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    Las 5 lecciones del caso Suzuki Jimny

    De vez en cuando, un "shock" en la industria del automóvil viene muy bien para revisar ciertas prácticas y mejorar para evitar problemas las próximas ocasiones. Esta vez el protagonista es el todoterreno ligero de Suzuki, el Jimny, que no tiene rival.

    Tanto se han afanado los competidores de Suzuki en relegar los todoterrenos de verdad al ámbito industrial o de alta gama, que han dejado numerosos huecos de mercado. Uno de ellos le tocaba casi en solitario al Suzuki Jimny, un modelo que, actualmente, no tiene rival, y que se ha visto sobrepasado por la demanda.

    Los errores de previsión de Suzuki le van a salir al fabricante un poco caros, ya que no podrá aprovechar toda la demanda que hay de este modelo en particular, al menos sí le sacarán rendimiento en mercados asiáticos donde no hay problemas con las normativas de emisiones.

    Repasemos qué es lo que Suzuki ha hecho mal (o no ha hecho)

    1º Hay que calcular mejor la demanda prevista de un modelo

    Suzuki ha sido demasiado conservadora a la hora de calcular cuántos Jimny iba a vender fuera de los mercados asiáticos. En Europa ha convencido la fórmula de todoterreno de verdad, una estética ruda y cuadrada con evidentes guiños a lo retro, precio asequible y todo lo que implica la producción japonesa. Gusta hasta a los clientes de SUV que no necesitan un todoterreno.

    La capacidad de la fábrica está bien por debajo de lo necesario, incluso a "toda máquina". Ni añadiendo una línea más de producción puede dar abasto. Han preferido perder potenciales clientes a tener una fábrica infrautilizada por una caída de la demanda del Jimny. Además, los concesionarios han tomado más pedidos de los que se podían servir. ¿Por qué no apostaron por una versión más cara y rentable?

    2º Los diseños globales no funcionan bien en todas partes

    El planteamiento de este modelo se ha hecho pensando en un sentido muy general, especialmente a nivel de motor: motor 1.5 atmosférico de inyección multipunto con cajas de cambio de cinco velocidades (manual) o cuatro (automática). Son soluciones ingenieriles típicas de hace 15 años o más. En Europa eso, por ejemplo, ya no funciona, produce demasiado CO2. Y eso se sabía hace años, no les ha debido pillar de sorpresa.

    Habría sido mucho más inteligente pactar con algún competidor el suministro de motores diésel, mucho más adecuado al planteamiento de un todoterreno, como se hizo en la generación anterior. Lograrían bajo CO2, que es de lo que se trata, y hacer el modelo mucho más "vendible". Para el mercado asiático sí, la idea es buena en general, no son muy de gasóleo que digamos.

    3º Hay demanda para los todoterreno pequeños

    Cuando un segmento es abandonado por los demás o se explota de forma insuficiente, el que llegue puede llevarse un trozo muy grande de la tarta que sea incapaz de asumir. Los valores residuales de los Jimny en Europa apenas van a caer, algunos cuestan más usados que nuevos, y todo es por que la demanda supera a la oferta.

    No hablamos de una edición especial ni es un coche para coleccionistas. Es un coche sencillo, de precio muy razonable, pero hay suficiente gente dispuesta a pagar de más con tal de hacerse uno sin esperar meses o un par de años. ¿Por qué ningún otro fabricante se interesa por esta categoría? ¿Acaso solo Suzuki sabe cómo hacer un todoterreno de talla S? ¿Hay vida más allá de los SUV? ¿Llegará el rival de Jeep a tiempo para hacerle daño?

    4º La hibridación ligera no va a bastar, tiene que ser otro motor

    Los 178 g/km de CO2 que emite el Jimny no se pueden apañar solo con hibridación ligera del tipo SHVS, no es una reducción potencial suficiente. Hay que hacer bastante más, y poco se puede hacer a nivel de peso o aerodinámica sin cambiar casi todo el coche. Una posibilidad es hacerlo eléctrico, otra es hacerlo híbrido enchufable, pero su precio se va a disparar.

    Es posible que la solución venga más de la mano del motor diésel adecuado para el uso que se le presupone a un todoterreno, incluso con hibridación ligera, para acercarse al máximo a esos 95 g/km y que Suzuki no acabe pagando sanciones a la UE por matricular coches con una media superior. También cabe la posibilidad de hibridar un tricilíndrico turbo, aunque sea a costa de perder potencia, para bajar lo suficiente el gramaje de carbono.

    5º Los japoneses son propensos a "morir de éxito"

    En los últimos 10 años varios fabricantes japoneses se han visto completamente desbordados por la demanda inicial de algunos de sus éxitos, como el Honda Insight, el Nissan Qashqai o el Toyota C-HR. A los grandes les ha sido más fácil adecuar la oferta a la demanda, pero los pequeños las han pasado canutas al tener menor margen de reacción. Han muerto de éxito.

    El problema que ha tenido Suzuki con el Jimny es haberlo hecho "demasiado atractivo", pues la fórmula de pequeño todoterreno ya existía -no hay una gran evolución tecnológica en ese sentido-. Uno de los ingredientes de la receta ha sido hacerlo como un todoterreno de verdad, no disfrazando un turismo con plásticos negros y ruedas imposibles para circular por carretera. Entre tantísimo SUV ha aparecido algo realmente distinto, por eso ha causado tanto deseo.

    No diremos adiós definitivamente al nuevo Jimny, pero habrá que armarse de paciencia para adquirir uno...

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