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Mitsubishi L200 250 DiD, presentación: Prueba 4x4, equipamiento y mantenimiento

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Comprobamos cómo la Mitsubishi L200 se enfrenta a grandes retos dentro de un trazado 4x4 lleno de obstáculos, donde pocos se atreverían a aventurarse. En carretera ya vimos que iba bien, pero fuera de ella va aun mejor, es su hábitat natural.

Los pick-up no solo son vehículos de trabajo para cargar, en este caso hasta una tonelada, sino que tienen unas aptitudes 4x4 realmente sorprendentes. Aunque no pueda parecerlo por su tamaño, el chasis de la Mitsubishi L200 se come una enorme cantidad de obstáculos sin rechistar. Lo hemos comprobado en una pista de pruebas especiales.

Sometimos al pick-up a una gran cantidad de torturas, como cruce de puentes, caminos "minados" a base de baches, grandes inclinaciones laterales, ascensos y descensos en pendientes inclinadas... y de todos ellos salió airoso. La explicación está, en parte, en sus generosos ángulos.

La Mitsubishi L200 cuenta con una capacidad de vadeo de 600 mm, siendo la altura libre al suelo de 205 mm. El morro es capaz de atacar una rampa del 30º, y la parte trasera sale airosa de 22º. Entre los ejes, el ángulo ventral es de 24º. Si dejamos a la suspensión que haga todo su recorrido, es difícil tocar con los bajos, aunque hay protecciones a tal efecto.

Otra de las explicaciones está en la caja de cambios con reductora, que tiene los siguientes modos:

  • 4x2: propulsión trasera
  • 4x4: tracción total 40:60
  • 4x4H: tracción total con diferencial central bloqueado
  • 4x4L: tracción total con reductora y diferencial central bloqueado

Es posible conmutar entre el modo 4x2 y 4x4 a cualquiera velocidad por debajo de 100 km/h

Para los otros modos hay que colocar la transmisión en punto muerto antes. En los terrenos más difíciles saldremos airosos con la reductora, que dan un gran control sobre la velocidad de avance. A diferencia de algunos SUV, no tiene un control de descenso que actúe sobre los frenos.

El control de estabilidad y tracción funciona cuando tiene que funcionar, e incorpora una función de control de estabilidad de remolque y asistencia al arranque en pendiente. Como el motor 2.4 dispone de mucha fuerza, la práctica del todoterreno es muy satisfactoria y sorprende todo lo que puede hacer.

Hubo momentos en que mi fe flaqueó, creyendo que iba a notar un golpe muy duro o tocar con los bajos, y ya me veía levantando el culo del asiento hasta que comprobé que no pasaba nada. La suspensión optimizada de la nueva generación aguanta mucha paliza, a la vez que es cómoda y que en carretera da una elevada sensación de confianza y estabilidad (a ritmos legales).

Este es el mando selector que alterna los distintos modos. Para bloquear el diferencial central nos obliga a apretarlo, es casi imposible accionarlo sin querer

La caja de cambios de seis velocidades se maneja de forma muy parecida a la del Outlander y el ASX, aunque creo que el tacto es menos mecánico. Las marchas tienen un guiado preciso y la palanca no tiene el tacto típico de camión que tienen otros pick-up. Solo destacar que da una pequeña sacudida cuando el motor despierta de su letargo tras funcionar el Stop&Start (se puede desactivar).

El motor 250 DID tiene 2.440 centímetros cúbicos, pero comercialmente hablamos de un "2.4". Como tiene una baja relación de compresión -al igual que los motores SKYACTIV-D de Mazda- el motor es menos rudo de lo que cabría esperar, y es hasta refinado. La mayoría de versiones tiene 154 CV, pero el tope de gama con cambio automático dispone de 181 CV.

En carretera es posible bajar de 6 l/100 km a velocidades inferiores a 100 km/h, usando marchas largas. Es muy poco para un vehículo de 1,8 toneladas en vacío. A una velocidad de crucero más alta, típica de turismo, se queda por debajo de 7-8 l/100 km, que sigue pareciéndome un buen resultado. En pistas todoterreno con uso frecuente de la reductora el consumo se llegó a doblar, algo también razonable.

Cruce de puentes. El sistema de tracción total evita que las ruedas en el aire giren sin control, y se traslada fuerza a las ruedas que sí pisan el suelo. La suspensión no hace tope, las ruedas no tocan los guardabarros

Hablemos ahora de mantenimiento. El fabricante se ha preocupado en reducir los costes de operación, por lo que el aceite se cambia cada 20.000 km, el refrigerante cada 180.000 km, revisión de holgura de válvulas cada 60.000 km, la caja automática ya no tiene mantenimiento (antes 80.000 km)... y la cadena de distribución tampoco hay que mirarla en la vida útil del motor.

Pensando en más largo plazo, dispone de más planchas de acero resistente a la corrosión, así como un mejor sellado. En general, estamos ante un producto bien hecho y resistente, o eso se puede concluir de momento. Solo con la rigidez que ofrece el chasis ante un cruce de puentes, con dos ruedas al aire, muchos quedarán convencidos (y solo ha mejorado un 7%).

Otra de las características que el fabricante pone como argumento de compra es equipamiento, aunque la mayoría de las L200 que se venden son modelos básicos. La lista de precios ya la publicamos con anterioridad, y Mitsubishi no ha anunciado cambios. Hay tres niveles de equipamiento, M-Pro, Motion (como la unidad de pruebas), y Kaiteki (solo 181 CV automático).

En las pendientes laterales la carrocería se balancea poco y no cuesta trabajo mantener la postura de conducción. Los cinturones de seguridad (y sus tensores) no se mueven mucho, un signo de estabilidad

Merece la pena emplear tiempo en visitar la página Web del fabricante y consultar la lista de elementos de serie (no hay extras), ya que es muy grande como para reproducirla aquí. En su máxima especificación hay asientos de cuero calefactados, climatizador bizona, faros bixenón, Bluetooth, control de crucero, advertencia de abandono de carril, cámara de aparcamiento trasera, sensores de luces y lluvia...

Volviendo a los modelos básicos M-Pro, con 154 CV, se puede elegir tanto la cabina extendida de cuatro plazas (C/C) como la cabina completa de cinco plazas (D/C), que es la que tienen los modelos superiores. No hay versión biplaza. Para las mejores prestaciones fuera de carretera hay que ir al modelo analizado, Motion, que cuenta con las reductoras, además de la tracción total.

Por hacer un resumen, conducir la L200 es una sensación similar a la de llevar un SUV, pero con las prestaciones de un todoterreno de verdad, y la capacidad de carga de un vehículo industrial. Para quien lo necesite, hay accesorios para tapar la bañera, y así tener no solo capacidad, sino una mayor versatilidad. Si la generación previa de la L200 convenció a muchos, su sucesor no es menos, es incluso más.

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