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La historia de Le Mans: los 'Bentley Boys' (1927-1930)

Tras salir derrotado los años anteriores, Walter Owen Bentley dueño de la marca que llevaba su nombre, decidió aceptar el desafío de recuperar la vitola vencedora de Le Mans. Junto a un grupo de gente exitosa en sus negocios y profesiones, se lanzaron con todo para recuperar la gloria. Se les conoció como ‘The Bentley Boys’.

De izq. a dcha, Los 'Bentley Boys': Frank Clement, Leslie Callingham, Baron d'Erlanger, George Duller, Sammy Davis and Dudley Benjafield. Detrás de d'Erlanger a su izq. está Woolf Barnato.

En 1927, los primeros síntomas de que algo no iba bien se dejaron sentir en la inscripción de la prueba. Sólo 23 coches formalizaron su inscripción y 22 se presentaron para disputar la carrera. Con las grandes marcas francesas con problemas graves e incluso desapareciendo, sólo los pequeños fabricantes y sus pequeños coches, intentaban salvar el honor de la ‘patrie’. Los únicos inscritos en las categorías grandes eran los Bentley. Hasta tres coches frente a un solitario Aries de 3 litros de cubicaje. John Duff, que junto a Frank Clement, le había dado a Bentley su primera victoria en la prueba, se había ido a correr a Estados Unidos. Allí un accidente y una promesa a su esposa le hizo dejar las carreras.

Frank Clement compartía el Bentley más potente, el de motor de 4,4 litros y 6 cilindros en línea con Leslie Callingham. Clement se puso en cabeza desde el primer metro y, a pesar del handicap de la capota, marcó el récord de vuelta del circuito en el segundo giro. Detrás los coches hermanos de 3 litros y 4 cilindros en línea. El Aries poco a poco iba cediendo terreno con sus verdes oponentes británicos. Así en formación y sin mayor oposición, además de no teniendo por qué exprimir a los coches, circulaban hacia una segura victoria. Pero en Le Mans, como en las carreras en general, no hay nada seguro.

A las 9:30 de la noche, con el ocaso confundiendo bordes de la pista y la oscuridad ganando terreno muy rápido por un cielo muy nublado, el azar soltaba un latigazo. En Maison Blanche el Theo Schneider de 2 litros que pilotaba Pierre Tabourin iniciaba un accidente en cadena demoledor. Tabourin perdía el control derrapando en la difícil curva a la izquierda, ayudado por la humedad de un pequeño chaparrón que había caído con anterioridad. Sorprendido al pasarle por el interior otro rival, se quedó cruzado bloqueando la parte exterior de la misma, la parte de la trazada natural. Podía haber sido con otros coches alrededor. Pero no. El coche que venía detrás era el líder. El Bentley en manos de Callingham. Leslie evitó embestir al pequeño vehículo y se fue a la cuneta. Su pesado coche volcó y quedó al lado del Schneider mientras él aterrizaba en medio de la pista lanzado por el vuelco.

Su pesado coche volcó y quedó al lado del Schneider mientras él aterrizaba en medio de la pista lanzado por el vuelco

Callingham se levantó como pudo, completamente aturdido, con una sola idea en su cabeza. Avisar como fuera a los pilotos que llegaban a la ciega curva. Detrás otro Teo Schneider chocaba con ambos: su coche gemelo y la gran mole británica. El segundo Bentley también se unió con un fuerte golpe al desguace que se había preparado. George Duller no tuvo ya tiempo de reaccionar con la pista completamente bloqueada y voló también lanzado por el fuerte golpe para caer en la pista como su compañero Leslie. Todavía quedaba un pequeño Aries para unirse al monumental destrozo y detrás venía Sammy Davis. Davis a bordo del ‘Old Number 7’ (Viejo número 7), el coche que se había estrellado en la edición del año anterior.

Pintura que escenifica el accidente producido en 'White House' en 1927.

Davis llegó rápido, pero algo le hizo levantar el pie. Vio el polvo levantado por los coches de sus compañeros al irse fuera de la carretera, y piedras y restos de los choques al empezar a girar. Sammy fue capaz de evitar el golpe frontal a la pila de coches. Consiguió forzar el derrapaje y golpear de lado. Su parte delantera derecha golpeó fuertemente a la rueda de uno de los Bentley accidentados y éste se le subió encima.

George Duller había intentado avisar a Davis pero, en su desorientación tras el accidente, estaba en la parte interior de la curva. Davis no le vio. Pero tras el accidente Sammy fue rápidamente a su lado. George sangraba de la boca pero, más allá de la conmoción y que casi no oía, estaba bien. Tocaba buscar a Leslie. Fueron a los restos del primer Bentley desesperados buscando debajo. Leslie estaba, como George, completamente sonado por el accidente y casi se carcajeó cuando llegó y vio a sus compañeros desesperados buscándole. En ese momento Davis volvió a su coche para intentar salir de allí.

De los seis coches implicados, todos menos uno tuvieron que abandonar en un estado casi inservible

De los seis coches implicados, todos menos uno tuvieron que abandonar en un estado casi inservible. Davis consiguió sacar su Bentley de allí y seguir hasta boxes, a poco más de un kilómetro de distancia. Se bajó gritando y avisando del accidente: “Múltiple accidente con seis coches en ‘White House’, un lío del demonio”. Quizá en condiciones de más luz podría haber adivinado el pequeño hueco por el que pasó tras recuperar su coche. Pero no cabe duda que su maniobra evasiva evitó, al menos momentáneamente, el desastre total para su equipo. A pesar de la violencia de los choques, ninguno de los pilotos sufrió lesiones graves. La peor parte fue para Tabourin con varias costillas rotas y el húmero izquierdo fracturado.

Fotografía de la época que muestra algunos de los coches accidentados en 'White House'.

Davis comprobó en boxes que el chasis estaba doblado al igual que el eje delantero. Todo el guardabarros y la protección delantera lateral derecha estaban destrozados, así como el faro de ese lado. Sammy, que como decían las reglas sólo podía arreglar el coche con lo que llevara a bordo y sin ayuda, trabajó durante más de media hora. Reparó el faro, cambió la rueda delantera derecha y, como pudo, aseguró la parte derecha. Mojado por la lluvia que volvía a caer, tuvo arrestos de completar seis vueltas más tras la experiencia vivida. Con un coche descolocado y la pista muy resbaladiza.

El Doctor Dudley Benjafield, un eminente bacteriólogo, se subió al castigado Bentley restante. Con la pista mojada, no sólo no dudó a la hora de subirse, si no que lo hizo con una gran sonrisa. El Aries se había hecho con cuatro vueltas de ventaja. Durante la noche, con bastante lluvia, la diferencia se redujo poco a poco, pero no lo suficiente. Pero los inconvenientes mecánicos llegaron para el coche francés. Un problema con su motor de arranque le dejó con una vuelta de ventaja. Aunque con Jean Chassagne al volante no perdían tiempo, incluso lo ganaban. Pero a falta de una hora y media Jean se quedaba tirado. Poco después pasaba el Bentley que sólo tuvo que rodar sin forzar lo más mínimo hasta meta. Lo que hizo principalmente Dudley de noche, sobrepasa con creces a la temeridad. Problemas con la frenada con el circuito mojado -se iba hacia la derecha- convertían el pilotaje en crítico. La dirección podía romperse en cualquier momento. Y aún así tiró con todo para recuperar. El ‘Old Number 7’, maltratado el año anterior, que volvía a ser golpeado en esta edición, devolvía los laureles de la victoria a Bentley.

Recepción organizada por Autocar para el equipo Bentley.

De no haber podido salvar el coche Sammy Davis, la victoria habría ido a parar a un Salmson de 1,1 litros. Aún así André de Victor y Jean Hasley ganaron en la clasificación por handicap.

El coche ganador tuvo una recepción como si de una estrella se tratara. La publicación ‘Autocar’ le agasajó en el Hotel Savoy, junto a todo el equipo Bentley. El ‘Old Number Seven’ lució orgulloso sus heridas de guerra que no le habían sido reparadas. Lamentablemente para él, alguien se lo compró a Bentley. Le montó una carrocería cerrada y lo pintó de amarillo. Como no podía ser de otra manera, vista su historia de incidentes, su dueño lo estrelló contra un poste de luz destrozándolo y dejándolo sin reparación posible.

1928

La publicidad generada por la victoria de Bentley, animó a más británicos a lanzarse de nuevo a correr la prueba como sucediera unos años antes. También algunos estadounidenses empezaron a tomarse muy en serio la prueba, que seguía cojeando de marcas locales. Sólo Aries, de nuevo, partía como oposición a la invasión de habla inglesa. Con 33 coches se mejoró la inscripción del año anterior.

El comienzo de carrera fue frenético entre dos de los Bentley y el Stutz BB Blackhawk estadounidense, que con el local Edouoard Brisson al volante marcó alguna vuelta rápida. El Stutz montaba un motor Chrysler de 4,9 litros y 6 cilindros en línea. El Aries no tuvo tiempo de mezclarse en la lucha abandonando tras dos vueltas. Bentley de nuevo iba a sufrir en la carrera. El tercer coche con Sir Henry Birkin al volante, perdió una rueda al rodar el británico con ella pinchada y no parar a cambiarla porque no tenía gato. Resultado. Salida de pista y 3 horas y media hasta poder volver a carrera.

El comienzo de carrera fue frenético entre dos de los Bentley y el Stutz BB Blackhawk estadounidense

El Stutz terminó ganándole la batalla a los Bentley y lideró con comodidad durante la noche. En ella los británicos perdieron a otra unidad. Con Benjafield al volante, el coche sufrió una rotura del chasis debido a las vibraciones. Al ceder aquel, uno de los tubos del radiador se arrancó dañando poco después el motor. En el equipo se temieron lo peor. Que esa avería se reprodujera en el coche superviviente, ya que eran similares.

Por detrás Birkin y Chassagne rodaban rapidísimo en un circuito casi desierto en el que a duras penas rodaban 20 coches. A falta de cuatro horas, en Bentley decidieron que había que ir a por todas. Woolf Barnato empezó a quitarle 15 segundos por vuelta al Stutz. Aprovechando una parada en boxes del coche americano, Barnato se puso líder. Los problemas en el Stutz estaban en el cambio. Había perdió la primera y la segunda. Pero el esfuerzo de Barnato sobre su Bentley le pasó factura también. La misma avería de chasis llevó al mismo problema del radiador. Dos coches muy tocados se enfrentaban a la última hora. El Stutz sufría para ganar velocidad. El Bentley tenía que ser tratado con sumo cuidado para no pasar de ciertas revoluciones y no calentar más el motor.

El Bentley de Barnato y Rubin, ganadores en 1928.

A las 4 de la tarde todo el público, los comisarios de meta, los mecánicos en boxes, miraban hacia donde el horizonte se juntaba con el cielo y se perdía la recta, esperando ver qué coche aparecía primero. La ya familiar silueta frontal del Bentley apareció primero consiguiendo Woolf Barnato y Bernard Rubin la tercera victoria para la marca inglesa y la segunda consecutiva. Edouard Brisson y Robert Bloch estuvieron a punto de ganar en casa tras buscarse un coche foráneo ante las ausencias de las marcas francesas.

1929

Con el pánico recién desatado en el mundo por el ‘Crack del 29’, la inscripción se redujo a 25 vehículos. De nuevo casi sin rastro de los coches grandes franceses y con Bentley, en plena lucha comercial con otras marcas británicas (en especial Rolls Royce), con cinco unidades en liza. Cuatro del mismo tipo a los que habían participado -y ganado- el año anterior, con 4,5 litros de cilindrada. Con el chasis reforzado para evitar la avería que casi les cuesta la victoria. Además uno nuevo para Sir Henry ‘Tim’ Birkin y Woolf Barnato, uno de los vencedores de la anterior edición, que tenía una pinta formidable. Con 6 cilindros en línea y 6,5 litros de cubicaje, el motor se había diseñado para hacer frente al Phantom de Rolls Royce. En Bentley lo habían montado en un chasis corto y bajo.

Enfrente de nuevo los americanos. Los Stutz con un nuevo motor de 8 cilindros y sobrealimentado. Varios Chrysler Six y un Du Pont con un motor Continental de 5,3 litros y 8 cilindros en línea. También había algún Lagonda, un Invicta y un Lea-Francis y sin coches italianos.

'Benji' Benjafield, uno de los pilotos más rápidos de Bentley, que siempre estuvo dispuesto a sacrificarse por el bien del equipo.

El circuito fue modificado por primera vez desde 1923. Se recortó en 900 metros aproximadamente, eliminado la horquilla de Pontlieue y se había creado la Rue de Circuit con dos curvas a la derecha. Con ello se evitaba entrar demasiado en el pueblo de Le Mans por motivos de seguridad.

Todos los Bentley empezaron marcando un ritmo que sólo pudieron aguantar dos de los Stutz. Earl Howe fue la primera baja en el equipo británico al fallarle las bujías. Estaba cayendo la noche. Los otros Bentley y el Stutz de George Eyston y Dick Watney ya habían doblado, al menos una vez, a todos sus rivales.

Por primera vez los tres grandes premios repartidos por la carrera recayeron en el mismo coche

La preparación de los Bentley y las mejoras derivadas de las experiencias de las anteriores ediciones, les hicieron rodar sin problemas mientras los rivales iban sufriendo lo suyo. En la noche una pérdida de gasolina por un depósito dañado dejó al único Stutz, con opciones de molestar a los líderes, fuera de carrera. Bentley lograba la victoria más impresionante hasta el momento en la historia de la prueba copando las primeras cuatro posiciones.

Sólo cruzaron la meta diez coches. Birkin y Barnato marcaron la vuelta rápida del nuevo circuito. Y por primera vez los tres grandes premios repartidos por la carrera recayeron en el mismo coche. Aparte de lograr la victoria, ganaron la Copa Bienal y la del Índice de Rendimiento. Éste solía recaer en los coches de menos cilindrada. Pero el gran ritmo y la gran ventaja conseguido por el Bentley Speed Six le hizo imbatible.

Publicidad que celebra la cuarta victoria de Bentley en Le Mans.

1930

La publicidad que estaba consiguiendo Bentley, y por ende la industria automovilística británica, con las victorias tuvo consecuencias en Francia, donde se criticó con mucha dureza la ausencia de la industria del motor en general en la prueba enseña gala. Pero las marcas siguieron haciendo oídos sordos a las críticas y su ausencia de nuevo, más los problemas económicos a nivel mundial, dejaron la inscripción en la más baja de la historia. Sólo 17 coches tomaron la salida.

Bentley envió cinco unidades con tres Speed Six más dos sobrealimentados ‘Blower’. Los americanos se redujeron a dos Stutz. Aunque dos nuevos fabricantes llegaron hasta el Circuito de La Sarthe. Mercedes y Alfa Romeo con un coche cada uno.

Las marcas francesas siguieron haciendo oídos sordos a las críticas y se ausentaron de nuevo

Ya ni las categorías pequeñas atraían a los franceses. Sólo tres de todos los inscritos eran locales. Dos Tractas y un Bugatti de 1,5 litros que fue pilotado por dos señoritas, Marguerite Mereuse y Odette Siko. La primera vez que había participantes femeninas en Le Mans.

A pesar del buen ritmo mostrado el año anterior, los Stutz no fueron competitivos en ningún momento. Sin mencionar las averías que los dejaron fuera pronto, uno con un incendio y otro con el eje trasero roto tras un accidente. La carrera pronto se centró en un duelo Bentley-Mercedes. Rudolf Caracciola, con Christian Werner, se puso primero desde la salida, pero en la cuarta vuelta Birkin le adelanto son su ‘Blower’ tras una dura lucha. Pero al hacerlo, probablemente porque Caracciola no se percató hasta el último momento de que iba a ser pasado, pisó la cuneta y pinchó una rueda. Paró a cambiarla mientras el enorme coche alemán se quedaba por delante a la espera del siguiente ataque.

Woolf Barnato y Glenn Kidston lucharon hasta la caída de la noche sin descanso. Luchando contra la potencia del Mercedes con los 7,1 litros de su motor con 6 cilindros en línea y sobrealimentado. Esta potencia extra sólo la usaban los alemanes en ciertos momentos porque generaba, lógicamente, mucho estrés al motor. Bentley presionaba para que la tuvieran que utilizar más de lo debido. Pero pronto en el equipo británico les llegó otro problema. Mientras debían de cambiar de neumáticos, al menos dos de ellos en cada parada, el Mercedes no tenía problema alguno.

Una vuelta pasaba el Mercedes en cabeza con la noche cayendo y a la siguiente era el Bentley. Werner estaba al volante y Barnato presionaba sin descanso al alemán. Christian tenía que usar su sobrealimentador cada vuelta para no perder de vista al Bentley. Pero el fuerte calor, que estaba provocando problemas con el alquitrán en la superficie de la pista, seguía cobrando neumáticos en los coches ingleses.

Los Speed Six los que cerraron la exitosa participación de Bentley en Le Mans con un doblete

A mitad de la madrugada Werner paró en boxes para repostar. Todo fue bien, pero a la hora de arrancar no había corriente. La batería estaba sin carga. El impresionante y maravilloso duelo llegaba a su fin. Bentley tenía la carrera en la mano.

Aún así sufrieron los abandonos de sus ‘Blower’ y fueron los Speed Six los que cerraron la exitosa participación de Bentley en Le Mans con un doblete. La crisis mundial golpeó fuertemente a la marca y entró en liquidación en 1931. Para los británicos el nombre de Le Mans siempre estará intrínsecamente unido a Bentley y a sus ‘Bentley Boys’, que dominaron los años 20 con cinco victorias y elevaron a arte el coche de calle deportivo.

Consulta todos los capítulos de la serie 'La historia de Le Mans', aquí.

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