El Tribunal Supremo aborda el futuro de los taxis y VTC

A partir de hoy, el Tribunal Supremo examina la reclamación de la CNMC contra el Ministerio de Fomento para modernizar la regulación de servicios de transporte. Eso afecta directamente al futuro de los taxistas y al de las empresas Uber y Cabify.

Fotografia: Kris Arnold (Flickr) CC BY

El Tribunal Supremo tiene ahora la patata caliente. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) pelea por eliminar las barreras que limitan de facto el crecimiento del sector VTC, es decir, vehículos de alquiler con conductor, los que trabajan principalmente para Uber y Cabify.

El alto tribunal tiene que decidir si se elimina el límite de licencias según el rato un VTC cada 30 taxis, ya que no atiende a la realidad del mercado. Esto, para entenderlo, hay que irse un poco hacia atrás. Hasta el año 2009 se mantuvo efectivamente ese ratio, a raíz de una regulación que venía de 1987, cuando los VTC eran básicamente limusinas.

Pero el Gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE) sacó adelante un paquete de medidas para hacer más dinámica la economía, y ahí entró la Ley Ómnibus (Ley 25/2009, de 22 de diciembre), que eliminó el límite 1:30. Entre 2009 y 2015 los que cumpliesen los requisitos podían solicitar licencias VTC, con algunos límites, como tener que empezar directamente con siete licencias para ejercer la actividad.

En España viven 100.000 familias del negocio del taxi

El Partido Popular enderezó la situación con el RD 1057/2015, de 20 de noviembre, restableciendo el límite de 1:30. ¿Qué pasa? Que ya estaba ampliamente superado. Ahora mismo la relación es 1:6 en algunas ciudades de España. La justicia sigue conceciendo "en diferido" las licencias a los que las solicitaron mientras era legal hacerlo.

Los taxistas abogan claramente por que no haya más VTC -ahora mismo no se pueden solicitar licencias nuevas-. El Gobierno no puede aplicar el límite de forma retroactiva, pero a finales de 2017 puso el requisito de que las licencias solo puedan ser transferidas pasados los dos años, para evitar su especulación. Obtener una licencia VTC puede costar 40 euros, y en el mercado secundario puede valer 80.000, es decir, 20.000 veces más.

En el sector del taxi las licencias pueden alcanzar fácilmente los 150.000 euros, ya que como apenas se concecido en los últimos años (pero han crecido), las existentes se pasan de un taxista a otro (mercado secundario) por el importe de una hipoteca. Normalmente se trata de un taxista que se jubila, y el nuevo se endeuda para obtener la licencia teniendo unas expectativas de ganancia. En cierto modo, sigue un patrón de burbuja esa cotización, en las de VTC, menos.

Según la CNMC, el sector del taxi no se ha resentido por culpa de los VTC. Dado que la relación oficial (1:30) está ampliamente superada, se considera la misma como una barrera de entrada que limita la competencia. Cabify, por ejemplo, no pide que se levanten las barreras del todo -es parte interesada como tenedor de licencias VTC- pero sí que la limitación sea más realista.

Para la CNMC, si las licencias no fuesen tan caras, los precios podrían ser más bajos (hasta un 12,3% menos)

En los últimos años, Cabify y Uber están haciendo crecer mucho el sector VTC en España, quitando parte del negocio a los taxistas. Los usuarios confían cada vez más en estas aplicaciones para conseguir transporte, y no es por un tema de precio exclusivamente, ya que dependiendo de las circunstancias puede ser por menos, por lo mismo, o por más que un taxi.

Ahora bien, los usuarios valoran que los chóferes van con traje, no hay "manzanas podridas" (las valoraciones negativas se evitan como sea), se va en buenos coches y el modo de funcionamiento es muy similar a un taxi. Para los taxistas es una competencia desleal, pero el cliente es el que manda. Si pierden clientes, por algo será.

Aplicaciones como MyTaxi permiten al usuario tener las ventajas de Uber y Cabify, pero con taxis tradicionales (como las puntuaciones)

Si el TS falla a favor de desregular o permitir una relación VTC/taxis más favorable, nos espera una temporada de movilizaciones por parte de los taxistas. El año pasado ya fue conflictivo en ese sentido, con unos paros que lograron una relevancia y efecto en la movilidad inéditos hasta entonces. La sentencia no se acogerá de buena gana, es comprensible.

Asociaciones de taxistas como Elite Taxi creen que desregular el sector acabaría con su modo de vida. Los VTC tienen ahora varias limitaciones sobre el tipo de coche a usar, la forma de captar viajeros, los servicios en otras comunidades autónomas e incluso el régimen tributario.

Puede que Cabify y Uber no dejen mucho dinero en impuestos en España, pero cada empresa de VTC sí deja a las arcas, y dejan bastante. Un taxista que tributa por módulos abona menos dinero al fisco. Partamos de la base de que ningún "bando" tiene el monopolio de la razón, y que cada uno la tiene parcialmente. Lo que pase después, ya es cosa de los jueces.

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