40-0 en clasificación y una sentencia demoledora: "El nivel de ambición de Stroll no está ni en la misma galaxia que el de Alonso"
El periodista de referencia en Fórmula 1, Mark Hughes, ha puesto nombre a lo que los datos llevan temporadas confirmando: Fernando Alonso supera a Lance Stroll en clasificación con un aplastante 40-0 desde que comparten garaje. Y la brecha, advierte, no es tanto de talento como de hambre.

Cuarenta a cero. No hay cifra en el deporte del motor que resuma con tanta frialdad un dominio apabullante como el que refleja el marcador de clasificaciones entre Fernando Alonso y Lance Stroll desde que el canadiense batiera por última vez al español en el Gran Premio de Gran Bretaña de 2024.
Pero hay más, pues desde que ambos corren para Aston Martin, Fernando Alonso domina a Lance Stroll por 65 a 9 en clasificación y por 54 a 18 en carrera.
¿Cuestión de talento o de ambición?
Pero más allá de las estadísticas, la pregunta más incómoda sobre Stroll nunca ha sido si es suficientemente rápido. La pregunta es si quiere serlo con la intensidad que la Fórmula 1 exige. Al menos eso es lo que se pregunta Mark Hughes, uno de los periodistas con mayor autoridad en la cobertura de la F1.
Así lo ha planteado en el podcast Motor Sport Show: el nivel de deseo competitivo de Stroll y el de Alonso no pertenecen ni a la misma categoría. «Su nivel de ambición no está ni en la misma galaxia que el de Alonso», apunta Hughes, dejando claro que el diagnóstico no alude a la velocidad en bruto, sino a algo más profundo y más difícil de entrenar.
El contraste que dibuja es elocuente. Alonso pasa sus días entre grandes premios en su circuito privado, desafiándose a sí mismo por puro instinto competitivo. No es la conducta de alguien que gestiona una carrera; es la de alguien casi incapaz de no competir. Stroll, por su parte, también busca otras formas de competir, como su reciente aparición en el GT World Challenge Europe en Paul Ricard.
Pero la impresión que transmite es radicalmente distinta. «No tengo la sensación de que disfrute mucho de la F1 fuera del coche», prosigue Hughes. «Parece que le drena la energía».

El compromiso moviliza al talento
No cabe duda de que esa distinción entre ambos pilotos tiene consecuencias prácticas. El deseo de mejorar lleva a un piloto al simulador, a descifrar sus propios datos, a exigir respuestas a sus ingenieros, a darlo todo en el gimnasio. Sin él, un piloto alcanza el techo que le impone su talento natural y no lo rebasa. Con él, ese techo sube temporada tras temporada.
«La cuestión con Stroll no ha sido realmente su nivel de habilidad», añade Hughes. «Ha sido ese deseo: bucear en lo profundo para sacar lo mejor de uno mismo. Y de eso no ha habido demasiada evidencia».
Por otro lado, el episodio anteriormente mencionado de Paul Ricard durante el parón de abril admite dos lecturas. La favorable: un piloto que elige competir voluntariamente, sin obligación corporativa, en un entorno exigente. La menos favorable: que el piloto canadiense parezca más cómodo en escenarios donde la presión y el escrutinio son menores que en el extenuante paddock de la F1.
El dilema al que se enfrenta Aston Martin
A este respecto, el dilema adquiere una dimensión estratégica de primer orden para Aston Martin. La inversión de Lawrence Stroll en infraestructura, en Adrian Newey y en la asociación con Honda apunta a un proyecto serio, construido para pelear por victorias en un horizonte de dos o tres temporadas. Cuando ese momento llegue, la pregunta sobre si su hijo es el piloto que puede capitalizar el trabajo acumulado se volverá imposible de esquivar.
Hughes advierte, no obstante, de que Lawrence Stroll desea el éxito del equipo tanto como el de su hijo: «Le encantaría que Lance evolucionara hasta convertirse en el tipo de piloto que pudiera traer ese éxito». Y añade que de nada serviría intentar darle una ventaja artificial sobre Alonso: las consecuencias, dice Hughes, serían una «lluvia radiactiva» que nadie querría gestionar.
De momento, el 40-0 en clasificación es el único marcador que no miente. Y lo cierto es que cuando Aston Martin tenga el coche para ganar, ese número habrá crecido todavía más. La ironía del proyecto de Lawrence Stroll es que ha construido un equipo grande, con el mejor diseñador del mundo y el mejor compañero posible, para que su hijo aprenda lo que no puede enseñarse: que la Fórmula 1 no es un privilegio que se hereda. Es un fuego que llevas dentro, o no llevas.
Fuente: Motor Sport ShowFotos: Aston Martin F1
