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    El caudalímetro, averías y consejos

    El caudalímetro cumple una función crucial para el buen funcionamiento de un motor.

    El funcionamiento de los motores actuales está controlado de manera muy precisa por la centralita electrónica, que analiza los datos que recibe de diferentes sensores para establecer el modo más apropiado de funcionamiento según las circunstancias.

    Aunque existen muchos más, los cuatro principales sensores de medición controlan la temperatura, el porcentaje de aceleración, las revoluciones por minuto y el volumen de aire que utiliza el motor. Este último valor es controlado por el caudalímetro, que se encarga de medir el caudal o gasto volumétrico de un fluido, en este caso aire.

    Gracias a ello, la centralita sabe cuánto carburante debe inyectar en el motor para que la combustión sea la ideal, optimizando así el consumo y los niveles de contaminación, entre otras muchas cosas.

    ¿Cómo y dónde funciona?

    Este pequeño sensor se encarga de realizar su medición en relación al colector de admisión y suele estar ubicado a la salida del filtro de aire, en el tubo de admisión. De ese modo, el aire recibido está ya lo más limpio posible y la fiabilidad del caudalímetro es máxima.

    Tradicionalmente se han utilizado los de hilo térmico, que al apagar el motor realizan un efecto de pirólisis sobre el mismo para liberarlo de sustancias que alteren su funcionamiento. Sin embargo, los más comunes en la actualidad son los HMF o LMS, que utilizan una película caliente.

    El sensor es la parte más delicada del caudalímetro.

    Estos basan su funcionamiento en aumentar la temperatura del sensor hasta los 120 ºC, utilizando para la medición el método del Puente de Wheatstone, ideado en primera instancia por Samuel Hunter Christie en 1832 y perfeccionado por Charles Wheatstone una década más tarde.

    El aire que fluye por el caudalímetro lo enfría a medida que circula, detectando la centralita electrónica la corriente eléctrica necesaria para mantener constantes esos 120 ºC. De ese modo, puede calcular la cantidad de aire que pasa por el sensor y, por tanto, la que entra al colector de admisión. A raíz de eso, la centralita puede establecer el estado de carga, la inyección y la activación de sistemas de recirculación de gases como la válvula EGR.

    Consecuencias de un mal funcionamiento

    Es caudalímetro es una pieza muy popular en el listado de averías frecuentes en los vehículos, pero en muchas ocasiones no es la causa real de las mismas. En esencia, el principal modo de avería de este elemento viene provocado por la fusión del sensor o un mal contacto, pero generalmente el indicador de fallo viene propiciado por una mala medición ocasionada por otros elementos.

    Cuando la centralita detecta que los valores recibidos por los sensores no se corresponden con los predeterminados, envía una señal que indica que existe alguna anomalía. En el caso del caudalímetro, la mayor parte de las veces el problema viene porque una fuga de aire en el sistema de admisión impide que todo el aire llegue a su destino en el motor. Una abrazadera mal ajustada, un agujero en un manguito o una válvula EGR defectuosa son en muchos casos la causa de que el caudalímetro se lleve la mala fama.

    Síntomas y reparaciones

    Cuando el caudalímetro falla, bien por problemas en el mismo o por otros que derivan en un mal funcionamiento, detectamos varios síntomas que nos permiten sospechar que debemos revisarlo.

    La falta de potencia es el principal, pues la centralita actúa para prevenir averías más graves a consecuencia de un exceso de temperatura, así como mayor consumo y contaminación. Además, podemos observar un ralentí irregular y humo negro o muy oscuro en el escape.

    Mantener el filtro de aire en buenas condiciones: el mejor consejo posible para no tener que cambiar el caudalímetro.

    Cuando el caudalímetro está averiado, no es posible repararlo y hay que sustituirlo por otro, pues el sensor debe alcanzar una precisión considerable para medir los cambios de temperatura. Lo que sí podemos hacer es limpiarlo, aunque para ello hay que extremar la precaución y utilizar productos específicos. Ante todo, debemos asegurarnos de que el interior no se moja y de que no tocamos el sensor, para lo cual existen métodos de limpieza por ultrasonido.

    Cómo alargar su vida útil

    Para asegurarnos de no tener que sustituir el caudalímetro, lo que nos puede costar varios cientos de euros sólo la pieza, debemos prestar mucha atención al filtro de aire, que debe ser reemplazado sin demora cuando el fabricante lo aconseje.

    Además, el tipo de conducción influye en la acumulación de partículas en el caudalímetro, siendo la conducción deportiva o la baja velocidad característica de los trayectos en ciudad enemigos del buen estado del sensor.

    Como hemos comentado anteriormente, hay que evitar que el interior se moje, por lo que los vehículos de zonas costeras y/o de alta humedad ambiental suelen sufrir más. Igualmente, es aconsejable evitar utilizar el vehículo cuando la meteorología es muy adversa o existen riesgos de inundaciones (además de por las razones evidentes).

    Finalmente, utilizar aceites que no cumplan las recomendaciones del fabricante o tardar demasiado en realizar el cambio puede llegar a dañar el medidor a través de los gases procedentes del cárter, aunque este supuesto es mucho menos probable. Lo más importante y recomendable, en resumen, es no manipularlo y utilizar filtros de aire de calidad, así como sustituir estos con frecuencia para mantener en todo momento el flujo limpio.

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