GySTRA, la futura pesadilla de calamares y demás contaminadores del aire

Se están dando los primeros pasos para erradicar los malos humos de los escapes del tráfico rodado en áreas urbanas. El proyecto LIFE GySTRA permitirá determinar la contaminación real sin poner medidores de emisiones en cada vehículo. Objetivo: reducir la contaminación con medidas económicas y muy eficaces.

Prueba de aceleración de un TDI bastante trucado - Fotografía: Pavel Kacerovský

Todos hemos visto circulando a un calamar, aunque hay muchas formas de referirse a ellos. Se pueden definir como tales aquellos vehículos que emiten una gran cantidad de humo visible, señal de que están contaminando a un elevado nivel. Eso es lo que podemos ver con el ojo, se llama hollín, humo negro ligado a motores diésel.

Un calamar se distingue hasta parado: la parte trasera está llena de cenizas

Los vehículos anteriores a la época de la inyección electrónica y los catalizadores podían emitir también humo visible usando gasolina, es algo relativamente normal: la combustión no era buena. No hay que confundir ese humo con el blanco que emana de los escapes con los motores fríos.

No solo ha de preocuparnos la contaminación que podemos ver, porque la que no podemos ver puede ser mucho más peligrosa. Ahí es donde entra en juego la tecnología que el laboratorio vallisoletano CARTIF está puliendo dentro del proyecto europeo LIFE GySTRA: poder determinar cuánta contaminación emana de un vehículo a distancia, "viéndola", y así tomar medidas correctivas.

GySTRA podrá analizar 3.000 vehículos por hora y dar aviso a la DGT de los vehículos que contaminen más en la vía pública

Las políticas de reducción de emisiones de la Unión Europea han estado trabajando sobre el papel y con cifras de homologación, que sobradamente demostrado ha quedado que no son fiables. Es preciso determinar las emisiones de forma empírica, es decir, que se puedan medir, solo así se podrán hacer políticas eficaces.

Si las políticas son eficaces, entonces las emisiones pueden reducirse, que es de lo que se trata. A lo largo del año que viene habrá una prueba piloto en la ciudad de Madrid, donde se van a vigilar unos 700.000 vehículos al año, a un coste aproximado de 70.000 euros. Los mayores emisores primero serán avisados de que deben ir al taller, después apercibidos si no lo hacen.

La tecnología de GySTRA se basa en la teledetección RSD+, que algunos medios de comunicación ha bautizado como "radares de emisiones"; en realidad se basa en luz, y no solamente la visible. El ojo humano puede percibir todo lo que se encuentra entre los infrarrojos y los ultravioleta. Pues bien, GySTRA puede "ver" la contaminación de forma no intrusiva y totalmente discreta con las bandas de luz no visibles.

Espectro de luz visible - Imagen: Fundación Sonría

En otras palabras, esta tecnología es capaz de detectar a los "calamares", tanto los que emiten contaminación visible como los que no. Seguro que se nos vienen a la mente los famosísimos motores diésel del Grupo Volkswagen. Sí, teóricamente se podría detectar quién ha reprogramado el motor y quién no. En lugares como Alemania la reprogramación es obligatoria.

GySTRA arrancó en septiembre de 2017 y acabará las pruebas en 2020

A día de hoy, se puede pasar al lado de la Guardia Civil echando una humareda negra que haría desaparecer a un Cadillac Escalade. A efectos prácticos, la Administración solo se preocupa de nuestros humos al pasar la ITV, y existen varios trucos para salir airoso de la prueba aunque luego el vehículo sea un peligro medioambiental rodante. Ni es justo, ni efectivo.

Según los cálculos de CARTIF, el potencial de reducción de emisiones si los calamares se van retirando del tráfico o pasando por taller no es despreciable: -14,8% de monóxido de carbono (CO), -2,8% de hidrocarburos no quemados (HC) y -22,7% de óxidos de nitrógeno (NOx). Muchos grandes contaminadores lo son por un mantenimiento inadecuado, por desconocimiento, falta de concienciación o falta de presupuesto.

CARTIF es el coordinador de este proyecto europeo

GySTRA ya ha funcionado en Graz con una flota de autobuses, en la que se identificó a un 6,6% de grandes emisores, y tras pasar por el taller las emisiones bajaron ¡un 84%! No solo es que contaminen menos, es que consumen menos combustible, y por lo tanto también bajan las emisiones de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2).

CARTIF colabora con OPUS-RSE, el CIEMAT y la DGT

Determinar objetivamente quiénes son los grandes emisores permite tomar medidas más justas. Pasada la etapa piloto, el sistema puede funcionar a nivel europeo y dotar a los ayuntamientos de medios para hacer criba y eliminar a los calamares de las calles. En Japón eso se hizo hace unos años -especialmente los diésel- y los resultados están ahí para el que quiera verlos.

A buen seguro habrá quien considere que esto no es necesario y que hay que actuar en otros frentes, como calefacciones o instalar más puntos de recarga para eléctricos. Sí, es necesario y es un frente más en el que actuar: el que tenga un coche muy contaminante, que lo arregle o deje de circular con él. La idea me parece magnífica.

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