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    Trócola: ¿existe de verdad y tan grave es que se averíe en nuestro coche?

    ¿Es real la trócola o una simple invención?

    El dúo cómico Gomaespuma popularizó la junta de la trócola a través de un anuncio emitido hace décadas. Pero, ¿existe realmente esta pieza en los coches? Y si es así, ¿cuesta tanto arreglarlo como decía el anuncio?

    Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, el dúo cómico Gomaespuma, grabaron un anuncio de promoción de Puritos Reig en el que un mecánico le daba un disgusto a uno de sus clientes al comunicarle que se le había roto la junta de la trócola del coche y que la reparación iba a ser muy cara.

    «Pues esto, ya le digo, Don Julitos, puede ser el tapacubos o la junta de la trócola, que como sea... », le contaba el mecánico al asustado cliente, que contestaba «A ver si hay suerte» en el anuncio. Pero no la hubo: «Pues es la junta de la trócola, ¡vaya preparando medio kilo!». «¡Canastos!», exclamaba Don Julitos.

    Así eran los anuncios de Gomaespuma relacionados con la trócola.

    Desde entonces, la junta de la trócola se hizo muy popular en la sociedad española y sirvió para múltiples comentarios jocosos en talleres y conversaciones entre amigos, pues quedó asociada a averías muy caras y complejas de solucionar, no exentas tampoco de cierta incertidumbre sobre su origen real.

    ¿Qué es la trócola?

    Desde entonces, muchos somos los que nos hemos preguntado si la trócola existe realmente o es una invención para el anuncio. Lo cierto es que la trócola, si atendemos estrictamente al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es sinónimo de polea. Es decir:

    1. Mecanismo que consiste en una rueda giratoria de borde acanalado, por el que se desliza una cuerda o cadena, y que sirve para mover o levantar cosas pesadas.
    2. Rueda metálica de llanta plana que se usa en las transmisiones por correas.
    3. Motón doble, o sea, de dos cuerpos, uno prolongación del otro, y cuyas roldanas están en el mismo plano.

    Dicho esto, la trócola puede asociarse a algunos elementos propios de un vehículo a motor, pero lo cierto es que en los talleres mecánicos es un término que se lleva usando muchas décadas y que suele asociarse a un elemento en concreto.

    Muchas personas identifican la junta de la trócola con la junta de la culata por ser precisamente eso, una junta, y por ser extremadamente cara su avería, ya que suele venir dada por un sobrecalentamiento del motor que acaba gripando el motor.

    Pero lo cierto es que la asociación más habitual que suele hacerse con la trócola está relacionada con el fuelle de transmisión, que es un protector de goma que cubre las juntas homocinéticas de los palieres y el diferencial, evitando que elementos externos como el polvo, el agua o la tierra las dañen. Esto es posible gracias a que conservan la grasa que las lubrica en su interior, pero para entender mejor su funcionamiento y cometido vamos a recordar los elementos que conforman la transmisión.

    El volante motor instalado en el propulsor transmite su giro a la caja de cambios a través del embrague. Si el motor se encuentra colocado en un eje diferente al de tracción, el árbol de transmisión se encarga de hacerlo. E, independientemente de ello, el diferencial es el que se encarga posteriormente de distribuir el giro entre las ruedas a través de los palieres.

    El fuelle de transmisión suele ser el elemento más comúnmente asociado a la trócola.

    Estos dos últimos elementos constan de juntas homocinéticas, que son las encargadas de permitir la transmisión de giro entre dos ejes móviles. En este caso, entre el diferencial y los palieres o entre el palier y la rueda. Estas juntas tienen que estar lubricadas y protegidas para seguir cumpliendo su cometido, o de lo contrario se romperán y provocarán daños en otros elementos de la transmisión. En caso de ocurrir, la avería puede ser, efectivamente, cara, ya que existe riesgo de que incluso el palier llegue a doblarse o partirse.

    También es cierto que la junta de la trócola ha sido utilizada en el pasado por muchos talleres para timar al cliente cuando este no estaba puesto en mecánica, aprovechando la coyuntura para cobrar un buen dinero por una averìa inexistente.

    Entonces, ¿existe realmente la trócola? Lo cierto es que en relación a este término, hay un poco de realidad y también un poco de leyenda.