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    El ying y el clonk

    Cuenta la leyenda que cuando Ron Dennis se sentó a comer con Sir Norman Foster para encargarle la actual sede de McLaren, el reputado arquitecto dibujó algo vagamente parecido a una hamburguesa sobre una servilleta (de hecho hay un dibujillo por ahí) Aquella especie de whopper con queso tenía una pequeña salvedad: visto desde arriba mostraba el símbolo del ying y el yang.

    Los actuales amos de la Fórmula 1 podrían extender un certificado de la simbólica dualidad del taoísmo en la figura de dos situaciones paralelas, contrapuestas y con protagonistas cuasi antagónicos en lo tocante a sus antipódicas posturas.

    Cuando en 2008 Vijay Mallya se compró el depauperado equipo Spyker, que antes fue Midland y previamente Jordan, estaba más perdío que un calamar en las rebajas de enero. Pidió práctico, como en los puertos donde atraca su yate ‘Indian Empress’, y con el beneplácito de todos, salió a su rescate… McLaren. No pocas veces representantes del equipo hindú recorrieron los cien kilómetros que separan la sede de ambas escuderías para que el hermano mayor ayudase al menor hace casi diez años. Ahora, cuando se va a cumplir esa década da la sensación de que el viaje resulta casi necesario en el sentido opuesto.

    Si los ricos del pueblo, los grandes y lustrosos pasan las de Caín, son los pequeños, discretos, poco vociferantes Force India, los que pintados de rosa están dando clases de buen hacer a todos.

    Simon Roberts (Director de Operaciones de McLaren), Vijay Mallya y Martin Whitmarsh (entonces máximo responsable de McLaren F1) en la presentación del acuerdo con Force India en 2008.

    El Ying se demuestra de forma dolorosa para el equipo que dirige Zak Brown con el peor inicio de temporada de toda su historia. Alineando dos coches en cuatro carreras han tenido la oportunidad de ganar, subir al pódium, llegar a los puntos, o acabar carreras en ocho ocasiones. Huelga decir que sólo han logrado esto último en dos, con seis abandonos, y cuatro consecutivos en la particular cuenta de Fernando Alonso.

    Enfrente, los del Yang, sin títulos, sin apenas trofeos, sin hacer ruido, sin campeones del mundo en su nómina, con una sede minúscula comparada con la del resto, y con alrededor de la mitad de presupuesto han logrado acabar con sus dos coches en las cuatro primeras pruebas del calendario y siempre con ellos dentro de los puntos. Técnicamente se han marcado un 8 a 2 en acabar pruebas, y un 8 a 0 en lo de recaudar puntos cuando lo lógico hubiera sido justo al contrario.

    Como resultado en el plano siempre visible pilotaje, el poca veces falible, el bicampeón, el muchas veces favorito asturiano volador, no ha visto aún la bandera arlequinada, mientras que el semirookie que corrió unas pocas carreras el año pasado Esteban Ocon lleva rebañados ya más puntos en cuatro carreras (9) que Haas, Renault, McLaren y Sauber sumando el esfuerzo de sus dos pilotos. El concurso del galo de origen español está siendo de libro.

    No se mete en líos, clasifica su coche dignamente con respecto a sus limitaciones y siempre cerca de su compañero, rara vez su gap excede las dos décimas, cuando otros como Stroll o Vandoorne se van con frecuencia al medio segundo o más. Ocon se está ganando a pulso el galardón de novato (o postnovato) del año y aunque Pascal Werhlein esté protagonizando un debut junto Sauber de libro, es evidente que cuando en Force India tuvieron que elegir no se equivocaron. Esteban viene de la reata de Mercedes, y su paso por el simulador a finales del año pasado, y el trabajar con los ingenieros del equipo campeón pagó dividendos.

    Su némesis, Alonso, experimentado, confiable, rápido y siempre eficaz no ha podido tener un comienzo de temporada más descorazonador. La imagen del asturiano caminando hacia boxes con su coche varado en la antecurva previa a recta de meta en Sochi , dura como una inspección de Hacienda en plena nochebuena, es la prueba visual del terrible descalabro existencial por el que pasa su figura. Obviamente no es culpa suya, pero es la realidad que tiene, y esto podría cambiar.

    Con su "a ver dónde estamos cada uno el año que viene", "soy libre de elegir" y todas esas frases que cada vez encadena con menos pudor no es que se esté poniendo el cartel de “Se vende”, sino que “para las tres jornadas que le quedan de prior, soy muy dueño de defecarme en el interior”. Ya ni se corta a la hora de lanzar andanadas contra su principal parte contratante y si el tema se repite que a nadie le extrañe un exabrupto mayor. Sus mensajes por radio o ante las cámaras ya no pueden contener más frustración. Su prematura jubilación, su marcha a otras latitudes, o su paso a dios sabe que otro equipo con el que probablemente tampoco pueda ganar, no hacen más que minar una moral más dura que la del alcoyano pero tan humana como la de cualquiera.

    ALO no merece esto. Ni McLaren. Honda tampoco. Ni la Fórmula 1 pero es lo que hay, así que observando la terrible progresión, con sorprendentes e inesperados pasos hacia atrás o hay rescate o lo que tendrían que hacer los japoneses es retirarse con la poca dignidad que les quedase intacta y sin erosionar, y volver cuando estén en condiciones. No parece que esto vaya a ocurrir, o no al menos tras su anuncio de motorización de Sauber. Si además las cajas de cambios que reciban los suizos serán de origen McLaren, todo indica que el rumor del cambio a motores Mercedes en 2018 de éstos últimos, de momento desmentido por ambas partes, no ocurrirá… pero nunca se sabe.

    Si el futuro de la Fórmula 1 se decidiera leyendo caras, tras ver la del bicampeón en el box ruso tras su abandono, Virutas te diría que “este hace el petate”, al menos de su actual equipo. Eso, o que vea algo que nosotros no tenemos a la vista y que le convenza de quedarse. Apostemos a donde va a ir; no tanto si va a sufrir o no, porque de esto no queda ninguna duda. Sigh…

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