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    Prueba Toyota GR Supra A90 Edition, la resurrección de un mito

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    Probamos el máximo exponente de la deportividad de Toyota

    Aunque ya ha pasado por nuestras manos en otras ocasiones, hoy probaremos en profundidad al Toyota GR Supra, y sabremos si es tan práctico para su uso cotidiano como para irte el fin de semana a divertirte en un trackday.

    Antes del año 2.016 ya se rumoreaba sobre el renacimiento de todo un mito en la historia del automovilismo. El Toyota Supra volvía al mercado, y de hecho desde la marca nos mostraron al FT-1 Concept, prototipo que adelantaría las líneas de diseño del futuro Supra. Esta noticia cautivó a la totalidad de apasionados por el mundo del motor, fueses más o menos entusiasta de los japos, esta revelación era más que esperada. Finalmente, llegó el Salón del Automóvil de Ginebra de 2019 donde pudimos, por fin, conocer al nuevo GR Supra con todo lujo de detalles.

    De hecho, antes de su presentación oficial en dicho salón, fuimos unos de los pocos medios afortunados que pudimos conducirlo con una dosis extra de camuflaje, pero nos sirvió para comprobar de qué guisa se las gastaba este mito viviente. Algunos meses después, pudimos probarlo a fondo en el Circuito del Jarama durante su presentación dinámica, y en la que quedamos encantados con su deportividad y puesta a punto. Pero, con la unidad que tenemos estos días, vamos a probar lo que es convivir con este deportivo durante varias jornadas y comprobar si realmente es un coche que poder utilizar diariamente o dejarlo más bien para un disfrute de fin de semana.

    Sin lugar a dudas, uno de los puntos fuertes de este GR Supra es su zaga

    El Toyota GR Supra con el que pasamos unos días

    En primer lugar, conozcamos qué acabado concreto es el que monta la unidad con la que pasaremos estos días. Este se denomina A90 Edition y es una tirada limitada reservada únicamente para 90 unidades vendidas en Europa. La particularidad que más llama la atención de esta edición especial es, sin duda alguna, su color gris mate, que junto a las llantas forjadas pintadas en negro mate, hacen que su exterior se vea particularmente explosivo.

    Pero el exterior está plagado de detalles y aditamentos aerodinámicos. En el frontal, además de las 3 entradas principales de aire de las que goza la zona del bajo parachoques, también monta un splitter que cruza horizontalmente los bajos y que acaba en un pequeño aletín, ya en la zona lateral. Los faros por su parte, poseen tecnología LED y tienen un diseño muy particular. Por último, encontramos una pieza de fibra de carbono en el soporte para la matrícula. Toda una declaración de intenciones.

    El perfil del coche está marcado por un prominente capó, un habitáculo algo retrasado y una parte trasera mucho más pequeña. Clásica configuración para un coche deportivo. Aquí las llantas y las taloneras tienen un especial protagonismo junto al ensanchadísimo paso de rueda trasero, que le da ese toque de personalidad tan brutal al GR Supra.

    Su hipermusculada trasera es digna de enmarcar

    Por último, la zaga se lleva todo el protagonismo posible, el enorme difusor flanqueado por dos generosas colas de escape (una a cada lado) y la luz LED situada en el centro del mismo, al más puro estilo de competición, en la que está situada la marcha atrás y el antinieblas. Los faros traseros son finos y estilizados, también con tecnología LED. Finalmente, todo culmina en un alerón tipo cola de pato.

    Alrededor de todo el coche podemos encontrar unas aberturas de ventilación, que no son tales, sino que son meramente decorativas. Estas están situadas bajo los faros delanteros, en el propio capó, en el inicio del paso de rueda trasero y bajo los faros traseros. ¿Tendrán alguna utilidad futura?, quién sabe. Por el momento le dan un toque agresivo que le sienta de fábula, aunque tampoco entendemos muy bien qué propósito tienen más allá de la mera decoración.

    Pero al adentrarnos en el interior del Supra nos topamos con un interior ya conocido y familiar. Toda la personalidad exterior que posee este japo, es completamente descartado una vez abrimos la puerta. Ya sabíamos que aunque buena parte de la mecánica de este coche esté compartida con BMW, Toyota hizo la puesta a punto para darle ese toque mucho más propio, pero una vez abrimos la puerta, parece que se han olvidado de toda esa personalización y toque japonés y nos encontramos con un habitáculo puramente alemán. Esto no es algo negativo, sino más bien curioso, pues el coche rebosa personalidad en su exterior, pero pierde esa ventaja en esta interior.

    Es cierto que su interior es poco personal, pero la calidad y el buen saber hacer lo tenemos asegurado

    Como he dicho, esto no es un aspecto negativo ya que como sabemos, en BMW no se andan con chiquitas a la hora de hablar de calidad de materiales, por lo que en el interior del Supra, tampoco se queda atrás. Nuestra unidad, como ya he mencionado, se trata de una edición especial y limitada, en la cual también encontramos un interior mucho más personal. Los asientos están tapizados en cuero de color rojo, así como el agarre del volante o la consola central. En el resto está acabado en color negro junto a algunos detalles en fibra de carbono o negro piano.

    La zona de la palanca de cambios junto al control del iDrive, el módulo del aire acondicionado, el control de la radio o la pantalla de info entretenimiento, son algunas de las cosas que podemos relacionar junto a la marca alemana. El volante aunque posee también la misma botonería que la marca bávara, sí es cierto que la propia circunferencia es considerablemente más delgada que los clásicos volantes alemanes. Tras este, encontramos una instrumentación digital, que aunque no es personalizable sí le da una presencia muy buena. En el centro del mismo y predominando, se encuentra el tacómetro, mientras que a la izquierda encontraremos la velocidad a la que circulamos. A esta instrumentación le achacamos los mismos peros que a la de los propios BMW: poca personalización. Habría estado bien poder hacer alguna modificación o simplemente que esta se modifique cuando cambiamos entre los diferentes modos de conducción.

    Aunque el interior destaca por una falta de personalidad japonesa, lo cierto es que es algo tan banal que no te importará más allá del primer vistazo

    La pantalla central de info-entretenimiento tiene unas dimensiones de 8,8 pulgadas y tecnología táctil, aunque también podremos manejarla a través del iDrive situado junto a la palanca de cambios. Su fluidez es notable y todo es bastante intuitivo. El sistema operativo es el mismo que utiliza BMW en sus vehículos, por lo que todo nos resultará familiar e intuitivo. También posee conexión por Apple CarPlay de manera inalámbrica, pero ni rastro de Android Auto.

    Su maletero de 290 litros es bastante más útil y aprovechable que el de otros modelos urbanitas

    Pero si estamos pensando en su utilidad y practicidad diaria, es un coche muy correcto en este aspecto, siempre y cuando seamos conscientes de su propia filosofía como coche deportivo biplaza. El maletero tiene un volumen de 290 litros, que son 4 litros más que el nuevo Toyota Yaris, para hacernos una idea. Su espacio es muy aprovechable, y aunque imaginamos que por su propia concepción no podremos transportar mucho, lo cierto es que es mucho más práctico de lo que podríamos llegar a apostar. Aunque no existe separación entre este y el propio habitáculo, no correremos el riesgo de que nuestros bártulos se paseen junto a los asientos, ya que hay un montículo (por llamarlo de alguna manera), donde se encuentran los altavoces, y esto puede hacer las veces de tope.

    Arrancamos el Toyota GR Supra

    Seamos sinceros. La teoría está muy bien, pero al GR Supra hay que ponerlo en práctica. Sí, también es cierto que el gusto por su estética es algo muy personal. Sus arriesgadas líneas llevadas al más puro estilo japonés son un buen ejemplo del dicho “o te encanta o lo odias”. Pero es el momento de sentarnos en su asiento deportivo, de despertar a sus 6 cilindros y, sobre todo, de meternos en curvas.

    Debo decir que la primera impresión nada más situar mis humildes posaderas y acomodar el asiento y volante a mi estatura, es más que buena. Posición puramente deportiva. Asiento muy abajo, columna de dirección casi horizontal apuntando al pecho y todo a la mano. Piso el pedal del freno y pulso el botón de Start situado en el salpicadero, detrás del volante y el estruendo es considerablemente audible a varias decenas de metros. El Toyota GR Supra ha despertado. Echamos mano de esa palanca de diseño alemán, insertamos la D, y lentamente comenzamos a movernos.

    Sus asientos deportivos son considerablemente cómodos para todo tipo de situaciones

    Nuestra prueba comienza por zona urbana. Es sorprendente lo cómodo que puede llegar a ser este coche. Aunque como ya he mencionado, su posición de conducción es eminentemente deportiva, pero a pesar de ello no sientes en ningún momento ese agobio de conducir por ciudad un coche con el que no ves bien o no se siente ágil. Es justamente todo lo contrario. Se desenvuelve a la perfección en el territorio urbano. La dirección al ser tan precisa y con un buen feedback, unido a la notable visibilidad exterior en la mayor parte de sus puntos, nos hace tener mucha más confianza en maniobras.

    Por supuesto, no podemos esperar unas cifras de consumo de vehículos diésel, pues la media difícilmente disminuirá de los 9,5 litros por este tipo de vías. Hay que dar de comer a esos 6 pistones. La caja de cambios por la jungla urbana se comporta de manera notable, circulando en el modo “Normal” los cambios se realizarán pronto, de manera que no consumiremos más combustible que el estrictamente necesario, ni provocaremos un mayor estruendo por las calles. Porque sí. El Supra suena bien y se le oye venir de lejos.

    Circular con el Toyota GR Supra por las calles madrileñas es llevarte un sinfín de miradas indiscretas, de innumerables fotos con los smartphones, dedos pulgares levantados y muchas sonrisas, pero también de leer conversaciones entre amigos preguntándose “¿qué coche es ese?”. Seamos sinceros, no siempre vemos un Toyota de estas características, y para quien no esté muy puesto en el mundillo automotriz, bien podría pasar por un modelo de cualquier otra marca de recocido bagaje deportivo, de ahí que muchos esperen a que les pase de largo para leer el nombre del modelo situado en el centro de la trasera: “¡ah, un Toyota Supra!”.

    El Supra puede gustarte o no, pero su estética no deja indiferente a nadie

    Salimos de la condensación urbana de la capital, con las miras puestas en la sierra norte, pero antes hay que superar un tramo de aburrida y tediosa autopista. El mejor sitio para comprobar qué tal se viaja en este deportivo. Como he mencionado ya, sus asientos son muy cómodos y circulando en el modo “Normal” su sonoridad no es tan perceptible cuando circulamos por vías rápidas. El ruido de rodadura sí es el más apreciable, pero no estamos ante una cómoda berlina de representación, sino a bordo de un coche que no tiene por qué presentar muchos filtros ni paliativos a sonidos exteriores. Eso es lo bonito de los deportivos más puros, que sientes todo lo que pasa más allá de la chapa exterior. A pesar de todo, en este coche, no se hace largo, tedioso ni incómodo cruzar autopistas. Su espacio habitable en el interior no es tan escaso como por ejemplo en un Mazda MX-5, donde las cotas son considerablemente más justas. Posee varios espacios donde guardar objetos: en el panel de las puertas, bajo el módulo del aire acondicionado o dos posavasos junto a la palanca de cambios. Dejamos atrás la fría autopista y comenzamos la ruta por las interesantes carreteras secundarias. El lugar ideal para poner a prueba la puesta a punto de este coche.

    Circulamos algunos kilómetros sin modificar el modo de conducción. El coche ya es lo bastante deportivo en una circulación normal. La dirección transmite sobresalientemente todo lo que sucede más allá de la columna de dirección, el tacto de los pedales es duro y la amortiguación a pesar de tener un rango de dureza considerable, no es la más dura que hemos probado en un deportivo. Pero pulsemos ese botoncito situado en el túnel central en el que podemos leer “Sport”. Ponemos al GR Supra en el modo más deportivo posible. Aquí no existe ni modo ECO, ni tampoco un Sport+. Todo se resume en dos simples niveles, uno de conducción “Normal” y otro “Sport”. En estos dos se condensan todas las posibilidades del deportivo japonés, y desde aquí os digo, que no necesitamos más que eso.

    El Toyota GR Supra únicamente posee dos modos de conducción: "Normal" y "Sport". Pero ni el coche ni tú necesitaréis más para disfrutarlo en todo tipo de situaciones

    Pero continuando con lo que he dicho anteriormente, el modo Normal ya es lo bastante deportivo como para que una vez insertado el modo Sport, no notes una clara diferencia entre uno y otro más que por una mayor potenciación del sonido y unos cambios de marchas mucho más alargados, para aprovechar mejor así el máximo régimen de vueltas. La dirección en este tipo de carreteras se hace notar de manera sobresaliente, su inmediatez y su tacto tan deportivo hace que te enamores más y más en cada una de las curvas por las que pases. Lo mismo sucede con la caja de cambios automática ZF de 8 relaciones, la cual ha sido puesta a punto por los ingenieros japoneses para darle un punto más de diversión y velocidad.

    El GR Supra destaca por una puesta a punto dinámica sobresaliente

    Aunque su trasera a veces se deje llevar un poco por la emoción, lo cierto es que los controles electrónicos de seguridad cortarán en el momento justo para que lo único que sintamos sea diversión y no miedo. A pesar de esta trasera tan juguetona, el Supra tiene una trazada excelente. Si somos lo bastante manitas y valientes al volante podremos desactivar dichos controles electrónicos para intentar domar a un deportivo muy puro, en el más estricto sentido de la palabra. Esto último mejor dejémoslo para un momento de diversión sobre una pista.

    Pero he querido dejar para el final la mención especial a su motor. Ese bloque turboalimentado de 6 cilindros en línea, 3.0 litros de cubicaje, 340 CV de potencia y 500 Nm de par máximo entregados entre las 1.600 y 4.500 revoluciones. Su nivel de entrega de la potencia es abismal, desde muy bajas revoluciones, hasta lo alto de la circunferencia del tacómetro tendremos ese empuje y ese tirón que esperamos de un coche así. Es espléndido. Como guinda al pastel tenemos un sonido de gloria con simplemente pisar el acelerador. Sus petardeos y gruñidos son tan maleducados que lo que más desearás es mantener enfadado continuamente al GR Supra.

    Y como conclusión…

    Como final a este artículo debo decir que el Toyota GR Supra ha supuesto un punto y aparte para mí. Una auténtica revelación y uno de los deportivos que más me ha llenado en todos los sentidos. Su practicidad para el uso en el día a día puede dar mucho de sí, siempre que sepamos cuales son sus limitaciones por concepto, pero a cambio tienes un auténtico deportivo puro que te servirá para la mayoría de situaciones a las que te enfrentas diariamente y con el que podrás irte de trackday el fin de semana. Su consumo al final de la semana se fijó en 8,2 litros de media, lo que no es cifra elevada ni mucho menos. Como contrapartida, pensamos que Toyota debió arriesgar un poco más en el interior del Supra, tal y como tan bien han sabido hacerlo con su exterior.

    Su aspecto deportivo es brutal es todos y cada uno de sus ángulos

    Pero llega el agrio momento de hablar de dinero, y es que el GR Supra siempre se ha caracterizado por ser un buen deportivo a un precio relativamente contenido. Esta quinta generación viene marcada por un incremento en su precio de partida, el cual da el pistoletazo de salida en 69.900 euros, pero como punto a favor debemos incidir en que los extras, que son los que suelen engordar la tarifa final, se limitan a la elección entre 7 colores distintos para la carrocería del coche. Si lo que quieres es una unidad como la que hemos utilizado en esta prueba su precio final se sitúa en 75.500 euros con los que te llevas una edición limitada con una estética y unos detalles que quitan el hipo.

    Prueba Toyota GR Supra A90 Edition, la resurrección de un mito