Las políticas de Donald Trump amenazan el sector automovilístico en su propio país

En un intento de reducir el déficit comercial de 566.000 millones de dólares al año (Trump dice que son 800.000 millones) de Estados Unidos con el exterior, el presidente republicano se expone al desastre. Sus aliados responderán a los aranceles de forma proporcional, pero no se quedarán de brazos cruzados.

Donald Trump con líderes mundiales en la última cumbre del G-7 en Canadá

La Administración Trump camina en línea recta hacia una guerra comercial con sus principales aliados y potencias mundiales. Se está produciendo una escalada de aranceles que gravan productos que importa Estados Unidos de China, Canadá, Méjico, la Unión Europea... y las respuestas ya se están anunciando, y con fecha.

La guerra comercial ya es un hecho

A día de hoy, prácticamente la mitad de los vehículos que se venden en Estados Unidos han sido fabricados fuera. La gran mayoría se producen dentro de la zona de libre comercio de Norteamérica (NAFTA/TLCAN), es decir, en sus vecinos norte y sur, Canadá y Méjico. Otro montante importante viene de la UE. De China, de momento, llegan pocos.

El presidente Donald Trump se agarra a una ley que se remonta a la Administración Kennedy, la Trade Expansion Act de 1962, en concreto el artículo 232. Bajo esta reglamentación de la guerra fría, se pueden restringir importaciones o inflarlas a aranceles si así se preserva la seguridad nacional. Eso tiene un nombre: proteccionismo económico.

La teoría económica clásica nos dice que las naciones se especializan en producir aquellos bienes y servicios en los que tienen ventajas competitivas, y que el comercio los reparte por el mundo. El proteccionismo pone obstáculos a dicho comercio con la intención de proteger la industria local de la presión de otras más eficientes o más competitivas.

Eso funciona a corto plazo, pero a medio y largo plazo es peor

Trump empezó metiendo aranceles al 25% al acero y 10% al aluminio, pero se está ampliando la lista. A partir del 6 de julio tendrán incrementados sus aranceles 818 productos de origen chino, que tienen un valor estimado de 29.400 millones de euros al año, y eso incluye automóviles. Más adelante, sin fecha, se gravarán otros 284 productos que totalizan 13.000 millones de euros.

Los chinos han anunciado una respuesta proporcional, a partir del 6 de julio gravarán 545 productos de origen EEUU, que tienen un valor de otros 29.400 millones de euros. Dentro de ese lote están también los automóviles, que ya tienen unos considerables aranceles para entrar al mercado chino. Este movimiento puede volver inviable la comercialización de la mayoría de modelos.

Uno de los peligros de Trump es que pretende cumplir sus promesas electorales, como salirse de los acuerdos de libre comercio ¡incluso con sus aliados!

¿Y qué hay de Europa? La Comisión Europea anunciará próximamente la imposición de aranceles a los vaqueros, motocicletas, bourbon, etc. Eso no le pilla a nadie por sorpresa, ya que Jean Claude Juncker, presidente del organismo paneuropeo, ya lo dejó caer hace meses. Esta es la respuesta a los aranceles al acero y aluminio europeos.

Tampoco está mejor la situación con los socios norteamericanos, el NAFTA/TLCAN corre un serio riesgo de romperse, y eso será caótico para la industria del automóvil. Se han creado cadenas logísticas que pasan de un lado a otro de las fronteras. Canadá exporta el 85% de su producción a EEUU, y la gran mayoría de las exportaciones estadounidenses de vehículos son a Canadá.

Trump cree que va a ganar el pulso a sus aliados continentales y que estos claudicarán para que EEUU salga reforzado con un trato más ventajoso. Lo que va a conseguir EEUU es que por cada arancel luego consiga otros en respuesta, y eso tampoco es bueno para la economía estadounidense. Quién diría que Trump tendría más sintonía con Kim Jong Un, el dictador norcoreano, que con sus aliados.

Los vecinos de EEUU proporcionan vehículos de gama baja y media que pueden quedar fuera del mercado por los aranceles. Eso dificultará a los estadounidenses comprar coches nuevos

Si no se impone la cordura en la Casa Blanca, Estados Unidos corre el riesgo de aislarse en materia de automóvil. Su industria perderá exportaciones, en el mercado doméstico se incrementarán los precios de todo lo que venga de fuera y se reducirán las opciones para el consumidor: eso provocará menores ventas y pérdidas de empleos en el sector distribución, recambios, etc.

Por cada puesto de trabajo que se genere, se perderán varios, una destrucción neta de empleo

Mientras tanto, el resto de los países de la Organización Mundial del Comercio avanzan en eliminar barreras arancelarias y comerciales, favoreciendo el libre flujo de mercancías. ¿Quién se beneficiará de esto? Europeos, chinos, japoneses... justo lo contrario que busca el presidente Trump. Debería abrir -y leer- un libro de economía básica si no quiere hundir industrialmente a su país.

Este clima de inseguridad es una bomba para los planes de los fabricantes, que pueden ver cortadas a medias sus cadenas logísticas y perder ventas, lo cual generará un efecto dominó. En 2009 hubo que salvar a la industria del automóvil (GM, Ford y Chrysler) porque el efecto dominó sería inasumible para el país. Igual hay que preparar un segundo rescate para dentro de unos años, y seguramente tenga que hacerlo ya otro presidente.

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