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    Mecánicos a domicilio, un potencial nicho de negocio

    No es imprescindible que el cliente esté personalmente en el tallerSchaeffler Automotive

    El temor al contacto humano ha hecho emerger un tipo de servicio a domicilio, el de la reparación, mantenimiento y revisión de vehículos. Los profesionales se desplazan al domicilio para hacerse cargo del vehículo, en algunos casos sin necesidad de moverlo.

    La pandemia del coronavirus en 2020 está dando lugar a algunas nuevas oportunidades de ganar dinero, o al menos de no perderlo tan rápido, incluso en el sector del mantenimiento de vehículos. Una de estas oportunidades es la del «mecánico a domicilio». Y nada tiene de nuevo.

    Hace 90 años ya había talleres que ofrecían un servicio similar en Estados Unidos. Para evitar tener que mover a un mecánico y un chófer para mover vehículos al taller, Indian creó la Dispatch-Tow, una moto de tres ruedas -triciclo- que llevaba a un conductor a recoger el vehículo, y esta se llevaba remolcada hasta el taller con un enganche especial al paragolpes. Y viceversa.

    En 2020 las soluciones tecnológicas han evolucionado y hay servicios de mecánica sin contacto en los que los profesionales se ocupan de todo: recogida del vehículo, intervención, devolución y desinfección para mayor confianza. La legislación en España no permite mucho más.

    Legalmente hablando, estos servicios fuera de talleres autorizados se consideran actividad de asistencia mecánica o eléctrica en carretera, que puede realizarse si es un servicio de un taller (debe existir como tal), bien por sus propios medios o con terceros que lo faciliten (empresas de grúa, por ejemplo).

    No obstante, en España está prohibido intervenir en vehículos en la vía pública salvo unas pocas excepciones, como sería un cambio de neumáticos, reemplazar una batería descargada o realizar una diagnosis electrónica. Similar prohibición hay de lavar un vehículo, la sanción depende de cada municipio y sus ordenanzas.

    Esto es así porque hay actividades que no pueden realizarse con garantías en la vía pública, ya sea la recogida y tratamiento de los residuos como garantizar la seguridad de los trabajadores. Hay quien lo hace ilegalmente, sin factura, sin cotizar, sin recaudar impuestos, sin respetar las normativas... ese es otro tema que excede el ámbito de este artículo. Esto no va de «mecánicos pirata».

    Si nos vamos a Estados Unidos, el panorama es un poco diferente. A raíz del confinamiento empezaron a surgir nuevas oportunidades, como una que supo ver el concesionario Bozard Ford-Lincoln en St. Augustine (Florida) con su servicio de mecánica a domicilio (Mobile Service).

    Lo que empezó siendo un servicio de cortesía para los clientes que no podían o no querían salir de casa, se ha convertido en un servicio más. Los clientes de un Lincoln pueden disfrutarlo sin coste los primeros cinco años, después, y al igual que los que tienen un Ford, pagan 39,99 dólares de tasa de servicio.

    A cambio, se desplaza al domicilio un furgón con todo lo necesario para realizar tareas sencillas de mantenimiento o acometer una llamada a revisión, evitando los desplazamientos al taller y la espera in situ. Además, el riesgo de contagio se reduce mucho, ya que se incluye la desinfección. A muchos clientes les compensa y lo prefieren al coche de sustitución o un taxi, Uber o Lyft hasta el domicilio.

    Ciertas operaciones seguirán siendo faena exclusiva de los talleres, con su foso y/o elevadores, todas las herramientas, tratamiento de residuos, etc.

    Supone un complemento al servicio tradicional de recogida del vehículo y posterior devolución a domicilio. Al evitar que el cliente esté esperando en las instalaciones es más factible aprovechar para hacer otras operaciones como instalar algún accesorio, arreglar un pequeño desperfecto de carrocería, etc.

    La facturación del taller tiene un potencial de mejora con esta forma de trabajar

    Cabe la duda de si este tipo de servicio va a sobrevivir a la pandemia una vez esta sea un mal recuerdo, o si empezará a ser una tendencia entre aquellos que prefieran pagar un poco más y ganar en comodidad y tiempo. En nuestro país, de momento, tiene un encaje legal más complicado si no hay avances normativos.

    Por otro lado, no es lo mismo hacer algo así en una calle de Estados Unidos, donde hay más residencias unifamiliares con su driveway (distancia del garaje a la vía pública) y abunda el espacio para aparcar. No tendría especial éxito en un centro urbano más bullicioso donde ya es un milagro que la furgoneta-taller quepa siquiera.