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    La historia del Lancia Beta MontecarloAmores de juventud: el Lancia Beta Montecarlo

    Amores de juventud: el Lancia Beta Montecarlo
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    El Lancia Beta Montecarlo, uno de los grandes de la marca italiana.
    David Plaza
    David Plaza8 min. lectura

    El Montecarlo es uno de los mejores coches construidos por Lancia y eso es mucho decir, pues hablamos de una marca mítica que nos regaló mitos como el Delta, el Stratos, el Fulvia o el 037, sucesor de nuestro protagonista.

    Lancia ha sido una de las marcas más relevantes del mundo del automóvil, tanto a nivel comercial como deportivo, del siglo XX. Sin embargo, en los últimos tiempos su actividad se reduce a vender un utilitario, el Ypsilon, en Italia.

    Está claro, en el caso de Lancia cualquier tiempo pasado fue mejor y eso es gracias a grandes joyas sobre ruedas como el Delta o el 037, de los cuáles hemos hablado con anterioridad en esta sección destinada a recordar aquellos coches que se convirtieron en nuestros Amores de juventud.

    Pero también gracias a otros modelos previos a estos dos, como es el caso del Lancia Beta Montecarlo, que sirvió de inspiración para crear el mencionado 037 de la década de los 80.

    FIAT toma la decisión de encomendar el proyecto de este biplaza a Lancia, marca de lujo adquirida unos años antes

    Por tanto, los orígenes del Beta Montecarlo se remontan a unos años antes, concretamente a finales de los 60. En ese momento, FIAT inició el proyecto X 1/9, embrión al que en general se atribuye el nacimiento posterior del Montecarlo. Otras teorías, sin embargo, sugieren que se trataba de un proyecto independiente de Pininfarina con el nombre de X1/8/20.

    Sea como fuere, a finales de la década de los años 60, los roadsters convencionales de FIAT (el 860 y el 124) comienzan a perder fuelle en el mercado y la marca italiana busca crear un nuevo modelo biplaza. Pero con el comienzo de los años 70, FIAT decide derivar el proyecto a Abarth a consecuencia de la inestabilidad del mercado, algo que termina de confirmarse con el inicio de la crisis del petróleo a consecuencia de la guerra desencadenada entre Egipto e Israel.

    FIAT toma la decisión de encomendar el proyecto de este biplaza a Lancia, marca de lujo adquirida unos años antes. Así nace el Beta Montecarlo en 1975, siendo presentado en el Salón de Ginebra con el Beta convencional de tracción delantera como teórico punto de partida y rememorando los éxitos de la marca en el Rally de Montecarlo con el Fulvia y el Stratos.

    Un coche caro y exclusivo

    El Beta Montecarlo salió al mercado con un precio de algo menos de 30.000 francos suizos (4,5 millones de pesetas), por lo que no es de extrañar que sus cifras de ventas fueran bastantes modestas en una época en la que era muy complicado encontrar clientes para este tipo de coches.

    Las dos versiones puestas a la venta, la coupé y la descapotable, sumaron poco menos de 4000 unidades vendidas en los primeros cuatro años, lo que también contribuyó posteriormente a convertirlo en un coche clásico exótico y muy apreciado.

    Así es un Lancia Beta Montecarlo al detalle, por dentro y por fuera.

    Ya en 1979, Lancia renombró el coche como Lancia Montecarlo, a secas, produciéndolo hasta 1982, momento en el que finalmente dijo adiós. En total, sumando la variante Scorpion comercializada en Estados Unidos, se vendieron un total de 7576 unidades.

    Al volante del Beta Montecarlo

    Una de las principales características del Beta Montecarlo era la disposición de su motor central transversal inclinado 20 grados hacia atrás. Además, la configuración de las suspensiones era típica de los coches deportivos de la época: brazos de dirección transversales y bielas de empuje delante, además de brazos de dirección transversales triangulares detrás.

    Esto le confería al Beta Montecarlo un comportamiento dinámico sobresaliente, si bien el motor no empujaba todo lo que se esperaba en un vehículo de este tipo. El propulsor era de origen FIAT y ya se montaba en los 132 y 131. Con una cilindrada de 2 litros, 120 CV y carburador Weber de doble cuerpo, cuentan las crónicas de la época que su aceleración no era nada destacable a pesar de su escaso peso de poco más de 1000 kg.

    En el interior, el espacio era suficiente para dos personas y la visibilidad era excelente, si bien la sonoridad no era propicia para cualquiera, pues el motor se hacía notar de manera muy evidente a la espalda de los ocupantes.

    Con unos asientos cómodos y aterciopelados y una dirección rápida, el conductor no tenía excusas para sacarle partido a la caja de cambios muy bien puesta a punto y de gran precisión, aunque los frenos sí se quedaban algo escasos para ritmos alegres en carreteras reviradas.

    El Beta Montecarlo era un coche de comportamiento neutro y muy placentero al volante, pero que buscaba un tipo de propietario muy concreto, dispuesto a mirar para otro lado en ciertos aspectos como el rendimiento del motor o la rumorosidad del habitáculo.

    El Beta Montecarlo en competición

    Uno de los modelos más impresionantes de la competición fue el Lancia Beta Montecarlo Turbo, desarrollado bajo la normativa del Grupo 5 para circuitos.

    A sus enormes alerones y spoilers se le unió un motor turboalimentado de 1,5 litros y 473 CV que acabó dando como resultado la victoria en el Mundial de Resistencia de 1980 y 1981. Poco después, con la llegada del reglamento Grupo B a los rallies, Lancia decidió volver con el Lancia 037, derivado del Beta Montecarlo.

    Un Lancia Beta Montecarlo Turbo en Monza, toda una delicia.

    CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS

    El interior del Lancia Beta Montecarlo.

    No te pierdas el resto de clásicos recordados en nuestra sección, Amores de juventud.

    Fotos: wheelsage.org

    Amores de juventud: el Lancia Beta Montecarlo