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GNC o GNV: historia, ventajas e inconvenientes

Las marcas del grupo Volskwagen son quienes más han apostado por los coches propulsados a gas natural. En la imagen, el sistema de un Seat Ibiza.

Junto con el GLP (gas licuado de petróleo), el gas natural comprimido se ha convertido en uno de los combustibles alternativos para la automoción privada más populares de la actualidad, que busca de manera incesante sustitutos de la gasolina y el diésel mientras la electromovilidad termina de demostrar si tiene capacidad real para imponerse a largo plazo.

Aunque de un modo más modesto que el GLP, el GNC está creciendo progresivamente al presentar determinadas características que lo hacen atractivo para el usuario privado. En este artículo analizaremos todo ello para plantear una visión completa de qué puede ofrecer este carburante alternativo.

Historia

El uso del gas ha estado muy extendido desde hace siglos, pero su aplicación al automóvil llegó principalmente tras la invención de la bombilla eléctrica en 1879. Debido a ello, perdió protagonismo como materia prima para la iluminación y se comenzaron a buscar otras alternativas.

Los primeros vehículos a gas funcionaban sin compresión y comenzaron a predominar a consecuencia de la escasez de gasolina durante la Primera Guerra Mundial, lo que se intensificó aún más en la segunda. Aunque el gas era mucho más barato, sus inconvenientes eran considerables. Al no comprimirse, necesitaba un recipiente de almacenamiento voluminoso, comenzando a utilizarse bolsas que iban situadas en el portaequipajes.

Los primeros sistemas de gas eran muy voluminosos y aparatosos.

El enorme globo o bolsa se llenaba por completo antes del trayecto, para desincharse progresivamente durante el mismo. Sin embargo, los puentes, túneles y otros obstáculos podían dañar la bolsa, así como la alta velocidad. Superar los 50 km/h no era aconsejable en ningún caso.

En la actualidad las cosas son muy distintas, pues los avances tecnológicos permiten la compresión del gas, que se almacena en depósitos de tamaño reducido situados en el maletero, el hueco de la rueda de repuesto o los bajos del coche. Además, su eficiencia y seguridad están sobradamente demostradas. Por ello, alrededor de 22 millones de vehículos circulan en la actualidad con GNC (sobre todo en Sudamérica), haciéndolo cerca de 1,5 millones en el continente europeo.

Tipos

Actualmente existen dos tipos de gas natural aplicado a la automoción (Gas Natural Vehicular). El primero es el GNC, el Gas Natural Comprimido. El segundo es el GNL, el Gas Natural Licuado.

El GNC se almacena a alta presión (aproximadamente 200 bares) y su uso está destinado principalmente a vehículos ligeros y otros pesados como los autobuses. En cambio, el GNL se almacena en estado líquido gracias a su criogenización a -161 ºC de temperatura. De este modo, puede utilizarse en transporte pesado de larga distancia, ya que proporciona una mayor autonomía.

Ventajas

Las emisiones. Uno de los puntos fuertes del gas natural es que, al ser básicamente metano, reduce las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en un 85%, ascendiendo dicha cifra hasta el 96% en el caso de las partículas sólidas. Además, expulsa un 20% menos de dióxido de carbono (CO2).

El precio. Aunque no llega a los precios del GLP, el gas natural vehicular sigue siendo mucho más económico que el diésel o la gasolina, disfrutando además de un precio mucho más estable. Actualmente, el kg/l de gas natural ronda los 0,90 euros.

El repostaje. La operación de llenado del depósito de gas natural es similar a la de los combustibles tradicionales. Existen dos tipos de pistolas: tipo palanca o manguera. En ambos casos no es necesario utilizar un adaptador como en el caso del GLP y el gas no saldrá del surtidor a menos que la conexión sea correcta y totalmente estanca, pues la operación debe producirse a una presión considerable.

Pistola de repostaje tipo palanca (en azul). También existen modelos más parecidos a los de la gasolina o el diésel.

La rumorosidad. La eficiencia de un motor a GNC es algo mayor que a gasolina al poder trabajar a mayor compresión. Además, el índice octano es muy superior (115-120), por lo que la autodetonación es inferior y, con ello, también el ruido y las vibraciones del motor.

La limpieza del motor. Un propulsor que consume GNC habitualmente sufre un deterioro muy inferior a otro que utiliza gasolina, pues el gas natural deja una cantidad notablemente inferior de residuos en el mismo. Un modo muy sencillo de comprobarlo es a través de la varilla del aceite, pues éste mantiene su color original durante miles de kilómetros como si estuviera recién cambiado.

La etiqueta ECO. La DGT concede a los vehículos dotados de gas natural la etiqueta ECO, que permite una serie de beneficios a la hora de acceder y aparcar en las ciudades que cuentan con limitaciones en este sentido.

Inconvenientes

La red de servicio. El principal inconveniente con el que nos encontramos a la hora de utilizar un vehículo propulsado con gas natural es la limitación existente de estaciones de servicio disponibles, pues en la actualidad en España no llegan ni al centenar y, fuera de las grandes capitales, las mismas están principalmente destinadas a las rutas de transporte de larga distancia.

El menor espacio. Los depósitos de gas natural son complejos por la enorme presión que deben soportar y, aunque son completamente seguros, restan en muchos casos algo de volumen a los maleteros (unos 100 litros). Además, al complementar el sistema de gasolina, añaden algo de peso adicional al vehículo.

El maletero pierde algo de capacidad debido al volumen de los depósitos adicionales de gas natural.

La vida útil de los depósitos. Al estar sometidos a una presión alta y verse sometidos a cambios por carga y descarga, así como a cambios de temperatura, sufren más fatiga y aunque son muy resistentes es importante tener presente que tienen fecha de caducidad. La regulación especifica que tienen una vida útil máxima de 20 años, pero si se homologaron antes de la normativa actual (ECE R 110), tendrán una vida útil máxima de 15 años.

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