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    Virutas F1Poesía roja

    ¿A quién pondrá Mattia Binotto junto a Charles Leclerc en 2021?Scuderia Ferrari

    No verás la foto publicada en ninguna parte, pero es tal y como sigue: Mattia Binotto agarra con la zurda la puerta del edificio gestione Sportiva de Maranello, se inclina levemente cual mayordomo inglés, y con la derecha indica a Sebas Vettel la parte trasera del hotel Red Planet, que es justo lo que hay al otro lado de la calle.

    El responsable encarnado muestra una leve sonrisa de circunstancias, y el germano aprieta los labios con el mismo rictus que mostró Fernando Alonso hace cinco años. Mitad echado a empujones y mitad ido por deseo propio, Sebastian Vettel saldrá con rumbo de momento desconocido a finales de este 2020. En la Scuderia ya han mandando un email a los que hacen los asientos para que vayan preparando un molde, aunque todavía no saben para quién.

    En poesía existen muchas corrientes, pero hay dos muy reconocibles por su antagonismo: la tradicional y la repentista. En la primera los Garcilaso, Espronceda, Becquer o Lope de la Vega traspasaron la barrera del tiempo y son eternos gracias a versos únicos. En la esquina contraria está la poesía repentista, esa especie de rap literario que sale de boca de sus creadores y que acaba casi donde empieza. Dime el nombre de un poeta repentista… no trascienden. Pues en Ferrari tiene que elegir si quieren ser unos clásicos o unos repentistas, si su plan es a corto o largo plazo.

    «Si el 2018 de Vettel fue flojo, en 2019 el posnovato Charles Leclerc le ha pasado la mano por la cara sin grandes dificultades»

    Hasta el piloto más atolondrado desea alguna vez en su vida correr para los italianos, aunque anden en horas reguleras como están aparentemente hoy. Se saben no ganadores tras lo visto en los test invernales pero no por ello dejan de ser un destino apetecible, aunque sea para perder con estilo. Ocurre que es un momento muy delicado para Ferrari a la hora de fichar a alguien y no sólo en el orden deportivo sino también en el industrial, en un momento en diversos órdenes de la vida, fuera de los circuitos, en lo que todo se está volviendo más y más complejo.

    En Ferrari le pegan la patá a Vettel. El tedesco no se va porque quiere, sino porque en Italia no le ponen las condiciones que él desea. De acuerdo con muchas informaciones vertidas por medios transalpinos, Sebas pedía tres años, y los de rojo le dijeron que «uno, y con rebajita de sueldo». Tras cuatro años infructuosos ya no le dan más prórrogas, en especial tras sus dos últimas temporadas. Si su 2018 fue flojo, en 2019 el posnovato Charles Leclerc le ha pasado la mano por la cara sin grandes dificultades y la figura del tetracampeón ha quedado erosionada. Se rumorea que Sebastian tiene ofertas de Renault y McLaren, así que es obvio pensar que en esos dos equipos, piensan que pueden tener espacio para él… porque sospechan que pueden perder al menos a un piloto cada uno. Esto nos conduce a las opciones de Maranello, que parecen ser de forma clara tres, o al menos dos y media.

    En la puerta A, Carlos Sainz

    Carlos Sainz es el favorito en este momento para sustituir a Sebastian Vettel en Ferrari.

    La más rumoreada por medios italianos, alemanes y españoles es Carlos Sainz. El trueque con Vettel tiene sentido enlazando con lo anterior, si es que deja su asiento en McLaren, pero hay otros elementos de juicio.

    1. Pasaría de ser líder de un equipo a secretario de Leclerc, y esta posibilidad ya la vivió, y muy a disgusto en Toro Rosso.
    2. Pasaría de un coche con el que no puede alcanzar el pódium a uno con el que podría hasta ganar carreras (si su estado de forma mecánico es parejo al monoplaza de 2019).
    3. El madrileño se sale del patrón habitual de fichajes de Ferrari, que sólo compra campeones o tíos que estén a punto de serlo. Leclerc no calzaba en esa plantilla, pero tenían a Vettel como faro de guía. Carlos no sólo no es campeón sino que jamás ha ganado una carrera, y pisó un único pódium de una forma absolutamente merecida pero algo accidentada. Sería un piloto muy raro en Ferrari.
    4. Sainz apostaría al futuro, con cambio de regulaciones en 2022, con una hipotética mejora general si es que ocurre, pero siempre a la sombra del monegasco.

    Hay quien piensa que es mejor ser cabeza de ratón, que cola de león, y ya habrá tiempo de saltar a otros terrenos. También hay quien piensa que estos trenes pasan una sola vez en la vida.

    En la puerta B, está Daniel Ricciardo

    Daniel Ricciardo se plantea abandonar Renault.

    El australiano sí ha ganado carreras y conoce muy bien el sabor del champán Carbon. A priori es mejor candidato, palmarés en mano, y su paso por Renault ha sido baldío en un año perruno para los del rombo, humillados por McLaren con sus mismas herramientas. Sainz, exRenault, acumuló a finales de año más puntos que toda la escudería en la que no le quisieron. En Madrid alguno debió fumarse un puro al ver esto.

    1. Daniel Ricciardo tendría que asumir ser escudero de Leclerc, y esto ya lo ha vivido antes, y sin ningún entusiasmo, de hecho en Red Bull se le subió a las barbas a Vettel el último año que corrieron juntos. Podrían aflorar tensiones, que en Ferrari tienen su apuesta colocada en el casino de Mónaco.
    2. Para el australiano sería un paso lógico en carrera ascendente. En Renault han dado un año flojaina pero lo que le llega a la marca puede ser aún peor, y todo lo que ocurre en La Regie, suele tener eco en el equipo de carreras por mucho que digan que son núcleos de negocio muy separados. Las energías y los dineros a aportar no son iguales y el marasmo que vive la automoción puede modular los destinos de los equipos-con-fabricante-adherido.

    El problema de estos dos, Sainz y Ricciardo, es que no sólo ninguno de los dos ha campeonado nunca, sino que ninguno ha peleado jamás por un título. Si además sumamos que en Ferrari llevan años sin caer coches ganadores y a la altura de sus competidores, pueden encontrarse con una situación de continuidad como underdogs.

    En la puerta C, tenemos a un viejo conocido: Fernando Alonso

    Fernando Alonso dejó la Fórmula 1 en 2018, pero quiere volver.

    La opción del asturiano es la más espinosa de todas y si hasta ahora era un deseo remoto, un sueño húmedo de los seguidores más acérrimos, hoy adquiere cierto sentido. Cierto, pero con muchos inconvenientes.

    1. Fernando Alonso salió de mala manera de la Scuderia hace un lustro. Salió tan mal que se fue justo a donde juró que jamás volvería, y para obtener los peores resultados de su vida. Pasó de una incómoda plaza de perseguidor al infierno de cerrar tablas, aunque no fue culpa suya. Los que dieron el portazo por dentro ya no están y ALO, que tampoco se mata por estar ahí, podría remozar y enjugar su estadística con algún resultado que a día de hoy tampoco le permite pensar que ganaría entorchados, pero sí podría llevarse alguna victoria al coleto. Sólo por manejar esa posibilidad, el de Oviedo, firmaría.
    2. Lleva dos años fuera de órbita. Que sí, que si Dakares, que si Indy500tos, que si WECs, pero la tensión permanente de la F1, el ritmo de las carreras y la velocidad que se te mete por dentro cuando estás en ese ambiente se suele perder si pasas demasiado tiempo fuera. Que le pregunten a Schumacher. Que le pregunten a Kimi. Que le pregunten a Prost. O que le pregunten al propio Alonso cuando volvió a McLaren… Menos Terminator, Alien y El Imperio Contraataca, segundas partes muy rara vez fueron buenas.
    3. Lo más espinoso de todo, y lo relacionado con la poesía repentista. Imaginemos que Ferrari tiene un coche digno en 2021. Imaginemos que Alonso da lo mejor de sí mismo. Imaginemos que reporta los resultados netos apetecidos a Ferrari. ¿Que tenemos? Tenemos a un piloto con cuarenta tacos, fuera del mercado lógico, con unas habilidades que empiezan a mermar de forma natural, que forma parte del pasado y no del futuro, que va a estar uno o dos años, para enjugar la cara del equipo, pero no para darle cuerpo ni continuidad.

    Sentado a su lado está Charles Leclerc, mimado como a un recién nacido, con un contrato hasta 2024, que está llamado a ser primer espada de un equipo ganador, y al que un temporero puede comerle la merienda, pasarle por encima, aguarle su fiesta, y pisotear su progresión. Es mucho riesgo. Ahora bien, si en Italia quieren resultados instantáneos a lo mejor es una buena opción, pero tendrán que sopesar qué ocurre después. Sería una opción pirotécnica, mediática, exuberante, pero de consecuencias incontrolables y sólo se tomaría a la desesperada.

    En el caso de Ferrari, además, hay que añadir un componente extra: venden coches y venden coches muy especiales. Sus coches son el demonio para la normativa medioambiental que llega. Si McLaren ya tiene previstos deportivos eléctricos en su futuro, a Ferrari todo esto no sólo se le atraganta sino que la electrificación haría perder gran parte de su espíritu. ¿Que que tiene que ver todo esto con la Fórmula 1? Pues que si mañana Euro 8 o Euro 9 rebaja más aún esa limitación, y es justo lo que va a ocurrir, o la Fórmula 1 monta los motores de Alejandro Agag o en Maranello no podrán decir que pasan gran parte de su tecnología de carreras a sus coches de calle, y por lo tanto el equipo de Fórmula 1 perderá gran parte de su sentido como argumento de ventas, sus coches serán como los demás.

    Si añades a esto la tabula rasa que quiere hacer Liberty, que no ganen tanto dinero, que no ganen títulos, comienza a adquirir sentido lo impensable: que abandonen la categoría en un tiempo razonable y se marchen a Le Mans o a su casa. Esto parece impensable hoy día, pero Euro 6 obligará a los fabricantes de coches a partir de 2022 a mandar a la atmósfera poco más de 40 gramos de CO2, que es un tercio de lo que emite la media de la industria a día de hoy. Si miramos las cifras de Ferrari se observan cifras que se disparan al triple de esto, de lo actual, y ocho o diez veces lo recetado por las autoridades.

    Es obvio que el espíritu de los Ferrari de calle va a cambiar, y sus F1 carecerán del sentido que tienen hoy. Esto, que parece lejano a lo deportivo tiene más valor del que parece, y tanto es así que el equipo Alfa Romeo (marca muy a la baja) está donde está y es de quien es para adquirir peso político en la toma de decisiones del conjunto. Los italianos, el equipo más político del mundo, necesitarán más política aún para garantizar su futuro y para ello necesitan resultados, estabilidad y unos cimientos bien plantados sobre los que trabajar. De ahí que su poesía pida sosiego y no decisiones atropelladas. Qué lío, ¿verdad? Pues quédate con la cara de Binotto, y aunque sea poco expresiva, mira como cada día está más serio. Casi como Vettel.

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