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    Muere Bill Whittington, el traficante que ganó en Le Mans y voló en la Indy 500

    En el centro, Bill Whittington conversa con su hermano Don (izquierda) y con Paul Newman (derecha)

    El ex-piloto estadounidense perdió la vida el pasado viernes en un accidente de aviación a los 71 años.

    Liderando una gran trama de narcotráfico junto a su hermano Don, ambos disfrutaron de la élite de la resistencia y el automovilismo americano.

    Victorias en Le Mans y en el IMSA GT, cinco Indy 500 disputadas... Dinero en efectivo, aviones nocturnos, patrocinadores falsos...

    A pocos minutos de iniciarse la segunda carrera de la temporada de IndyCar en el Gran Premio de St. Petersburg, y de forma muy desapercibida, se hizo pública la noticia del fallecimiento de Bill Whittington, uno de sus pilotos más emblemáticos de los años 80 junto a su hermano Don Whittington. No lo son necesariamente por lo que hicieron en la pista, donde lograron una victoria en las 24 horas de Le Mans y una segunda fila en las 500 millas de Indianápolis, ya que lo realmente destacable fueron las actividades ilícitas que ambos llevaron a cabo para financiar aquellos logros.

    A los 71 años de edad, Whittington falleció el pasado viernes al accidentarse con su jet privado en las inmediaciones de un pueblo de Arizona junto con otro pasajero, según ha confirmado RACER. Aunque la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte no ha desvelado detalles específicos del accidente o de la identidad de los ocupantes, los más cercanos a Whittington han confirmado las malas noticias. El también ex piloto Randy Lanier desveló que el nativo de Lubbock (Texas) volvía de un breve viaje a las Bahamas, junto a un amigo con cáncer terminal al que se llevó en su trayecto tras perder este su licencia de vuelo.

    Un final tan abrupto sería algo notable en la trayectoria vital de una persona, pero en la de Bill parece casi una nota a pie de página en la enorme película que fue la suya. Siendo uno de los cuatro hijos de un modesto piloto y dueño de equipo de los años 50 (Dick Whittington), Bill fue uno de los tres que eligió las carreras como forma de vida. Aunque su hermano menor Dale también fue piloto, su carrera deportiva fue bastante menos destacada, y transcurrió en paralelo a la de Bill y Don Whittington, que se adentraron en el mundo de la competición pilotando avionetas a principios de los años 70.

    Los dos aparecieron repentinamente en la escena competitiva en 1978 en el IMSA GT, el campeonato de resistencia americano, con su propio equipo y al volante de potentes Porsche 935 pintados de amarillo mostaza... sin nada más. Ni logos, ni patrocinador: solo los números. De hecho, la primera carrera de Bill se saldó con un segundo puesto en el circuito mixto de Talladega, y aquel mismo año ambos hicieron su debut en Le Mans. Tras lograr sus dos primeras victorias en el IMSA en Mid-Ohio y Riverside, los Whittington fueron a por todas en su retorno a La Sarthe, en uno de los hechos más peculiares de la historia de la mítica prueba.

    El reputado equipo Kremer Racing, uno de los principales clientes de Porsche en los años 70, había modificado dos de sus tres 935 derivados de calle para esta prueba, puso en uno de ellos al confiable Klaus Ludwig (que ganó con él el primero de sus cinco títulos en el DRM y DTM) y ofreció el rol de acompañantes a quienes más pagasen. Allí aparecieron los dos Whittington, con 20.000 dólares en efectivo cada uno (73.000 dólares ajustado a la inflación actual) para quedarse con los puestos. Los planes de Erwin Kremer, sin embargo, pasaban por que Ludwig hiciese todo el trabajo al principio de la carrera, algo que no encajaba en los planes de los americanos.

    20.000, 200.000... Ninguna cantidad de dinero iba a impedir que los Whittington pilotasen el coche con el que terminaron ganando Le Mans... gracias a Klaus Ludwig.

    Argumentando que un posible accidente de Ludwig podía hacer que sus 40.000 dólares se desvaneciesen sin haber llegado siquiera a correr, ambos preguntaron cuanto haría falta para pilotar el coche primero. Buscando zanjar el tema, Kremer bromeó con una cifra que creía imposible, superior a lo que costaba el vehículo: «Podéis comprar el coche... por 200.000 dólares» (730.000 dólares en la actualidad). Para su sorpresa, los dos hermanos aceptaron de inmediato: «Id al trailer y coged los 200.000 dólares que hay en la bolsa de deportes, ni un penique más». Y así fue, ya que en aquella bolsa había hasta medio millón de dólares en total. De esta forma, los Whittington hicieron los primeros stints en Le Mans 79 antes que el experimentado Ludwig.

    Por entonces, lo normal era que los coches de competición ganasen la carrera ante los vehículos de producción. No obstante, la persistencia de la lluvia aquel día les permitió explotar una característica del 935 K3; a diferencia de los prototipos, su coche tenía limpiaparabrisas, una ventaja que el equipo pudo probar empíricamente al desplazarse por carreteras públicas entre Alemania y Francia. Este hecho, sumado a un fantástico pilotaje de Ludwig, les permitió ganar la carrera contra todo pronóstico con ocho vueltas de ventaja, pasando así estos dos relativos desconocidos a la historia y haciendo, a su vez, que el actor Paul Newman se quedase "a las puertas" del triunfo en segundo lugar.

    En su regreso a los Estados Unidos, los Whittington adquirieron una empresa de alquiler de aviones y el circuito de Road Atlanta, que tenía por entonces la recta más larga de cualquier trazado americano. Ninguna de estas compras fue casual: todas las noches, aterrizaba en esa recta un avión procedente de Colombia con grandes cantidades de marihuana, que se almacenaban en zonas restringidas de las instalaciones del circuito. Ese avión volaba al unísono con una segunda unidad, que aterrizaba en un aeropuerto convencional para despistar a las autoridades. Con ello, la trama de los Whittington siguió viento en popa, forjándose un nombre en el automovilismo ante las dudas razonables de sus competidores, que no entendían de donde salía el dinero.

    Una estampa muy reveladora en Indianápolis: Bill Whittington en un competitivo coche... totalmente desprovisto de patrocinio.

    En aquel 1979 debutaron en lo que hoy día es IndyCar al disputar las 500 millas de California, terminando Don en octavo lugar al volante de un McLaren oficial. Al año siguiente, además de tener una infructuosa aventura en NASCAR, ambos se clasificaron para las 500 millas de Indianápolis, un logro que repetirían cuatro veces más en conjunto, y al que su hermano Dale se sumó en 1982. En aquella edición, ambos ocuparon la sexta posición: Bill en clasificación y Don en carrera. Los dos compitieron también en otras pruebas de óvalo de IndyCar aquellos años, aunque los resultados nunca acompañasen del todo; con unidades March nuevecitas en 1983 y sin sponsor alguno, Don clasificó segundo para las 500 millas de Michigan, y Bill quinto en las 500 de Pocono.

    Entre medias siguieron en el IMSA GT y en Le Mans, tirando de estratagemas ilegales como pagar 20.000 dólares a un comisario para usar un regulador que les hacía repostar más rápido de lo permitido, o la utilización de un óxido nitroso en sus 935 K3 que aumentaba la potencia de 750 a 1.000 CV, pese a lo cual los resultados y la fiabilidad no iban a su favor. En 1984, Bill Whittington decidió fundar un nuevo equipo, Blue Thunder Racing, junto a otro piloto del IMSA GT, un Randy Lanier que hasta entonces no había hecho gran cosa, pero que ya llevaba seis años en el contrabando de estupefacientes a una escala incluso mayor. Ya fuese juntos o por separado, a veces con sus hermanos de por medio, el equipo ganó el campeonato obteniendo siete victorias en 17 carreras, y Lanier ganó el título de pilotos en solitario por delante de Bill.

    Los competidores empezaron a hacerse muchas preguntas respecto a un equipo aparecido de la nada más absoluta con una ausencia total de sponsors. Ya era conocida la costumbre de los Whittington de pagar todo en metálico, algo que se repetiría en el IMSA con varios equipos y pilotos de la época como John Paul Sr, aún fugado a día de hoy. Para intentar despistar, sus March 84 GTP lucieron algunos patrocinios de empresas que, en la práctica, resultaron ser falsas o compañías fantasma; el mayor ejemplo fue una supuesta marca de perfumes que servía de pantalla para una red de contrabando de marihuana de 300 millones de dólares, y para la que se contrataron modelos que hacían probar los productos en circuito a los fans, siendo estos en realidad perfumes renombrados de marcas conocidas.

    Blue Thunder Racing, con el patrocinio de... una empresa de lanchas motoras. El chiste se cuenta solo.

    Siendo cada vez mayor la presión de la hacienda estadounidense y de la DEA (Administración de Control de Drogas), los Whittington cambiaron de modus operandi en 1985, alejándose paulatinamente de un IMSA GT en el que Bill había logrado 14 victorias, y buscando trayectorias aparentemente legítimas en equipos de IndyCar. Mientras Don sustituía a Bruno Giacomelli en algunas carreras de óvalo en Patrick Racing como compañero de Emerson Fittipaldi (logrando una segunda fila en la Indy 500), el equipo Arciero Racing alineó a los dos pilotos principales de Blue Thunder en once de las 15 pruebas. Bill logró un quinto puesto en Mid-Ohio, su mejor resultado en las 17 carreras de IndyCar que empezó.

    Sus aventuras competitivas terminaron una semana antes de los entrenamientos para la Indy 500 de 1986, cuando Bill Whittington fue arrestado, siéndole incautados sus activos por valor de 7 millones de dólares. Se declaró culpable de los delitos de evasión de impuestos y tráfico de drogas, y fue condenado a 15 años de prisión, de los que cumplió cinco. Don cayó al año siguiente, cumpliendo 18 meses entre rejas por blanqueo de capitales. Tras ser rookie del año en la Indy 500 y dar un golpe de 75 toneladas de marihuana una semana después, Lanier acabó siendo también arrestado. Se dio a la fuga y recorrió medio mundo hasta ser atrapado en Antigua y Barbuda, recibiendo en 1988 la cadena perpetua, aunque fue puesto en libertad en 2014.

    La vida de los Whittington, desde entonces, tampoco ha sido un camino de rosas, perdiendo a su hermano Dale en 2003 por una sobredosis. Entre ese año y 2010, Bill no reportó una inversión de 9.7 millones de dólares generada en dos bancos del paraíso fiscal de Liechtenstein, y en los dos años siguientes poseyó un resort en Pagosa Springs (Colorado), con cuyos fondos sufragó hasta un millón de dólares en gastos personales. Por todo ello fue juzgado en 2018, recibiendo una condena de 18 meses por falsa declaración de impuestos, que fue cumplida íntegramente tras abonar los 1,8 millones de dólares que adeudaba.

    Además, la compañía de aviación que Bill y Don poseían, World Jet, fue investigada por vinculación al tráfico de drogas, y el año pasado vio cancelada una petición del estado de Oklahoma por valor de 20 millones de dólares para proveer mascarillas y equipos de protección, al no cumplir con los plazos del envío. Una vida, en resumen, marcada por el límite de la ley y de las normas establecidas, y en la cual Bill Whittington dejó su nombre con tinta indeleble como uno de los personajes sin los cuales es imposible entender el automovilismo de los años 80 como es debido. Quién iba a decirle que hacer un buen acto supondría su último acto...

    Fotos: ACO / IndyCar Media / IMSA GT