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    Virutas F1El KGB de la Fórmula 1

    El KGB de la Fórmula 1
    Fernando Alonso, ¿un problema para Alpine?
    José M. Zapico
    José M. Zapico12 min. lectura

    Dimitri era ruso y gastaba una melena como la de Thor. Compaginaba la profesión de conductor de autobuses con la de tocador de guitarra española en Helsinki. Admiraba a Tomatito, Paco de Lucía y Manolo Sanlucar. Cuando le preguntabas qué hacía allí perdía la mirada y pronunciaba muy despacio tres letras: K-G-B.

    El temible y siempre expeditivo servicio secreto de la antigua URSS, actual Rusia y sus ex repúblicas satélite, era motivo de chistes y chanzas por parte de los ciudadanos de la actual Rusia. Dicen que de allí partió el dicho «una vez es casualidad, dos es coincidencia, pero si ocurre una tercera es el KGB». No existen servicios secretos en la Fórmula 1, pero sí hay casualidades y coincidencias. Y una, y bastante exótica, ocurrió durante el Gran Premio de España.

    La Tierra posee unos 510 millones de kilómetros cuadrados de superficie emergida, pero el paddock de Montmeló ocupa poco más de uno. Pues da la casualidad de que el fin de semana pasado coincidieron allí Luca de Meo, presidente de Renault, Fernando Alonso, un bastante deteriorado Flavio Briatore que se ayudaba de un bastón para caminar, y el muy desaparecido de un tiempo a esta parte Luís García-Abad. Este último, hombre de confianza y road manager del piloto durante años, desapareció de escena cuando refichó por McLaren a finales de 2014. Desde entonces hizo mutis por el foro aunque en el Gran Premio de España estuvo aguantando el calor de manera discreta y sin apenas asomar en medios, fotos, ni televisiones. Y ya es raro que estos cuatro coincidan, a la vez, y en un mismo sitio… justo ahora.

    Su plan es a 100 pruebas vista, cinco temporadas en cristiano… es un plan de futuro, no de presente

    En la Fórmula 1 las cosas importantes que pasan fuera de la pista no suelen ocurrir en su patio trasero del paddock, pero a veces estos pequeños detalles dejan un rastro como el de la nube clara que olisqueaba el Oso Yogui al detectar un emparedado. Cuando alguien vio a Jenson Button a finales de 2009 entrar en la sede de McLaren, con su Brawntítulo bajo el sobaco, el británico dijo ‘que es que había ido a ver a unos amigos’, y que no había nada más. A las pocas semanas se anunció su fichaje por la escudería de Woking. Cuando alguien vio a Michael Schumacher entrar y salir de la sede de Mercedes —la marca en Stuttgart, no el equipo de carreras— alguien se chivó y el heptacampeón dijo ‘es que vengo a ver a unos colegas, como lo he hecho muchas veces’. Semanas después un Schumacher ya contratado protagonizaba anuncios de Mercedes, disputando curvas y rectas en turismos de la marca al mismísimo Mika Hakkinen. Su retorno estuvo lejos de ser el deseado, pero la historia dice que de aquellas visitas, postreros acuerdos plurianuales.

    Fernando Alonso volvió a la Fórmula 1 porque quería ganar, y el mejor acomodo con el que dieron sus huesos fue el de una Renault reencarnada comercialmente con el traje de Alpine. El problema, ya explicado en otra viruta, es que la formación de Enstone era la misma que había quedado quinta el año previo, quinta el anterior, y quinta el anterior del anterior. Con mimbres similares, personal con pocos cambios, sin fichajes rutilantes, ni mecanismos e inventos revolucionarios estaba cantado que como mucho los resultados serían parecidos.

    Tras la sexta carrera del calendario el equipo Alpine está situado en sexta posición, con Alfa Romeo a cinco puntos… esta es la realidad. Y la realidad dice que están más o menos donde llevan desde 2019, (cuartos en 2018). Puede que sea justo, injusto, circunstancial, accidental, inapropiado o lo que merezcan sea otra cosa. En lo que sí hay consenso es que nadie ve ni a corto ni a medio plazo a un equipo llamado a ganar ni carreras ni mucho menos mundiales. Dicho a los cuatro vientos su plan es a 100 pruebas vista, cinco temporadas en cristiano… es un plan de futuro, no de presente.

    Ninguna escudería de Fórmula 1 se inscribe para perder, pero no todas lo hacen con victorias y títulos en su hoja de ruta. Saben que para ello necesitan unos ingredientes bien conocidos y ante la tesitura de no tenerlos al alcance vegetan en zonas menos lucidas para dar continuidad a un proyecto, trabajo a mucha gente, y mantener un medio de vida de muchos; se puede vivir bien incluso en los sótanos de este edificio. Si quieres ganar has de poner cosas que de forma probada resultan costosas y luego esperar. Esperar, y no es necesario estudiar en el MIT de Massachussets, supone invertir tiempo y hay quien lo tiene y quien no. En un plan quinquenal necesitas al menos tres pilotos, puede que cuatro. Uno que arranque de al menos la zona media y realice una aportación técnica inicial de la que podrá aprovecharse cuando el equipo mejore o no. Añade un sustituto para él si se queda sin fuerzas por el camino, y un buen segundo chófer que de la misma forma podría desaparecer del escenario si los resultados de conjunto no llegan de manera visible.

    Cinco años son muchos años y si no se gana se quema hasta el más pintao. Esta observancia es visible en las temporadas previas al encadenamiento de entorchados de Red Bull en el ciclo 2010-2014, o los años anteriores a la Mercedes triunfante de la era híbrida. No es una ley, ni siquiera una regla, pero sí una pauta reconocible. Nadie sabe si Alpine campeonará en, digamos, 2026 pero si esto ocurriera el papel que le habría tocado a Fernando en el guión es similar al de Schumacher en la Mercedes preganadora, o el de David Coulthard en el ciclo de Red Bull anterior a los títulos de la gente de Toto Wolff.

    Estos dos carreristas empezaron con ganas en sus proyectos, pero para Schumacher la estrella plateada supuso su liquidación deportiva. En el caso del escocés, la sopa energética se le atragantó hasta el punto de suponer su despedida de la categoría tras bajarse de su azul RB4 en el Gran Premio de Brasil en 2008. Es posible que Alonso se vea en una parecida a la de estos dos, porque la hoja de ruta de Esteban Ocon y Oscar Piastri está repleta de futuro, mientras que la del asturiano lo está de pasado. Esto no es dudar de su valía, sino enmarcar la foto en su justa medida.

    Si en Alpine quieren calidad, experiencia, capacidad de análisis y desarrollo, caché, prestigio, e incluso algo de gloria por muy pretérita que se presente —Alonso no gana carreras en F1 desde 2013— la elección correcta es la existente. Pero si en Alpine otean el horizonte, y desean trazar un proyecto sólido a años vista, la apuesta por la juventud para ir creciendo de la mano la elección es otra.

    No, no se trata de jubilar al bicampeón desde la comodidad de nuestras casas, sino mostrar el pasté que tienen sobre la mesa los directivos de la formación, que son los que deciden. Ellos ya sabrán que tienen que hacer y asumir con ello sus consecuencias. El que a lo mejor no lo sabe o no al menos a día de hoy es el eje de toda esta diatriba, el de Oviedo, con edad de ser el padre de muchos de los que habitan una parrilla. La F1 tiene especial predilección por la carne fresca, y este 2022 brillan tipos como Max Verstappen (24 años), Charles Leclerc (24 años), Lando Norris (22 años), George Russell (24 años), Pierre Gasly (26 años), Carlos Sainz (27 años), o Alex Albon (26 años). Alonso cumplirá cuarenta y uno el 29 de julio próximo y esto, seamos claros, le hace cada vez menos deseable para un proyecto a medio-largo plazo.

    Oscar Piastri se ha cansado de esperar y exige a Alpine un asiento en la Fórmula 1.

    Fernando creyó que Alpine le daría un coche competitivo esta temporada y la realidad es que esto está lejos de ocurrir. El pilotaje del asturiano sigue siendo sólido, muestra ramalazos de la genialidad que alberga, pero con el coche que hay se llega hasta donde se llega. Cuando juntas todo esto con frases de ALO como «puedo correr en este u otro equipo», o de Luca de Meo «tenemos tres pilotos y uno quedará fuera» pues los observadores pueden palpar de manera sencilla una cierta frialdad cuando está llegando la hora de renovar un contrato que ve su final.

    El destino deseado por Alonso es correr, correr y correr, y hasta que le acepten en escuderías de la F1 estará danzando por el paddock. La duda estriba en saber que equipo le puede querer… con un extraño añadido: Garcia-Abad y Briatore no hacían más que rondar el hospitality de Ferrari. Esto no quiere decir nada, nada de nada, ni siquiera llega a especulación barata. «Pero, es que si una vez es casualidad, dos es coincidencia, pero si ocurre una tercera, es el KGB, ¿que?». El problema es saber quien es aquí el KGB. Dimitri, el Paco de Lucía ruso quizá pudiera contarte alguna cosa más al volante de su autobús. O tocando su guitarra.

    Fotos: Alpine F1 Team