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Peajes urbanos para limitar la contaminación en las ciudades, próximamente en Francia

A partir de la semana que viene se sentarán las bases para que los ayuntamientos franceses cobren por entrar a los centros urbanos más poblados para reducir el impacto del tráfico. Si la medida funciona, se extenderá a otros países sin remedio.

Peaje urbano (Betalstation) en Estocolmo - Fotografía: Holger.Ellgaard (Wikimedia Commons) CC BY SA 3.0

Uno de los principales problemas de las grandes urbes es sin duda el tráfico, ya que produce varias externalidades negativas como contaminación, ruido, menor eficiencia del transporte público, accidentes, etc. Una solución al problema es desincentivar el vehículo privado mediante peajes de acceso.

Londres fue pionera en Europa estableciendo su Congestion Charge en 2003 para el centro. Salvo los residentes y exentos, circular un día en la zona delimitada de 21 kilómetros cuadrados cuesta 11,50 libras, al cambio 13 euros. No hay barreras, todo es mediante cámaras que leen matrículas y sancionan a los que no están registrados.

Estocolmo hizo lo propio en 2006, con un área mucho más grande -47 km²-, pero con una tasa mucho más ligera: 1,2 a 6 euros. Tanto en Londres como en Estocolmo estos peajes se aplican en horario laboral, no en fin de semana, festivos, etc. La finalidad no es recaudatoria, ya que el dinero se revierte en el transporte público.

Los coches eléctricos también suponen tráfico, pero sin añadir contaminación (ni atmosférica ni acústica)

Esta vez es Francia la que está dando soporte legal a una nueva forma de moverse. Los atascos en ciudades como París pueden colmar la paciencia de un santo. Según la ministra de Transporte, Elisabeth Borne, la semana que viene se presentará el texto legal en el Parlamento para su aprobación.

No es la primera vez que se hace una ley de este tipo, ya existe una, pero es tan restrictiva que no se ha llegado a aplicar. Bajo la nueva norma los ayuntamientos tendrán más flexibilidad para decidir las condiciones y cuantías de dichos peajes, con objeto de reducir el tráfico de los no residentes.

Según el medio Contexte, un borrador de la ley habla de tasas de 2,5 euros para poblaciones de más de 100.000 habitantes, o de 5 euros para turismos y 20 euros para camiones en el caso de ciudades con más de medio millón de almas. Los residentes estarán exentos o pagarán una cantidad simbólica.

Área de Madrid Central, que aglutina las existente APR de Justicia, Letras y Cortes

Estas políticas son el paso siguiente tras imponer el estacionamiento regulado, que convirtió en novedad eso de pagar por aparcar en la calle. La experiencia francesa puede animar a otros ayuntamientos o países a copiar la fórmula, especialmente si alivia el grave problema de la contaminación urbana.

En Madrid, por ejemplo, dicha política no tendría mucho sentido porque a finales de noviembre entra en vigor el área Madrid Central. Dentro del área delimitada se suprimirá casi todo el tráfico de tránsito, salvo el de los vehículos exentos, residentes, ECO y cero emisiones. Habrá que valorar el impacto en el tráfico de las áreas circundantes a ese perímetro.

Barcelona también pondrá una zona de bajas emisiones, pero no tiene la intención de establecer peajes de acceso. Si el problema del tráfico se agrava, este debate puede salir a la luz de nuevo, pero difícilmente entraría en vigor sin al menos hablarlo con las partes más afectadas. Tanto en Londres como en Estocolmo hubo una fase de debate público, no fue unilateral.

Zona restringida al tráfico en Londres - Fotografía: Nevilley (Wikimedia Commons) CC BY SA 3.0

Desde luego la tendencia de los grandes ayuntamientos es a diversificar las opciones de transporte para que no siempre impliquen usar el vehículo privado. Van ganando terreno las alternativas de alquiler por minutos, aparcamientos disuasorios, potenciación del transporte público, mayor uso de la bicicleta, etc.

Volviendo al ejemplo londinense, en la zona donde se aplica la Congestion Charge el tráfico se ha reducido en un 27 % respecto a los niveles de 2003, y el uso de la bicicleta ha aumentado un 66 %. En Estocolmo también ha reducido el tráfico, la calidad del aire ha aumentado y se han reducido los retrasos del transporte público.

También son medidas rentables, proporcionan beneficios tanto económicos como de otro tipo. Con el tiempo, los residentes acaban aceptando los cambios y se acostumbran a ellos. Teniendo en cuenta todo eso, y si encima la fórmula francesa funciona, a medio y largo plazo lo acabaremos viendo en más urbes europeas, y en más de una española. Tiempo al tiempo.

Fuente: Universidad Rey Juan Carlos

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