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Virutas F1El Sainz y el madroño

Lleva ahí desde la temporada de 1202. El plantígrado mesetario escala a dos patas para trincar el jugoso fruto del madroño, que plantado en la Puerta del Sol, muestra la ambición del más longevo de sus vecinos. Pero hay otro, que anda en las mismas en esto de la Fórmula 1, y que se llama Carlos.

Carlos Sainz está evolucionando mucho en McLaren.

Según teoría de Peter Windsor existen tres tipos de pilotos: los que nacen, los que se hacen en un largo y costoso proceso, y los que nacen y se hacen. No hay muchas pistas que hagan pensar que Carlos Sainz hace magia desde la cuna pero sí de que ha ido creciendo paulatinamente desde que su padre le compró aquel kart. Al hijo de El Matador se le quedó pequeño el Toro Rosso, entró con acierto en Renault y de donde echaron para dar paso al rimbombante Ricciardo, y ahora es uno de los principales postes del mítico equipo McLaren. En la parada biológica preceptiva del verano, él solo y a falta de nueve pruebas, está a cuatro puntos de conseguir todos los que hizo su equipo el año pasado con nada más y nada menos que con Fernando Alonso como primer espada. El mérito no es solo suyo, hay mucho trabajo, esfuerzo y decisiones acertadas por parte de su escudería, pero es precisamente en su formación donde son expertos en eficiencia y dicen que el chaval es el líder indiscutible por cumplir como pocos. Datos en mano, los de este inmigrante vecino de Oxford delatan un trabajo serio, constante y poco reconocido.

Algunos cenizos tildan a Sainz de enchufado, oportunista, o hijo de su padre sin comprender que el largo proceso de llegar a ser uno de los veinte únicos pilotos de Fórmula 1 del mundo tiene muchos caminos, en el que el maleta no es el que tiene más o menos méritos, sino el que no aprovecha la ocasión, y éste la está aprobando con nota, y alta. Hay tipos como Coulthard, Button o Rosberg, que tardaron muchas temporadas en ganar una carrera, o Hulkenberg, que lleva nueve años viviendo con dignidad de su trabajo pero aún tiene que pisar un cajón y nadie discute su calidad. Carlos es un caso típico del piloto que tiene ciertas dotes desde un inicio y va creciendo con los años hasta el punto de que con un coche no especialmente poderoso está sacando petróleo, y eso lo cantan los datos. Puede que sea un análisis en exceso resultadista, pero no son opiniones sesgadas, de un técnico contadas tras un camión, una confidencia, o un rumor, sino elementos de juicio inamovibles. Ahí van:

El primer enemigo de todo piloto es su compañero de escudería. Lando Norris es un piloto excelente, correoso, rapidísimo a una vuelta pero carece de la experiencia de su socio y eso acaba saliendo por alguna parte. Sin más kilometraje previo que los de algún test y pruebas puntuales Norris comenzó de manera algo tímida su temporada, algo lógico. Los entrenos libres no dan la medida de los pilotos porque cada uno se dedica a probar cosas, testar piezas, neumáticos o comprobar el circuito, pero hasta el gepé de Francia, Carlos estuvo por delante en dos de cada tres salidas a pista y adquiría su velocidad óptima con más rapidez.

Lando Norris brilla en clasificación, pero no termina de rematar en carrera.

A partir de ahí fue como si Norris le fuera cogiendo el pulso a su coche y ahora, en estas tandas ‘orientativas’ Carlos tiende a estar por delante pero por poco, aunque este dato no es muy significativo; solo orientativo y dice que el inglés se está adaptando. Lo que sí lo es, son las Fiebres del Sábado Noche que le da Norris al español. De doce pruebas disputadas este 2019, Lando ha estado por delante en ocho ocasiones por cuatro de Sainz. El minimatador, en base a su experiencia y liderazgo del proyecto debería estar mucho más consistente aquí en una proporción inversa a lo visible.

Para su fortuna aquí parecen acabar las dolencias, porque el plato fuerte llega el día importante, el domingo. Y ese día ocurren dos cosas: Norris pierde pie, y Carlos se crece. En las carreras que ambos han acabado, Norris lo hizo en una ocasión por delante de su compañero, por seis de Sainz; en el resto no hubo un cara a cara final por abandono de uno de los dos. Si sumamos los puestos avanzados en carrera el cómputo sale a favor de Carlos por un contundente 31 ganados, por 15 perdidos de Lando, y es duro para éste último. Hay que añadir un minipunto extra para el de Madrid: en ni una sola de las pruebas que ha terminado ha palmado un sólo puesto con respecto a su plaza en parrilla, esto es, si alguien le adelantó, más tarde se desquitó.

"Sainz ha sumado 58 puntos por 24 de su compañero de equipo, un 141% más"

En cuanto a los puntos logrados Sainz tiene uno de los ratios más voluminosos del mundial con 58 recaudados por 24 de su compañero de equipo, un 141% más, y esto es lo que más hace sonreír en Woking. McLaren pasó en 2018 de ser los novenos, penúltimos, gracias a su cambio a motor Renault, el acierto en muchas de su decisiones, y las manos de Alonso. Ahora, sin el asturiano pero con una trayectoria ascendente que muestra el camino a su proveedor de motores, están encaramados en una bien ganada cuarta posición. Nada hace pensar que, mirando alrededor, alguien se la vaya a quitar. Tienen casi el doble de puntos que sus más inmediatos perseguidores, Toro Rosso, y más del doble que Renault.

Si difícil es pasar en un año de novenos a sextos, mucho más lo es escalar dos peldaños de una tacada cuando vives en la zona media y éstos lo han hecho. Si aplicamos algo de álgebra es fácil pensar que el acúmulo de puntos finales podría rondar los 130-140 y esto es dos veces más que en 2018. Sainz habrá liderado una recuperación bastante impactante en especial si valoramos que desde que los de Honda se marcharon dejaron un agujero negro en sus cuentas de orden mayor. De hecho el año pasado declararon unas pérdidas de más de 110 millones de euros. A pesar de ese lastre, el primero de los mortales, el líder de todos los demás, es el mismo que cerraba parrillas hace dos años y hoy sujeta a la jauría de forma contundente. El salto de puntos de McLaren hacia su siguiente escalón, Red Bull, es del triple de puntos.

Ni aunque ganen todas las carreras que quedan del año les atraparían, pero en buena lógica —es un decir—, Sainz debería tener más o menos la tercera parte de puntos que el corredor más cercano del equipo perteneciente al escalón superior, y sin embargo lo tiene a tiro de piedra, a cinco puntos. Si Red Bull le mete a McLaren un 330%, Gasly le calza a Sainz un exiguo 8%. Como el francés se descuide (un poco más) el del coche naranja le va a robar la cartera y le va a superar con un coche menos dotado y construido con peor€$ mimbr€$. En el Gran Premio de Hungría, una pista poco favorecedora a priori para McLaren y mucho para Red Bull (pole position y victoria hasta a falta de dos vueltas) el tipo de Madrid sujetó durante más de media carrera a un Pierre que se fajó pero no pudo hacer nada a pesar de llevar un coche con más agarre, mejor aerodinámica, y hay quien dice que hasta más potencia. El gabacho se mantuvo a una distancia de entre 0,6 y 1,2 segundos con posibilidad de abrir su DRS durante unas cuantas vueltas, y no encontró la manera de pasarle. El sábado, el mejor Red Bull le metió más de un segundo al mejor de los McLaren, y el peor, el de Gasly, recetó cuatro décimas en el cualifáin al mejor MCL34. Sin embargo en carrera, y este es sin duda el plato fuerte de Sainz, esa diferencia no sirvió de nada al del monoplaza azul.

Conclusión: no, Carlos Sainz no es el piloto perfecto, pero poco a poco se está acercando a serlo con rendimientos visiblemente superiores a otros que tienen coches mejores, cometen más errores, son incapaces de sujetar a sus compañeros, y brillan menos con mejores herramientas. Tiene que mejorar su talón de Aquiles de los sábados, pero su eficiencia eclipsa a la de muchos a los que se da más valor. A este paso acabará comiéndose algún madroño.

Ah, y el oso del escudo de Madrid no es un oso… es una osa.

PD: A principios del Siglo XVI, en Madrid se usaron hojas de madroño para paliar las altas fiebres del emperador español. Como se curó, ‘cedió’ su corona a modo de agradecimiento para que presidiera el escudo de la osa y el madroño. ¿Qué emperador, dices? Pues el del mismo nombre del piloto del que hablamos y su número es el mismo del puesto en que Sainz quedó en Hungría. Sí, Carlos V. Qué cosas.

Fotos: McLaren Racing

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