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Opinión F1Por qué McLaren y Sainz pueden permitirse ser optimistas en 2019

Como consecuencia del decepcionante rendimiento del equipo en los últimos cuatro años, pocos apuestan por la recuperación de McLaren a corto plazo.

Sin embargo, existen algunos condicionantes que indican que Carlos Sainz ha llegado en el momento justo a la mítica formación británica.

Es innegable que McLaren no tiene en este momento argumentos que sostengan la aspiración de volver a los puestos de cabeza el año que viene, pero la negatividad y el dramatismo que ha rodeado al equipo en los últimos meses se basa probablemente en los indicadores equivocados.

Durante el nefasto periodo de Honda, McLaren demostró ser capaz de compensar en parte el déficit de un propulsor que no contaba con el nivel mínimo exigido para competir en la Fórmula 1, algo que los mismos japoneses han admitido en muchas ocasiones.

Si analizamos las posiciones medias del equipo en los últimos cuatro años, observamos que McLaren fue más competitivo a una vuelta en las dos últimas temporadas con Honda que en la primera con Renault. Si nos fijamos en los datos de carrera, la lectura es similar y sólo la mayor fiabilidad del conjunto permite que la media de 2018 supere a la de 2015 y 2017, aunque no a la de 2016.

Pero cifras aparte, no cabe duda de que la temporada 2018 de McLaren ha sido profundamente decepcionante, pues la ilusión que el motor Renault insufló en Woking a mediados de septiembre del año pasado se tornó en preocupación tras la primera semana de entrenamientos de pretemporada en Barcelona a finales de febrero.

El retraso en la decisión sobre el motor a utilizar en 2018 propició que la evolución aerodinámica acumulara retraso y McLaren optó por presentar un MCL33 interino con el que acumular muchos kilómetros y recoger los datos que no había sido posible recopilar en temporadas anteriores como consecuencia de la fragilidad del motor Honda.

Pero en aquella primera semana de test McLaren detectó un fallo de diseño en el sistema de refrigeración del monoplaza que provocaba un sobrecalentamiento en las inmediaciones del propulsor francés, obligando al equipo a dejar de lado el que debía ser el paquete aerodinámico definitivo para comenzar la temporada en Australia.

Finalmente dicho paquete -que fue brevemente anticipado con pequeñas novedades en las carreras previas- debutó en el Gran Premio de España, causando admiración y curiosidad por lo innovador de algunas soluciones, especialmente en el morro. Aunque ya quedaba claro que las altas expectativas creadas por McLaren y el propio Fernando Alonso no iban a cumplirse, las cosas al menos parecían funcionar y el piloto español consiguió acceder a la Q3 por primera vez en todo el año. Adicionalmente, la fiabilidad del coche y el buen hacer del Alonso permitieron a McLaren soñar con terminar la temporada en disputa por el cuarto puesto del campeonato de constructores.

McLaren estrenó un innovador paquete aerodinámico en Barcelona, pero en realidad ese fue el inicio del fin para el MCL33.

Lo que no sabíamos es que algo iba mal desde el inicio en el diseño del coche: un defecto de base que los ingenieros y diseñadores no eran capaces de detectar en el túnel de viento y que marcaría definitivamente el desarrollo de la temporada.

Ya en junio, McLaren congeló el desarrollo del MCL33 para dedicar los entrenamientos libres de los viernes a experimentar y a buscar un fallo hasta ese momento indetectable. Se llegó a probar con alerones de especificaciones anteriores- incluso de 2017- y hasta híbridos. También se utilizaron piezas de prototipado rápido para poder analizar con mayor rapidez y menor coste diferentes soluciones, y los resultados de los Grandes Premios pasaron claramente a un segundo plano.

El McLaren MCL33 quedaba abandonado a su suerte y la velocidad del coche se estancó al no recibir piezas nuevas

A efectos prácticos, el McLaren MCL33 quedaba abandonado a su suerte y, aunque se seguía confiando en la capacidad de Fernando Alonso para lograr un monoplaza equilibrado con poco rodaje, lógicamente la velocidad del coche se estancó al no recibir piezas nuevas y pronto el objetivo pasó de acercarse a la Q3 a intentar no caer en la Q1. Los puntos, que en las primeras carreras eran una constante, finalmente pasaron a ser una simple esperanza si las circunstancias acompañaban. El cuarto puesto ya no importaba, sólo intentar no caer demasiado en la general para minimizar el coste económico de una apuesta arriesgada, pero que debe dar sus frutos en 2019.

Que McLaren puntuara en siete de las diez primeras carreras de la temporada no es casualidad, como no lo es que sólo lo consiguiera en tres de las siguientes once. A pesar de que la creencia más extendida en relación a este asunto es que en Woking han sido incapaces de desarrollar un coche ya de por sí poco competitivo que, por tanto, acabó peleándose con Williams por los últimos puestos como consecuencia directa de la mediocridad de sus integrantes, lo cierto es que McLaren ha apostado por sacrificar la temporada en beneficio de la siguiente.

Gil de Ferran es el elegido para liderar la reestructuración de McLaren.

En Woking sabían que no era realista pretender disputarle el cuarto puesto del campeonato a Renault y a Haas, especialmente si no eran capaces de detectar los defectos de diseño a tiempo para no repetirlos en el monoplaza de 2019. Por ello, dedicaron los Grandes Premios a encontrar la solución, añadiendo piezas nuevas y eliminando otras estrenadas con anterioridad para ir resolviendo incógnitas de la ecuación.

Mientras, en la factoría, los esfuerzos eran trasladados plenamente al coche de 2019, en claro contrapunto con lo realizado la temporada anterior, en la que se apostó por seguir evolucionando en MLC32 mientras se decidía qué motor acompañaría al coche de este año.

Finalmente el enigma del MCL33 fue resuelto a mediados de septiembre y el año que viene McLaren no tendrá excusas, pues no podrá argumentar que el Renault es un motor desconocido que hubo que implementar en el coche con celeridad y sin pleno conocimiento de sus características. Y tampoco podrá decir que no tuvo tiempo suficiente para pulir el diseño del chasis y la aerodinámica.

El rendimiento mostrado por McLaren este año es engañoso y no refleja la realidad del equipo y, aunque se encuentra en pleno proceso de regeneración técnica y organizativa, nada de eso debe evitar permitirle a los de Woking demostrar que el chasis de 2017 no fue flor de un día y que sigue habiendo talento y capacidad de innovación efectiva en Woking. Fernando Alonso ya no estará para enmascarar las limitaciones técnicas y McLaren debe conseguir de una vez por todas ser un equipo fiable y consistente a ese respecto, no hay excusa porque se han dado los pasos adecuados para ello. Ahora bien, si en 2019 el equipo no cumple, se habrán acabado definitivamente las razones para creer en McLaren.

Fotos: McLaren Racing

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