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Los coches de rally venden utilitarios

Los deportes de motor no son únicamente competición, son espectáculo, y por tanto, negocio

La temporada 2017 del WRC está dominada por Citroën, Ford, Hyundai y Toyota

Se usarán las carreras para promocionar los utilitarios que se parecen a los bólidos

Hyundai i20 WRC

Que no nos sorprenda nada encontrar publicidad de algunos fabricantes en los que se nos intenta relacionar un coche de su gama con un modelo que compite en rallies. Como si lo viera, en la imagen se podrá ver el coche de competición, un precio "desde" del modelo más económico (que poca gente compra), y dos coches que se encuentran prácticamente en las antípodas, solo que se parecen.

El fenómeno no es precisamente nuevo

Durante años los fabricantes han tratado de capitalizar su participación en "la Fórmula 1 campestre" en forma de ventas. En sentido análogo se anuncian las versiones más deportivas a la venta pero con los precios "desde", los de los modelos más baratos, menos equipados y con menor potencia. En cierto modo, hablamos de anzuelos.

Hubo una época en la que era posible comprarse un coche de rally tal cual, matriculado, con los elementos imprescindibles para poder circular legalmente. Eran series muy limitadas, a precios prohibitivos, que ahora se encuentran cotizadísimas. Probad a encontrar un Peugeot 205 T16 en buenas condiciones, una salvajada y media en euros. Son muy pocos, y por lo tanto, únicos. Esos coches se hicieron por imperativo legal para poder competir; si había que hacer 200, se hacían 200 y se cerraba la línea de producción.

En la actualidad, es prácticamente imposible comprar un coche de calle que sea parecido mecánicamente a uno de rally. Para empezar, hay una serie de elementos que nunca estarán en un coche de calle, como las jaulas de seguridad, los extintores o las cajas de cambio especiales para correr y que no revienten.

En sentido contrario, hay cosas de coches de calle que no tienen sentido alguno en bólidos de competición, como los plásticos del interior, equipamiento de seguridad activa (tales como asistencias a la conducción), navegador, aislamientos acústicos o Bluetooth. Esas diferencias ya son muy importantes. A veces ni siquiera tienen que ver a nivel de chasis, bajo la chapa encontraríamos tubos y soldaduras, no un monocasco al uso.

Pero sigamos. Mecánicamente un coche de competición y uno de calle se suelen parecer en el blanco de los ojos. Un modelo preparado para competir en WRC o WRC 2 tiene un motor que jamás pisará la calle (homologar eso para Euro 6 sería una pesadilla), cajas de cambios que no tienen sentido práctico en la vida real, suspensiones preparadas para unos castigos brutales, tracción total que el cliente ni siquiera solicita, etc. Eso sí, el cascarón se parece bastante, siempre y cuando no se mire qué hay dentro.

Opel Adam R2

En algunas marcas tenemos coches con una preparación notable para poder participar en algún tipo de competición, y la semejanza a los modelos de calle son más patentes. Por ejemplo, tenemos el Opel Adam R2 o el Skoda Fabia R5. Hay preparaciones de fábrica y otras que se hacen por parte de terceros, como los Toyota Aygo de la copa Kobe Motor. Estas diferencias se notan mucho a la hora de mirar precios.

Pese a todo, conducir un coche de calle y uno preparado para correr se puede parecer tanto como una obra de teatro escolar de fin de curso y una representación de actores profesionales en Broadway; en ambos casos hablamos de teatro. Por eso resulta -engañoso no es la palabra- como mínimo confuso intentar asociar ambas cosas, ya que el cliente medio no tiene conocimientos suficientes como para entender que el coche que se va a comprar no tendría nada que hacer en una prueba real aunque lo pilotase el mismísimo Loeb.

¿Se parecen por fuera? Desde luego, pero ahí empiezan a terminarse las semejanzas. Afortunadamente para los que conducimos coches de calle, su elevada estandarización y producción masiva reducen mucho los costes. De poder comprar alguien un modelo de carreras homologado para calle, podría comprobar que los precios serían inasumibles. Además, la utilización diaria de esos coches sería una tortura.

¿Y qué sentido tiene que haya coches de carreras matriculables? Me temo que su público no son los quemados del motor, sino pilotos con mayor o menor apoyo financiero que quieren trasladarse de un tramo a otro sin necesidad de un remolque o un camión. La competición no es cara, es lo que hay en la siguiente provincia, por lo que correr es algo que solo hacen los ricos y los que tienen unos patrocinadores adecuados.

De ganar dinero corriendo ya hablamos otro día

A buen seguro todos estos fabricantes harán lo posible por obtener una rentabilidad de su participación en las carreras a base de vender modelos convencionales, poco negocio hay en vender coches preparados para correr. Los que tienen un precio "desde" se venden muy poco a particulares, son más idóneos para flotas o empresas donde cualquier lujo es superfluo. Las versiones medias -o incluso las altas- son las que acaparan mayor número de ventas.

Otras fuentes de ingresos al circo vendrán por los derechos de televisión, las licencias para videojuegos, camisetas, tazas... Eso sí, vender no es todo, también se trata de obtener réditos a nivel de imagen. Hay competiciones que no suponen la venta de ningún modelo en concreto, como puede ser Le Mans en categoría LMP1, pero sirven para obtener algo que no tiene precio: respeto, historia y pedigrí. Algunas cosas solo pueden ganarse en las carreras, el resto lo puede hacer el márquetin.

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