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    Por qué el coche eléctrico triunfa en Europa, pero no en España

    El usuario de automóviles sigue sin ver claro lo del coche eléctrico.Freepik.es

    Cada vez se habla más del coche eléctrico y de su impacto en la industria de la automoción. Los datos avalan este interés en Europa, pero en España las cosas son distintas y su introducción está siendo mucho más traumática. ¿A qué se debe?

    Las marcas ya han elaborado su hoja de ruta y todas ellas, en mayor o menor medida, tienen claro que sólo hay una vía habilitada para prosperar: el vehículo enchufable. Esto se consigue a través de dos caminos, el coche eléctrico en sus diversas variantes y el híbrido enchufable.

    Pero que esto ocurra no es cuestión de que las marcas hayan decidido que es lo más rentable, lo más ecológico o lo más interesante para el usuario, sino que ha venido principalmente impuesto por los gobiernos y administraciones, que a través de nuevas normativas han forzado a los fabricantes a buscar este camino.

    La cuota de mercado actual del vehículo electrificado o enchufable en España no supera el 4,4%

    Hablamos de planes como Fit for 55, que en esencia tiene como objetivo convertir a la Unión Europea en un espacio de neutralidad climática en 2050. Como paso intermedio a ese balance nulo de emisiones, se establece un recorte objetivo del 55% para 2030.

    Parte de ese plan -en lo que a automoción respecta- está cimentado en la nueva normativa Euro 7, que en la práctica acabará con los vehículos diésel y reforzará los híbridos enchufables y eléctricos.

    La situación actual

    Actualmente, en Europa circulan alrededor de 300 millones de vehículos, estando 34 de ellos matriculados en España. Pero, si bien el auge del vehículo eléctrico es patente y en algunos países del mundo se ha convertido en la principal opción de movilidad para el usuario, aún queda mucho camino por recorrer para que esa cifra esté dominada por la llamada solución de futuro (incluso presente, para muchos).

    Eso sí, en España el camino es notablemente más largo que en otros países de Europa. Mientras en el Viejo Continente la cuota de mercado actual del vehículo electrificado o enchufable en relación al resto de mecánicas es de alrededor del 8,5% en la actualidad, en España no supera el 4,4%.

    Durante el primer semestre de 2021, se ha producido un incremento del 124% de las ventas de coches eléctricos en Europa, mientras que las de coches híbridos enchufables han sido un 223% superiores en ese mismo territorio y periodo. Incluso, en agosto se vendieron por primera vez en la historia más vehículos enchufables que diésel.

    Más datos, en esta ocasión para poner en contexto las diferencias entre España y el resto de países de Europa. En Noruega, el 91% de los vehículos son enchufables, mientras que en España la cuota de mercado de los vehículos eléctricos es del 4,4%, como ya hemos señalado anteriormente.

    El indicador global de electromovilidad elaborado por ANFAC (que tiene en cuenta la cuota de mercado de vehículo electrificado, la penetración de vehículo convencional respecto de vehículo electrificado y el volumen de puntos de recarga, así como su calidad), indica que en España queda un trabajo ingente por delante para hacer viable la movilidad eléctrica masiva: 23,1 puntos para España; 51,6 la media de Europa; 290,3 el indicador de Noruega.

    Así pues, es un hecho que el vehículo eléctrico está ya comenzando a despegar en Europa, pero no España. ¿Qué le falta a nuestro país?

    Infraestructura insuficiente

    Es un hecho que al potencial usuario de un vehículo eléctrico lo que más le preocupa es poder acceder a un punto de recarga siempre que lo necesite. Esto sólo es posible creando una infraestructura suficientemente extensa y efectiva como para que cualquier desplazamiento sea factible dentro del territorio español, uno de los más extensos de Europa con más de medio millón de km. cuadrados de superficie.

    Sin embargo, los datos indican que el 70% de los puntos de recarga de Europa se encuentran únicamente en tres países: Alemania, Francia y Países Bajos. Esto se traduce en unos 90.000 puntos, que contrastan dramáticamente con los números de España. Nuestro país es el octavo del continente en puntos de recarga con un total de 11.847, lo que se traduce en una media de 245 puntos por cada millón de habitantes, que contrasta con la media europea de 573 habitantes.

    Cierto es que estos datos indican el que supone el principal problema para la definitiva expansión del coche eléctrico en Europa: que no hay cargadores suficientes -ni de lejos- para tantos vehículos y habitantes, pero en España la situación es aún más preocupante.

    No sólo por el escaso número de puntos existentes, sino porque el 86% de ellos son de carga lenta, es decir, con una potencia de hasta 22 kW, que obliga a esperar un mínimo de tres horas. Y, para empeorar la situación, aproximadamente la mitad de todos ellos están fuera de servicio o son demasiado caros, según informa la empresa Wallbox.

    Para el usuario hay tres claves que resultan determinantes a la hora de considerar viable el uso continuado de un coche eléctrico:

    • Disponibilidad
    • Tiempo de carga razonable
    • Precio competitivo de la energía.

    En este momento, a no ser que el usuario tenga su propio punto de recarga en su domicilio, pudiendo hacer uso de él durante las noches, ninguno de estos tres puntos se cumple en España. ¿Quieres saber más sobre lo que cuesta cargar un coche eléctrico actualmente? No te pierdas este artículo elaborado al respecto.

    Renta inferior

    El disparate de precios de la electricidad que estamos sufriendo en los últimos meses nos lleva al siguiente punto: en España hay menos dinero en los bolsillos de los usuarios.

    Esto tiene una importancia considerable en un país en el que el Dacia Sandero, el paradigma del coche low cost, triunfa desde hace años en los rankings de ventas. Y es que los coches eléctricos son más caros (mucho) y por las circunstancias mencionadas anteriormente suelen convertirse en el segundo o tercer vehículo del hogar. Y para eso hay que tener suficiente capacidad económica. El Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de Europa es de 29.848 euros. Sin embargo, el PIB de España es de 23.690 euros.

    Otro de los aspectos a considerar es que en España sólo el 64,9% de los españoles vive en una casa o vivienda unifamiliar, es decir, es el segundo país con más habitantes en un piso, siendo además muchos de ellos antiguos que no cumplen con los requisitos técnicos necesarios para instalar un punto de recarga personal o colectivo para varios vecinos.

    Para finalizar este punto, nos permitimos el doloroso lujo de volver a recordar el precio de la electricidad, aunque bien es cierto que todas las fuentes de energía se han convertido en prácticamente prohibitivas.

    La burocracia

    Hablábamos de las dificultades técnicas que muchos edificios presentan en España a la hora de instalar puntos de recarga. Lo cierto es que esto viene dado por un lado por la antigüedad de muchos de ellos, pero también a consecuencia de las exigentes normativas redactadas por las administraciones para homologar el uso de dichos puntos.

    Esto cuesta dinero y uno puede pensar que para eso están las subvenciones que desde hace tiempo lanzan las administraciones para incentivar el uso de vehículos eléctricos.

    Lo cierto es que, en España, se hace realmente complicado beneficiarse de este tipo de ayudas. En lo que respecta a los particulares, sirva un ejemplo reciente: al cierre del plazo del plan MOVES III, sólo 6 de 17 comunidades españolas lo habían activado.

    De igual modo, gestionar permisos para la instalación de estaciones de carga resulta complejo y muy lento, lo que hace que muchas compañías tengan dichas estaciones paradas durante demasiado tiempo o, directamente, renuncien a construirlas.

    Con todos estos condicionantes en la mano, resulta lógico pensar que el vehículo electrificado tardará aún mucho en penetrar de manera notable en el mercado español: Y es que, por mucho que gobiernos y administraciones afirmen impulsar con decisión la movilidad eléctrica, la realidad parece bien diferente.