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Prueba BMW X7, menudo pedazo de SUV

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Todos sabemos cuales son las marcas premium, BMW es una de ellas, pero los de Múnich se han empeñado en mostrarnos que pueden llegar a ser una marca de lujo. El BMW X7 que ya hemos probado es la evidencia de ello. Lo más de lo más.

Más, más, más y más. Todo lo que te imaginas y un poco más. Alejándose de su clásica filosofía BMW explora un nuevo segmento SUV, el más grande de todos, con la llegada del nuevo BMW X7. Ya por su número podrás imaginar que estamos ante el modelo más descomunal de la marca, y no te equivocarás. Su tamaño, su lujo, su espacio y su confort son de otra dimensión. Así es uno de los SUV más grandes que verás por la calle y que yo ya he tenido ocasión de probar.

Es imposible que el X7 pase desapercibido. Su tamaño lo delata

5,15 metros de largo, o lo que es lo mismo, casi dos Smart Fortwo juntos, uno de ellos cabría de sobra entre los ejes del X7, dos metros de ancho, 2.535 kilogramos de peso y una altura de 1.8 metros. Esos son algunos de los datos más espectaculares del miembro más grande y exagerado de la familia X de BMW. Ah, se me olvidaba otro, el precio. Disponible desde la nada desdeñable cifra de 98.950 euros. Nada mal. Ahora bien, piensa que por nuestras ciudades hay pisos más pequeños y menos lujosos por ese precio, así que tan mal no está.

BMW no ha reparado en gastos a la hora de crear el X7. En su colaboración con la inglesa Rolls-Royce los alemanes han llevado el concepto lujo premium a un nuevo nivel. Obviamente no llega a ser tan exagerado como el SUV de los Goodwood, pero tampoco vale su dinero. Los propios directivos saben que muchos de estos no van a vender, pero a quién le importa. Como todo buen buque insignia lo fundamental es que demuestre de qué es capaz la marca, y no hace falta decir que de mucho.

El nuevo X7 tiene el privilegio de "estrenar" una nueva filosofía de diseño. No es nada nuevo y revolucionario, pero podríamos tacharla como una evolución de lo que ya conocíamos. Nunca resulta fácil diseñar un coche de este tipo por culpa de unas proporciones que lo acercan más a un ladrillo que a un coche. No es como el BMW Serie 8 por ejemplo, que resulta estilizado, deportivo y elegante gracias a un equilibrio muy logrado, no. En este caso las formas y las proporciones se pierden, pero no se podrá negar que elegante les ha quedado un rato. Olvidémonos de deportivo, eso no se estila en un coche de este tipo aunque los diseñadores se empeñen en hacer un acabado estético para la ocasión.

Los elementos más comentados y recurrentes son los riñones de la parrilla, elementos indispensables en todo BMW desde el principio de la historia. Bien es cierto que son más grandes de lo aconsejado o de lo que estamos acostumbrados, pero sinceramente es un coche muy grande, por lo tanto todos los elementos deben ir a juego para rellenar tanta superficie de chapa. Pero entiendo al que no le guste la cara del X7 porque, entre sus enormes riñones y sus faros tan estrechos, hay una cierta descompensación estética que yo creo que es lo que no termina de convencer.

La parrilla delantera es muy grande, y los faros principales muy estrechos

Como digo, a un servidor, en líneas generales, le gusta el estilo del BMW X7. Es un coche poderoso para gente poderosa y ya está. No es para el común de los mortales que acaba con un BMW X1 en el garaje, está pensado para gente con mucho dinero a la que le guste un poco lucir lo más de lo más. Ante un coche de estos hay que abandonar la mentalidad de mileurista e imaginarse en las costas de Saint Tropez, o en el casino más lujoso de cualquier lugar del mundo para comprender para qué está creado este coche.

Esa sensación se profundiza un poco más al abrir las puertas y descubrir su interior. Aquí sí que se reconoce la ayuda de sus hermanos ingleses, porque, aunque BMW ya confecciona buenos interiores, el del X7 va un paso más allá. Más allá incluso que del otro buque insignia de la casa, el BMW Serie 7. La diferencia no es radical pero se nota que en este caso se ha querido crear un ambiente mejor. Las mejores vacas han dado su vida para confeccionar la piel, y todas las superficies quedan recubiertas por materiales diferentes que en conjunto crean una sensación de calidad, lujo y confort más allá del concepto premium del que solemos hablar.

Eso sí, el aspecto es bastante parecido al de otros BMW, más concretamente a la última hornada de modelos de BMW. El esquema del interior es prácticamente calcado, y aunque eso no suponga ningún problema por lo adecuado de su estructura desaprovecha una oportunidad de hacer al X7 un poco más diferente. Posiblemente sea una mera cuestión de ahorro de costes de producción, pero ya que nos ponemos, nos ponemos. Pero como digo, la verdad es que no se le pueden poner muchas pegas al interior.

La calidad es seña de identidad de la familia GKL de BMW

BMW apuesta, al igual que sus rivales, por un esquema de doble pantalla, pero a diferencia de su competencia más directa presenta dos paneles físicamente separados. Por un lado tenemos la pantalla del salpicadero, la principal, y la otra en el cuadro de instrumentos plenamente digital que estrenó el nuevo Serie 8. La mezcla resulta un poco rara ya que por un lado tenemos la tecnología de vanguardia y por otro el ambiente más clásico posible. Es un equilibrio muy logrado que satisfará a los clientes más adinerados y exclusivos que viven en casonas señoriales pero que manejan el último iPhone del mercado.

Siguiendo un poco con el tema tecnológico y la ya consabida corriente de diseño que elimina la mayor parte de los botones físicos del mercado, BMW ha querido tirar por la tangente dejando un buen puñado de botones pero disimulándolos. Buen ejemplo es el módulo de la climatización, insertado finamente entre las salidas de aire de la consola central. Ya he tenido el gusto de probarlos anteriormente, y sinceramente no sé si terminan de gustarme. Sus botones son demasiado pequeños, y aunque el X7 es como un tren de lujo, manejarlos en marcha a veces supone un problema. Por no decir que aquellos con un número alto de dioptrías deberán llevar gafas para saber a qué temperatura tiene puesto el termostato.

La carrocería presenta tres niveles de acabado: Base, Design Pure Excellence y M Sport. A título personal, este último sobra

Bueno, a fin y al cabo esto son problemas del primer mundo y con ello tampoco quiero decir que no me guste, solo que prefiero algo más clásico y funcional, pero por lo menos los alemanes han resistido la tentación de incorporarlo en la pantalla central, algo que realmente resulta mucho peor. En el túnel central se apuesta por una botonera clásica pero remozada, la misma que hemos visto en los últimos modelos de la casa. A través de esos botones accedemos a la configuración dinámica del coche, además de poder manejar la pantalla principal, aunque también se puede controlar mediante gestos y de forma táctil.

La verdad es que este es uno de esos coches en los que tardas mucho tiempo en descubrir todos sus detalles. Durante un tiempo estás encontrando algo nuevo, un nuevo material, una nueva moldura, nuevo detalle... Es un nivel de atención nunca antes visto en la casa de Múnich, ni siquiera el Serie 7 es capaz de llegar a ese nivel. La intención es que ninguno de los pasajeros se agote en el trabajo de ir en un X7, y he aquí una de las grandezas de este enorme SUV.

En los acabados más altos el pomo de la palanca de cambio es de cristal de Swarovski

BMW ha dispuesto el X7 para un total de siete pasajeros, pero opcionalmente podemos convertir la segunda fila de asientos en una banqueta de primera clase con dos butacas completamente individuales que disfrutarán de lindezas como masaje. La tercera de las filas, esa que siempre solemos dejar a los más pequeños, no podrá contar con tanto arsenal de comodidades pero en este caso los ocupantes no deberán cercenarse las extremidades ya que hay espacio para ellos, aunque eso sí, tampoco vayamos a meter a nuestro amigo más grande.

Y si pensabas que por haber metido tres filas de asientos nos íbamos a despedir de volumen de carga, cuán equivocado estás amigo, porque ahí es donde una vez más sale a relucir el inmenso tamaño del X7. Tampoco es que sea mucho, pero 396 litros de capacidad mínima es un dato excelente a tener en cuenta. A partir de esa cifra podemos seguir creciendo según vayamos echando por tierra filas de asientos, y si nos deshacemos de las dos últimas llegamos a un máximo de 2.120 litros de capacidad. No sé si cabría el ForTwo, pero seguro que mucho no faltaría.

Seguro que te estás preguntando por el equipamiento, pues es algo que, como los profesores de la universidad, iba a dar por sabido pero nunca está de más repasar. Faros láser, navegador profesional, asientos climatizados con función masaje, visión nocturna, aparcamiento asistido, climatización de cinco zonas, posavasos térmicos, conectividad para dispositivos móviles, sistema de entretenimiento trasero, WiFi, suspensión neumática, cámaras de 360º, luz ambiental, y por supuesto el más novedoso y completo conjunto de cámaras, radares y sensores que controlan todo el ambiente y permiten tener una capacidad autónoma de nivel 2. Incluso podemos desplazar el coche desde la llave del coche. Es decir todo lo que se te ocurra, lo tiene y más.

La tercera fila de pasajeros no solo es para los más pequeños. Es práctica y usable

¿Y qué se necesita para mover semejante mole? Pues motores grandes, muy grandes y potentes. En el peor de los casos el X7 estará movido por un motor turbodiésel de seis cilindros y tres litros que desarrolla 265 caballos. A partir de ahí tenemos la variante de gasolina, el 40i de 340 caballos y el tope de gama, el M50d, que usando el mismo motor anteriormente mencionado llega a un máximo de 400 caballos y 760 Nm de par máximo. Todas las versiones estarán gestionadas por un cambio ZF de ocho velocidades y aseguradas por una tracción total xDrive que llegará al asfalto gracias a unos descomunales neumáticos 275/50 R20.

Prueba BMW X7

Con esas cifras de rendimiento que ya quisieran muchos coches para sí podríamos imaginar grandes prestaciones, pero nada más lejos de la realidad. Esos caballos se tienen porque se puede tener, y de hecho podrían ser más y seguramente acabemos viendo más, pero como ya digo por muchos caballos que se monten en el X7 no serán para entregar rendimiento, sino confort. Muchísimo confort a nuestra disposición, y eso empieza con el motor y acaba por un desarrollo llevado a cabo mano a mano con los de Goodwood. No llega a ser tener el desplazamiento fantasma de los Rolls-Royce pero se le acerca.

Opcionalmente el X7 podrá contar con un paquete Offroad que incluye varios modos de conducción

No se le puede pedir otra cosa a este coche, por poder se puede pero no lo va a entregar como nosotros esperamos. El coche se siente cómodo en una circulación sencilla, de carretera abierta asfalto suave y terreno llano. En esos terrenos el X7 es un verdadero barco de lujo, confort y refinamiento. Este SUV se ha diseñado para ir de A a B de la manera más cómoda posible, y también familiar ya que el añadido de las cuatro o cinco plazas adicionales es todo un punto, y según BMW el X7 surge de esa demanda popular de tener un SUV para siete pasajeros.

Sinceramente creo que más bien es para plantar cara al Mercedes GLS y al Range Rover, ambos se llevan la mayoría de ventas de este segmento, que no serán muchas, pero dejarán un buen dinero en las arcas de cada casa. Son sin lugar a dudas sus rivales naturales, y tras haber probado los tres debo reconocer que el BMW es el mejor de la terna por el fino equilibrio que consigue en todo. Tecnología, equipamiento, espacio, confort, lujo... Aunque lo de bonito se lo seguimos dejando al Range Rover.

La pisada de esta mole es impresionante. Confort en estado puro

Pero como venía diciendo, el X7 dispone de todas las armas de las que BMW es capaz de proveer en un coche, hablo desde un punto de vista dinámico. De serie llega con suspensión neumática por si algún cliente se le iba a ocurrir no montarla, además que permite cambiar la altura del coche en hasta 80 mm. Por sí solo este detalle le confiere una comodidad y una calidad de rodadura sobresalientes. Los 120 Km/h de este coche bien pueden ser los 70-80 Km/h de cualquier otro. Suavidad por los cuatro costados y emitiendo el menor ruido posible, al menos por fuera, porque por dentro es como una lápida.

Los cinco milímetros de espesor de sus cristales son buen ejemplo, y además de eso tenemos otros materiales aislantes en el suelo, los pasos de rueda, la tapa del capó e incluso las alfombrillas. Que no se diga que BMW no ha trabajado en mitigar la rumorosidad. Toda es imposible de filtrar, eso lo sabe hasta el más tonto, pero la poca que se filtra llega de un motor diésel que no parece un motor diésel, ni por su agradable ruido ni por su empuje y consistencia.

Como ya se ha comentado más arriba hay opciones diésel y gasolina, pero sinceramente no veo sentido a ésta última. Además de subir ligeramente la factura de compra, puede llegar a arruinarnos el bolsillo a la hora de circular. Sí que es cierto que puede desprender un poco más de refinamiento en marcha, pero no merece la pena escogerlo. Si queremos algo más de rendimiento tenemos el M50d, pero sinceramente tampoco lo veo necesario. A no ser que seamos uno de esos que queremos tener lo más de lo más. En ese caso, me callo.

El cuadro de instrumentos no me termina de convencer por la lectura de sus indicadores

La versión que he probado ha sido el 30d xDrive. Que no te confunda el hecho de ser la variante de acceso, porque ya quisieran muchos tener ese acceso para ellos. Sus 265 caballos rinden muy en sintonía con el carácter general del coche, sin grandes estridencias. Un empuje de 620 Nm que arranca a bajas vueltas y que en un principio pega un fuerte acelerón para luego paulatinamente ir suavizando la entrega de par. Eso le confiere un toque algo drástico al principio pero luego muy refinado. Esto será más evidente en las salidas desde parado y a la hora de pulsar el pedal del acelerador a fondo.

Pero ojo con ir con el pie a tabla porque si piensas que una mole de casi dos toneladas y media no puede correr, estás muy confundido. Este bicho corre si le buscas y le encuentras las cosquillas. Además corre con una facilidad pasmosa. Pero el problema no es ese, sino el pararlo, hay que ser muy cauto con el pedal del freno porque la velocidad puede engañarnos. Como no se nota el ritmo al que circulamos suele dar la sensación de ir más despacio, por lo que hay que ser algo duro con los frenos para cuando alcanzamos ese nivel de rendimiento más alto. Pero sin llegar a exprimirlos demasiado porque se pueden ir al traste a la cuarta frenada.

Pero insisto en reafirmar el hecho de que ese no es el tipo de conducción que se le puede aplicar al X7. No sirve para ir haciendo una conducción salvaje y brusca, el coche nos permitirá hacerlo, pero no se va a sentir cómodo en ningún momento porque al fin y al cabo estás moviendo mucha más de una manera rápida y las leyes de la física tienen su límite. Así que conducción tranquila, relajada y sin tocar mucho en los modos de conducción: Eco Pro, Confort, Adaptative y Sport.

El maletero puede tener 326, 750 o 2.120 litros en función de los asientos que tengamos desplegados

Que el X7 no es un coche para todos los bolsillos está claro. Es para gente desprendida que no tenga problema alguno en pasar de vez en cuando por la gasolinera. El consumo medio fijado para el 30d es 6,5 litros a los 100 kilómetros. Debemos tomar este como un dato teórico porque no ha habido ocasión de ponerlo a prueba durante la presentación, por lo tanto tendremos que esperar hasta una cesión más larga para averiguar si estos objetivos llegan a cumplirse en medida alguna.

Conclusiones

Probar el X7 no es igual a probar cualquier otro BMW. De hecho no se le puede medir por el mismo rasero de dinamismo al que estamos acostumbrados con la casa muniquesa. En este caso el concepto se traslada al confort y al lujo. BMW ha puesto sobre la mesa un planteamiento que deja en ridículo al resto de SUV premim, pero sin llegar al nivel de su hermano mellizo el Rolls-Royce Cullinam. Pero la comparativa es esa, y ya con eso te puedes hacer una idea de por dónde van los tiros con esta mole de 5,15 metros de largo que promete no dejar indiferente a nadie que se lo cruce.

Ni mucho menos es un coche para todos los públicos, y creo que será difícil ver uno de forma habitual, pero ahí está la gracia del BMW X7, que, por muy duro que suene, no sea asequible a todo el mundo. Es el culmen, el exceso por el exceso y si lo quieres tendrás que pagar mucho por él. Pero a cambio recibirás mucho, mucho espacio, mucho lujo, mucho equipamiento y muchísimo confort. Ahora le toca mover ficha a sus rivales de Audi, Range Rover y Mercedes, aunque estos últimos ya están detallando el desarrollo del rival del X7, el Mercedes GLS 2020, que traerá consigo un acabado firmado por Maybach.

El más descomunal de la familia X de BMW. Un SUV para pocos públicos que hará las delicias de yankies y chinos

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