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    Amores de juventud: el Rover 220 Coupé Turbo

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    El Rover 220 Coupé Turbo, un auténtico lobo con piel de cordero.Wheelsage.org

    En la década de los 80 y 90, Rover basaba su gama en compactos y berlinas aburguesadas de buen porte. Pero, cuando en 1995 lanzó el 220 Coupé Turbo, todo lo que representaba la marca británica para el comprador saltó por los aires.

    Podría decirse que el Rover 220 Coupé Turbo significó la expresión comercial de un episodio de locura transitoria de los ingenieros de la firma británica. O, al menos, un breve acto de rebeldía frente al tradicional enfoque señorial y aburguesado de Rover con todos sus modelos.

    La saga 200 Coupé procedía de la segunda generación del 200, lanzada al mercado por primera vez en 1984 bajo carrocerías compactas propias de los segmentos B y C. Los coupé de dos puertas contaban con una mayoría de elementos de la serie 200, aunque con algunos paneles de la carrocería específicos, y fueron presentados en el Salón de París de 1992.

    Un coche de tracción delantera y chasis acomodado con 200 CV y diferencial autoblocante tipo Torsen

    Una de sus principales características era el singular techo, tipo targa, que estaba formado por dos piezas de vidrio recubiertas de titanio y que únicamente permitían una transmisión solar del 6%. Dichos paneles se asentaban sobre una barra central en forma de T y podían inclinarse o retirarse de manera independiente.

    A nivel interior, el clásico refinamiento y elegancia de Rover se mantenían presentes en un habitáculo de cuatro asientos independientes decorado con terminaciones de nogal y tejidos de calidad. Además, contaba con equipamiento destacable como cierre centralizado a distancia por infrarrojos o sistema de alarma ultrasónica de protección perimétrica y volumétrica.

    El 220 Coupé Turbo

    Los primeros modelos de la gama 200 Coupé fueron el 216 Coupé y el 220 Coupé, que contaban con motores 1.6 de 111 CV y 2.0 de 136 CV respectivamente. Pero el modelo que marcaría un punto de inflexión fue el salvaje 220 Coupé Turbo, que tomaba como base el bloque de 2 litros para, con ayuda del turbocompresor, llegar hasta los 200 CV de potencia.

    En la época, los coupés de 2 litros y 16 válvulas estaban de moda, pero lo cierto es que el Rover 220 Coupé Turbo era una especie única por varias razones: se trataba de un coche de tracción delantera y chasis de carácter claramente acomodado al que se le había incrementado notablemente la potencia y acoplado un diferencial autoblocante tipo Torsen, propio de modelos de propulsión trasera o integral con claras cualidades deportivas.

    El Rover 220 Coupé Turbo en manos de Tiff Needell por la Autobahn alemana y el Nördschleife.

    El resultado fue un coche de comportamiento excitante y explosivo, incluso salvaje. Una combinación que exigía conductores experimentados y que podía llegar a ser algo frustrante.

    Cuando uno se plantaba frente al 220 Coupé Turbo, veía un vehículo muy diferente al que luego experimentaba durante la conducción y eso lo convertía en un coche muy especial y repleto de carácter. Grandes bestias de la época como el Lancia Delta HF Integrale, el Ford Escort Cosworth o el Opel Calibra Turbo sufrían para mejorar las prestaciones de nuestro protagonista, viéndose incluso superados en cifras como las de velocidad punta y recuperaciones.

    (Falta de) Armonía

    Suele ser la clave de un gran deportivo: ser capaz de combinar prestaciones con un comportamiento dinámico que permita exprimirlas al máximo. Pero este no era el caso del 220 Coupé Turbo, pues combinaba una mecánica excepcional y prestacionalmente espectacular con un bastidor y componentes asociados muy por debajo de las posibilidades del tren motriz.

    Y es que no se trataba sólo del chasis y su rigidez torsional (situación agravada por el techo acristalado), sino también de las suspensiones y los frenos. En definitiva, el Rover 220 Coupé Turbo era un temible dragster que obligaba al conductor a achantarse en cuanto llegaban las primeras curvas. La base era la misma que la del 220 GTI de 136 CV y ni siquiera se habían modificado las barras estabilizadoras (los neumáticos sólo pasaron de 185 a 195 de ancho).

    El motor en sí, un 2.0 tipo DOHC turboalimentado de 16 válvulas perteneciente a la serie T (proyecto Tomcat), era sin duda lo mejor del coche. En esencia, era el mismo motor del Rover 820 Ti, pero potenciado en 20 CV a través de modificaciones en los árboles de levas, la inyección y el encendido. Su garra, elasticidad y la progresividad del turbo hacían de este motor uno de los mejores del mercado.

    En definitiva, un conductor muy experimentado podía sacarle partido, pero a costa de saber controlar reacciones muy vivas a través de la concentración y la pericia. Eso sí, los acabados del 220 Coupé Turbo, como buen Rover de la época, eran muy buenos y el habitáculo proporcionaba gran comodidad. Sin embargo, el cuadro de mandos era escaso y el techo de cristal generaba bastante ruido a partir de los 140 km/h.

    El 220 Coupé cesó su producción en 1998 tras seis años en el mercado y buenas cifras de ventas. Y su versión Turbo fue, sin lugar a dudas, uno de los más feroces lobos con piel de cordero de la historia de la automoción.

    El habitáculo era sobrio y señorial, como marcaban los cánones de Rover.

    CARACTERÍSTICAS GENERALES

    El monumental motor 2.0 DHOC turbo 16 válvulas, una auténtica joya.

    Fotos: Wheelsage.org

    Amores de juventud: el Rover 220 Coupé Turbo