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    Neumáticos de clavos: ¿son una buena opción para el invierno en España?

    Los neumáticos de clavos son muy habituales en la competición, pero no tanto en la circulación convencion

    Los neumáticos de clavos son muy populares en los países nórdicos de Europa, pero no están permitidos en todas las circunstancias ni en todos los países del viejo continente. Y en España, ¿realmente merecen la pena?

    Los neumáticos de clavos no son algo de lo que hayamos oído hablar mucho en España, pues no en vano nuestro clima no es propicio para las nevadas excepto en puntos muy concretos del país.

    Pero que estemos en el sur de Europa no nos libra de sufrir episodios de fuertes inclemencias meteorológicas en invierno y algunos conductores pueden llegar a plantearse la idoneidad de utilizar neumáticos de clavos. ¿Realmente es así?

    Qué es un neumático de clavos

    Este neumático se diferencia del resto en que incorpora una serie de entre 60 y 130 puntas metálicas en la banda de rodadura, garantizando así una mejor adherencia en superficies heladas.

    Este último punto es relevante, pues que el neumático de clavos está especialmente destinado a carreteras o caminos helados, pues de lo contrario existen otras opciones más eficaces como son los neumáticos de invierno o las cadenas de nieve.

    Los neumáticos de clavos deben utilizarse exclusivamente en superficies heladas o de nieve muy compacta

    Las puntas metálicas o clavos están formadas por una aleación de metal, carbono y wolframio recubierta de acero y muy resistente a la fricción, que suele sobresalir aproximadamente 1,5 milímetros de la superficie de la rueda (aunque en algunos países se permiten hasta 4 mm).

    Cuándo utilizar los neumáticos de clavos y legislación

    Como ya hemos dicho, los neumáticos de clavos deben utilizarse exclusivamente en superficies heladas, pues el clavo es capaz de traspasarla y proporcionar agarre. En caso de circular por asfalto sin hielo, los clavos deteriorarán el mismo, harán ruido al circular y se desgastarán muy rápidamente, haciendo inservibles los neumáticos.

    Además, debemos tener muy en cuenta la legislación del país en el que nos encontremos, pues algunos prohíben el uso de este tipo de neumáticos. Otros sólo los permiten en determinadas épocas del año y en grandes urbes como Oslo o Estocolmo están vetada su utilización.

    Nokian llegó a estudiar un neumático de clavos retráctiles desde el habitáculo.

    En el caso de España, su uso está permitido en circunstancias específicas. El Reglamento General determina que los neumáticos de clavos están autorizados en vehículos de menos de 3,5 toneladas y siempre que los clavos sean de cantos redondos y no sobresalgan más de 2 mm de la superficie del neumático.

    Lo cierto es que en España los neumáticos de clavos serán sólo una buena opción en circunstancias muy concretas, es decir, durante el invierno en zonas montañosas de nieve permanente en las que las bajas temperaturas acaban formando una capa de hielo duradera o nieve muy compacta.

    Tipos de neumáticos de clavos

    En esencia, existen dos tipos de neumáticos de clavos, que son los siguientes:

    • Fijos: este tipo de neumático lleva incorporados los clavos y no se pueden retirar.
    • Móviles: este tipo de neumático permite desmontar los clavos. En este caso la banda de rodadura viene moldeada para la colocación de los mismos y debe utilizarse una herramienta específica para el claveteado, que consiste en expandir la goma para insertar el clavo, que posteriormente queda fijado al contraer la misma.

    Cómo utilizar un neumático de clavos

    Ya hemos hablado de las condiciones adecuadas para el uso de los neumáticos de clavos, pero también debemos tener en cuenta algunas cuestiones a la hora de utilizarlo. Y es que los neumáticos llevan incorporados unos indicadores de rodaje que sirven para determinar cuándo el neumático ha finalizado su rodaje.

    Dicho rodaje suele ser de unos 500 kilómetros y, durante ese tiempo, es necesario conducir de forma suave y progresiva. Es recomendable realizar un intercambio de la posición de los neumáticos de manera periódica al principio de cada temporada invernal o cada 8000 kilómetros aproximadamente para repartir de manera uniforme el desgaste.