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    Rusia amenaza con nacionalizar las fábricas de automóviles paradas por la crisis en Ucrania

    Rusia amenaza con nacionalizar las fábricas de automóviles paradas por la crisis en Ucrania
    Catedral de San Basilio (Moscú) Pedro Szekely (Flickr) CC BY-SA
    Javier Costas
    Javier Costas7 min. lectura

    Continúa la cascada de posibles consecuencias que afrontan las empresas extranjeras que están abandonando el mercado ruso temporal o definitivamente. Ya sea por una cosa o por la otra, están parando varias fábricas de coches, y Rusia amenaza con quedárselas.

    Varios fabricantes han cortado amarras con el mercado ruso, tanto los que tienen presencia fabril como los que entraban mediante importaciones. General Motors se libra, ya había abandonado Rusia a finales de 2019 vendiendo su parte a AvtoVAZ. A Stellantis se le frustró una operación de exportación de furgonetas a la Unión Europea.

    Y los que tienen presencia fabril afrontan problemas de logística o directamente cesan su actividad como medida de represalia, o por apoyo a Ucrania por la invasión. Para el Kremlin no hay una gran diferencia, y hay una lista negra de países entre los que están EEUU, Canadá, Europa, Japón, Corea del Sur, etc. Esto va más allá del petróleo y otras materias primas.

    Rusia estaba siendo un mercado muy interesante para crecer, hasta que la crisis económica y después las sanciones por la anexión de Ucrania fueron complicando las cosas. Ford, por ejemplo, había dejado de fabricar turismos allí antes de todo esto, solo se quedaron las furgonetas Transit en Ford Sollers. Ya ni eso.

    Fábrica de Ford Sollers en Jimki

    AvtoVAZ, parte de Renault, está aguantando el chaparrón por su menor dependencia de las importaciones de componentes del exterior, aunque hoy ha tenido que parar por falta de piezas. Por otro lado, Ford, Hyundai, Toyota y Volkswagen han anunciado paros en sus fábricas alegando una u otra dificultad para aprovisionarse. Stellantis no ha dicho que se vaya a ir, alegando que dañarían más a los rusos que a sus gobernantes.

    El secretario general de Rusia Unida, el partido en el poder en la Federación Rusa -lo cual es un decir- consideró que estos cierres son una declaración de guerra contra los ciudadanos de su país. Andrei Turchak declaró: «Rusia Unida propone la nacionalización de fábricas de compañías que anuncian su salida y cierre de producción en Rusia durante la operación especial en Ucrania» (sic).

    Alegando que se trata de una «guerra real», el partido considera que debe hacer eso para proteger a sus ciudadanos. No obstante, las empresas salientes no se desentienden de sus empleados ni dejan de cobrar instantáneamente. Turchak añadió: «Tomaremos medidas de represalia, de acuerdo con las leyes de la guerra». Puede ser con indemnización (expropiación) o directamente mediante confiscación.

    Fábrica de Mercedes-Benz en Moscú

    En el caso de las fábricas de BMW, Mercedes-Benz o Daimler Truck -en colaboración con Kamaz-, tienen que parar sí o sí. El embargo de componentes de automoción hace inviable que sigan trabajando. La industria del automóvil que se tejió en Rusia en los últimos años partía de la premisa básica de que no habría fronteras en guerra, «fría» o caliente.

    Pero la situación no para de tensarse, las agencias de calificación de deuda empiezan a colocar a Rusia en el terreno del bono basura, es decir, que no creen que el país vaya a pagar sus deudas con el exterior en divisa extranjera, aunque dispongan capacidad de pago en rublos y el porcentaje de deuda sea relativamente pequeño sobre su economía.

    La presión internacional sigue agobiando a la economía rusa, con un goteo constante de empresas de todo tipo que anuncian que se van, provocando enormes colas en sus últimos días de actividad. Vladímir Putin va de cabeza hacia la autarquía económica, algo que no se veía desde el hundimiento de la Unión Soviética, 30 años atrás.

    El sector del automóvil enfrenta un amargo despertar

    Animados por sus ganas de expandirse más allá de sus zonas de confort, varios fabricantes han emprendido aventuras en países en vías de desarrollo como Brasil, Rusia, la India, China, y en menor medida en Latinoamérica, Sudáfrica, etc. Algunas de esas aventuras no han acabado bien y acabaron haciendo las maletas. No siempre se gana.

    Sin embargo, de producirse nacionalizaciones o expropiaciones en Rusia se sienta un pésimo precedente, porque el dinero huye de los problemas, y cuando todo esto pase, a ver quién es el que se la vuelve a jugar. En los últimos años la fantasía de un mundo libre de barreras comerciales se está yendo al cuerno, incluso sin necesidad de guerras con balas y muertos.

    Fabricar coches económicos en zonas en vías de desarrollo ya no es tan buen negocio, sobre todo si hay que igualar al alza las calidades con Occidente

    Lo que les viene funcionando últimamente es una política de rightsizing. Fabricar menos vehículos, pero más rentables, centrarse en los clientes que más pueden pagar y con un enfoque Premium desde los tornillos hasta el software. Y en mitad de esta huída, los fabricantes chinos van a tener una ventana de oportunidad que bien aprovecharán para salir de su mercado doméstico, cada vez más saturado.