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La factura provisional del Brexit sigue aumentando en el Reino Unido

Desde que Boris Johnson ha llegado al 10 de Downing Street (la residencia del primer ministro del Reino Unido) en el sector del automóvil británico se han reactivado las alarmas. El desastre ("Brexit" duro) iba a producirse a finales de marzo, pero la agonía se trasladó al fin de octubre.

El sector del automóvil no quiere saber nada de un "Brexit" a las bravas, es decir, abandonar la Unión Europea sin un acuerdo. Dicho acuerdo ya se firmó con la anterior primera ministra, Theresa May, pero no fue aceptado por el Parlamento ni por su propio partido, los conservadores.

El nuevo residente en Downing Street ha sido tajante: el 31 de octubre habrá "Brexit", ya sea con acuerdo o sin él. La diplomacia europea ya avisó de que no habrá otro acuerdo al que ya se firmó con May, por lo que el país insular va en sexta velocidad hacia el muro del desastre. Boris Johnson confía en lograr un acuerdo más ventajoso todavía, no parece vivir en el mundo real.

La Society of Motor Manufacturers and Traders (SMMT), es decir, la patronal automovilística británica, envió el viernes una carta a Boris Johnson felicitándole por su nuevo cargo, reiterándole la importancia del sector del automóvil en el país, y dejándole un recado: "Un Brexit sin acuerdo simplemente no es una opción [aceptable]".

El conservador Boris Johnson es uno de los adalides del "Brexit"

El dinero de los fabricantes ya ha empezado a huir del Reino Unido, la inversión se ha frenado en un 50%, entre lo que se ha dejado de invertir y lo que se ha aplazado a un escenario político más estable (el actual es todo lo contrario). Las matriculaciones ya han caído un 7% y la rentabilidad de los fabricantes se está resintiendo.

Según los cálculos de la SMMT, desde el 1 de noviembre la industria perderá, en el peor de los escenarios, 70 millones de libras al día, o en una cifra más manejable, unos 56.000 euros por minuto. En total, se baraja una cifra de 6.000 millones de euros, factura que asumirán los fabricantes británicos, que casi todos están en manos extranjeras.

Las aduanas enlentecerán la cadena de suministro y los aranceles harán que suban tanto las materias primas, como los componentes, como los automóviles completos

En cuanto a la pérdida de empleos, solo en el Reino Unido pueden perderse 600.000 puestos de trabajo. Los fabricantes no están para perder dinero. Carlos Tavares, CEO del Grupo PSA, lo ha reiterado: si no ganan dinero en el Reino Unido la fábrica de Ellesmere Port se cerrará y se relocalizará el Astra ST (familiar) a otro lugar. La otra planta, la de Luton, ya tiene adjudicados vehículos comerciales, de momento.

La práctica totalidad de fabricantes británicos dependen de la inversión exterior

Honda no ha querido esperar, la fábrica de Swindon echará la persiana en 2021 por múltiples factores, uno de ellos -aunque no se dijo como tal- es el "Brexit". Ford, en plena reestructuración de sus operaciones en Europa, cerrará la planta de motores de Bridgend (Gales) en 2020, tampoco mencionando al "Brexit" como causa. Los japoneses dejaron caer que se irán también.

La producción de automóviles en el Reino Unido está en su peor nivel de los últimos cinco años

Y todo esto sin que el Reino Unido haya abandonado de forma efectiva la Unión Europea, solo por la enorme incertidumbre que está provocando la clase política británica ante el resultado del referéndum de junio de 2016. Nissan canceló la adjudicación del X-Trail a Sunderland. Jaguar ha relocalizado producción en el continente, MINI también.

Para Jaguar Land Rover, principal fabricante británico, esto no está ayudando nada. JLR ha finalizado el trimestre fiscal (de abril a junio) con unas pérdidas antes de impuestos de 395 millones de libras (443 millones de euros), es decir, un 49,6% más. Por otro lado, sus pérdidas operativas han sido de 278 millones de libras (312 millones de euros), un 42% más.

¿Acaso beneficia el "Brexit" a alguien? Puede que algún fabricante pequeño salga beneficiado si la libra esterlina pierde fuelle, vende pocos vehículos, sus precios son elevados y depende poco o nada de la cadena de suministros desde el continente. Para todos los grandes fabricantes el "Brexit" solo trae pérdidas económicas.

Los coches ingleses subirán de media unos 3.000 euros en la UE, y en sentido inverso unos 1.700 euros más

Si se cumple el peor de los escenarios, antes de 2030 el Reino Unido puede quedar como Australia: sin industria del automóvil por pérdida de competitividad total. Cuando se agoten los ciclos de vida de los productos existentes, sin nuevo dinero para adaptar las fábricas, serán simples recuerdos de una época próspera ya acabada.

A corto plazo el "Brexit" también dañará la industria española, alemana, polaca... pero acabada la tempestad, la producción que se saque del archipiélago clarificará el futuro de las plantas del continente, sobre todo de cara a un escenario en el que se van a vender menos coches y los márgenes van a seguir estrechándose.

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