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La suspensión de nuestros coches (I): análisis e introducción

Analizamos la suspensión. Un elemento de vital importancia en nuestros coches ya que nos mantiene pegados al asfalto absorbiendo las irregularidades del terreno y manteniendo el confort de los ocupantes. Sin olvidarnos de su correcto mantenimiento, decisivo para nuestra seguridad.

Una de las funciones de la suspensión es absorber las irregularidades del terreno

La suspensión suele ser valorada como un elemento de confort, pero su función va muchísimo más allá, ya que es la encargada de conseguir que los neumáticos de nuestro coche trabajen en las mejores condiciones posibles de adherencia, corregir y mitigar las posibles transferencias de masas cuando aceleramos, frenamos y giramos, y por supuesto evitar los rebotes y oscilaciones de la carrocería haciendo que nuestro coche no pierda contacto con “la realidad”.

Vamos a analizar los componentes básicos de la suspensión y su función

El primer elemento de trabajo en una suspensión es el elemento elástico. La gran mayoría de fabricantes utilizan el clásico muelle, pero hay en el mercado otras alternativas, que dependiendo del uso del vehículo pueden ser mejores y conseguir un mejor comportamiento, por ejemplo barras de torsión o ballestas, que aún se siguen empleando en algunos vehículos todoterreno o cuando se necesita robustez para cargar grandes pesos.

Cualquiera de los sistemas anteriores tiene la función de soportar el peso del coche de manera flexible, procurando mantener una distancia constante con el suelo. Estos elementos elásticos tienen que tener la capacidad de comprimirse y ejercer una fuerza opuesta a la compresión directamente proporcional a ésta. Los materiales utilizados generalmente son acero, y sus efectos al comprimirse como causa de un bache o un apoyo fuerte en una curva, con empujar la carrocería hacía arriba. Dependiendo del tarado o dureza del muelle, la fuerza que ejerce hacía arriba será mayor o menor. La fuerza que son capaces de ejercer se mide en kilogramos por centímetro, por ejemplo, un muelle cuya tensión sea de 100kg/cm nos está indicando que por cada 100 kilogramos de peso que tenga que soportar, cederá un centímetro de altura.

Si la tensión del muelle es baja, la suspensión es muy flexible, lo que nos proporciona una alta capacidad de absorción de irregularidades. Las suspensiones con tensión baja de muelle son utilizadas para aumentar el confort o para vehículos que tengan que absorber grandes irregularidades como los todoterrenos. Como inconveniente nos encontramos la provocación de oscilaciones en la carrocería muy amplias. Incluso en situaciones de carga puede resultar peligroso por llegar a hacer tope de recorrido.

La salud de la suspensión influye en el comportamiento de nuestro coche, y por ende en nuestra seguridad

En el extremo opuesto nos encontramos con muelles con una tensión elevada. No absorben apenas las irregularidades, son incómodos en zonas bacheadas, limitan el recorrido de la suspensión en sentido vertical y producen efectos negativos en cuestión de rebotes que pueden provocar pérdida de contacto de la rueda con el suelo.

El objetivo del muelle es conseguir el mejor equilibrio posible entre las dos situaciones anteriores.

Amortiguadores

Como hemos descrito anteriormente, el muelle trabaja bajo el principio de acción/reacción, oponiéndose a ser comprimido y recuperando su forma y longitud original una vez contrarestada la energía provocada en su flexión. Si no dispusiéramos de ningún elemento que acabase con ese movimiento pendular, el coche oscilaría de manera constante como un columpio en cada bache. Aquí comienza a trabajar el amortiguador.

La función del amortiguador no es otra que reducir al máximo las oscilaciones, oponiendo resistencia tanto al movimiento de compresión –evitando el efecto rebote- como al de extensión –limitando la velocidad de ascenso del muelle-.

Por hacer una descripción muy básica de este elemento, el amortiguador funciona como una jeringuilla. Un extremo formado por un cuerpo hueco con forma cilíndrica está anclado a la carrocería, mientras el otro extremo está anclado a los brazos de la suspensión y consta de un vástago con un pistón que recorre el cilindro. Un fluido aceitoso llena el cilindro y se opone al movimiento del pistón. Para que no se colapse, una serie de orificios permiten el paso del aceite a través del pistón, resultando su tarado más o menos firme en función del tamaño de esos orificios y de la densidad del aceite.

Como es lógico el muelle y el amortiguar deben ir en sintonía para poder trabajar a la perfección.

Estabilizadoras

Cuando obtenemos un buen equilibrio en cuanto a confort y comportamiento pero buscamos un mayor control de las inclinaciones, se recurre a la barra estabilizadora. Se trata de una barra de acero que es capaz de retorcerse –torsionar-, está dispuesta en forma de U y va anclada en los extremos de un mismo eje.

Cuando tomamos una curva y el muelle ya no es capaz de controlar la inclinación producida por la fuerza centrífuga y la rueda exterior se comprime, el movimiento vertical de esa rueda hacia arriba se transmite a la rueda interior por efecto de la estabilizadora, limitando así el ángulo de inclinación.

Brazos de suspensión

A todos los elementos que conforman las diferentes articulaciones que permiten los movimientos verticales de la rueda se les denomina brazos de suspensión. Su longitud, ejes de articulación y los diferentes anclajes o arquitectura conformarán una geometría que le dará determinado tipo de comportamiento al vehículo.

La mayor o menor efectividad de la suspensión en conjunto está determinada por el correcto funcionamiento de los componentes de toda ella en conjunto. A esto hay que añadir otros factores del coche como el peso total, reparto de pesos y centro de gravedad etc.

Como el resto de los elementos que componen un coche, la suspensión se va desgastando y deteriorando con los kilómetros y el tiempo, haciendo que pierdan eficacia. Es imprescindible estar atentos ya que es un deterioro que se produce de manera lenta y es difícil detectarlo. Como referencia, los fabricantes de amortiguadores establecen que éstos pierden hasta el 50% de su eficacia a partir de los 80.000km. Perdiendo eficacia tanto en agarre como en frenadas. Nunca debemos descuidar el mantenimiento de nuestros vehículos, es una cuestión de seguridad.

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