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La acumulación de carbonilla es un problema que se produce en el motor —ya sea diésel o gasolina— a consecuencia de la combustión incompleta del combustible. Te contamos qué lo produce, qué problemas provoca y cómo puedes evitar que se genere.

La carbonilla es uno de los mayores enemigos silenciosos de los motores modernos, tanto diésel como gasolina, afectando a su rendimiento, eficiencia y durabilidad.
Pero no creas que este es un problema característico de los coches antiguos, puesto que la carbonilla es aún más problemática en los sistemas de última generación debido a sus estrictos sistemas de control de emisiones y tecnologías altamente sensibles.
La carbonilla es el producto de una mala combustión del combustible. Este no se quema completamente, generando partículas sólidas de carbono que se depositan en zonas clave del motor.
La consecuencia negativa de la formación de estos sedimentos es que obstruyen conductos y componentes, reduciendo el flujo de aire y gases. Ello deriva en pérdida de potencia, menor eficiencia, más consumo de combustible y un aumento de las emisiones contaminantes.
En los motores modernos, la presencia de sistemas como la recirculación de gases de escape (EGR), filtros de partículas (FAP/DPF) e inyección directa, incrementa el riesgo de acumulación, ya que estos elementos funcionan con tolerancias más estrechas y son más sensibles a la suciedad interna.
Además, una acumulación significativa puede llevar a averías costosas y pérdida de fiabilidad a medio plazo.

La carbonilla ataca principalmente a los siguientes elementos, tanto en motores diésel como gasolina modernos:
A consecuencia de la acumulación de carbonilla, estos componentes pueden ver gravemente afectado su funcionamiento. Desde obstrucciones y pérdida de respuesta hasta la aparición de fallos electrónicos y averías mayores.
La prevención es clave para prolongar la vida útil del motor y evitar averías graves, pero no basta con seguir una rutina de mantenimiento preventivo. Además, existen otras medidas que ayudan a maximizar la eficiencia, potencia y vida útil del motor moderno, minimizando los graves problemas asociados a la carbonilla:
La formación de carbonilla en motores diésel y gasolina presenta diferencias tanto en cantidad como en el proceso de generación, debido a sus distintos sistemas de combustión y tipos de combustible.
La carbonilla en un motor diésel se genera principalmente por una combustión más lenta y menos completa, favorecida por la alta relación de compresión y la naturaleza del combustible, que es más denso y menos volátil que la gasolina.
Los motores diésel, al trabajar con mezcla pobre (más aire y menos combustible), facilitan la formación de partículas sólidas de carbono y hollín. Además, la recirculación de gases de escape (EGR) es más frecuente en estos motores.
Esto hace que aumente el volumen de gases y residuos recirculados y, con ello, la acumulación de carbonilla en válvulas, colectores y sistemas FAP/DPF.
Otro aspecto a tener en cuenta en un motor diesel es que las partículas producidas en la combustión de este tipo de motor suelen tener núcleos carbonosos muy elevados, y se depositan principalmente en el sistema de admisión, cámara de combustión, válvula EGR y filtro de partículas.
Los motores de gasolina también generan carbonilla por combustión incompleta, aunque en menor cantidad y generalmente menos nociva. La gasolina tiene mayor volatilidad y se quema de una forma más eficiente a temperaturas más bajas, lo que reduce la formación de residuos sólidos.

Ahora bien, en los motores de gasolina de inyección directa, el problema de carbonilla en las válvulas de admisión ha crecido, ya que el combustible no pasa por ellas para limpiarlas como ocurría en los sistemas multipunto tradicionales. Esto propicia que la acumulación de depósitos se genere principalmente en las válvulas de admisión y colectores.
Por su parte, las emisiones de dióxidos de nitrógeno (NOx) y partículas son más bajas y el catalizador de tres vías suele encargarse de neutralizar los residuos restantes, por lo que la carbonilla afecta en menor medida al sistema de escape y la cámara de combustión.
La carbonilla en motores gasolina y diésel en 5 claves
Queda claro, por tanto, que las diferencias clave en la formación de carbonilla se deben al tipo de combustible y a los sistemas de combustión, siendo los motores diésel mucho más vulnerables a acumulaciones intensas y problemáticas de carbonilla comparados con los de gasolina.

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