moral alemana". Es un ataque directo a una de las vacas sagradas del país y una de sus principales fuentes de ingresos.

Los fabricantes alemanes han tenido un papel muy importante en la popularización -por decirlo de alguna forma- de los SUV de alta gama en nuestro continente: Porsche Cayenne, Volkswagen Touareg, BMW X5 o Mercedes-Benz ML son claros ejemplos. Desde su aparición en el mercado, llevan ya tres generaciones, unos 20 años de media.

Obviamente, también se han encargado de vender modelos de tamaño y precio inferiores, como Tiguan, Macan, X3/X4, GLK/Clase GLC... El papel de Opel ya no se puede considerar "alemán" (está bajo control francés), pero su aportación al segmento SUV es igualmente relevante con los Mokka, Crossland y Grandland.

La industria alemana lleva la segunda mitad de esta década siendo objeto de pocas simpatías por el colectivo ecologista: las emisiones de CO2 de estos fabricantes son de las más altas de la industria por vehículo vendido, por no hablar de la contribución al Dieselgate y directivos en proceso de juicio o detenidos.

Ahora mismo no sería responsable por parte de estos fabricantes, al menos desde el punto de vista económico, el renunciar a vehículos tan rentables, dado el evidente sobreprecio que tienen. Por otro lado, su venta hace prácticamente imposible cumplir con los objetivos de Bruselas para 2021, lo que se traducirá en multas.

Los beneficios de este tipo de vehículos se van a tener que exprimir al máximo para sacar adelante una nueva generación de vehículos, fundamentalmente eléctricos, que cumplan con el mantra de vehículos limpios, seguros y silenciosos.

Esta industria mueve más de 800.000 empleos en Alemania, el primer fabricante europeo

El movimiento ecologista y la juventud están metiendo caña a una industria que aumenta su desafección. Por ejemplo, la edad media de un comprador alemán de coche nuevo es de 53 años, y acaba de subir, por lo que no se están renovando los clientes a nivel demográfico. ¿Falta de interés del nuevo público o que no existen los productos que piden?

Los jóvenes, esos que ahora son niños, adolescentes, o que acaban de incorporarse al mundo laboral, cuando puedan, querrán comprarse coches eléctricos, o no tener coche propio. A futuro, el modelo de negocio tradicional que han tenido basado en tamaño, potencia y prestaciones no está garantizado.

La VDA, que representa a la industria, tiene una imagen más negativa. Bernhard Mattes, su presidente, dimitió recientemente

Esta industria debe redimirse de sus pecados y dejar atrás la época de los excesos, como cuando los directivos de GM, Ford y Chysler volaron en aviones privados a Washington D.C. para pedir ayuda al Gobierno de Estados Unidos antes de entrar en bancarrota.

Volkswagen parece que va en la dirección correcta con unos ambiciosos planes de electrificación basados en sus plataformas modulares para vehículos eléctricos. BMW y Daimler también han tomado buena nota de ello, y ahora el Gobierno de Alemania ha puesto grandes objetivos sobre la mesa para volverse más ecológicos.

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