Especulación: la otra cara del coleccionismo de vehículos clásicos

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La especulación suele ir de la mano de cualquier tipo de coleccionismo, aunque en el caso de los automóviles clásicos ha adquirido en los últimos tiempos unas dimensiones mayores de lo que cabría esperar. ¿La especulación con clásicos es tan perjudicial como dicen algunos?.

Ferrari 250 GTO.

El mundo del coleccionismo es casi tan antiguo como la industria del motor. Desde los primeros momentos, incluso cuando aquellos primitivos automóviles eran solo para las clases más adineradas, siempre hubo quién no se conformó con un solo ejemplar. Sin embargo, el coleccionismo de vehículos clásicos surgió algo más tarde.

En algún momento no determinado de mediados del siglo pasado comenzó el fenómeno tal y como lo conocemos hoy. Con colecciones formadas por auténticos entusiastas cuyo único objetivo era poseer y disfrutar sus vehículos más admirados. Solo unas pocas de esas primeras grandes colecciones han llegado hasta nuestros días, como es el caso de las colecciones Baillon y Schlumpf. La primera de ellas desmembrada en varios momentos de su historia pero de la que perduró (en pésimo estado) una buena parte hasta hace pocos años, mientras que la última se conserva hasta el día de hoy como el corazón del museo francés Cité de l’Automobile, considerada una de las mayores colecciones del mundo.

Durante esas primeras décadas, el coleccionismo fue un fenómeno que no solo afectó a muy pocos aficionados, solo aquellos con poder adquisitivo suficiente para cumplir sus sueños, sino que ni siquiera tenía demasiada relevancia mediática. Fue a finales del siglo XX cuando entró en juego la especulación, y como en todas las facetas del coleccionismo, como el artístico o el filatélico, también afectó al mundo del motor.

Lamborghini Countach, Porsche 911 Speedster, Pontiac GTO y más.

Aunque probablemente muchos puedan señalar que la especulación forma parte intrínseca del coleccionismo de vehículos clásicos, como algo ya indivisible, lo cierto es que si bien ambos son fenómenos estrechamente relacionados, realmente solo confluyen en ciertos puntos o determinadas circunstancias. Y realmente no afecta a todos los ámbitos o estamentos del motor clásico.

La especulación se explica de una manera extremadamente simple, se trata simplemente de adquirir un bien con el objeto de venderlo más tarde a un precio más elevado. Esta práctica comercial tan simple la encontramos en ámbitos tan dispares como el inmobiliario, los metales preciosos o el mercado bursátil.

¿Cuándo comenzó a afectar realmente al mercado de vehículos clásicos?, en la década de los ochenta. Aunque el fenómeno del coleccionismo de vehículos tenía ya muchas décadas a sus espaldas y como es natural, no pocos vivían de ello, fue a partir de esa década cuando se popularizó, alcanzando unas dimensiones inusitadas hasta ese momento. Y el motivo fue muy simple, los inversores (o especuladores, como prefiramos llamarlos) se percataron que era un mercado con gran demanda y lo más importante, que no se veía afectado por agentes externos como sí sucedía con el mercado inmobiliario o materias primas como el petróleo, cuyo precio puede alterarse por muchos motivos y además muy rápidamente y sin aviso. El mercado de vehículos clásicos es tremendamente estable, pues depende solo de un factor, que haya aficionados dispuestos a pagar por poseer un modelo o ejemplar concreto. Lo cual hasta ahora no ha faltado.

Ferrari 166 Mille Miglia.

El primer resultado fue una burbuja de rápido crecimiento en aquella misma década, en la que se formaron no pocas colecciones, como es el caso de Ralph Lauren. Si bien muchos aseguran que esa burbuja explotó a finales de la década, lo cierto es que tan solo se frenaron los precios más elevados y los que por lógica acaparaban todos los titulares. En los escalones más bajos del mercado, los precios no se vieron tan afectados y se mantuvieron estables, continuando una lenta pero imparable revalorización hasta llegar al siglo XXI. El valor más alto alcanzado en esa primera burbuja fue el Bugatti Royale Kellner Coupe de 1931, subastado en Christie’s en 1987 por 9.8 millones de dólares. Un valor tan alto que tardó décadas en ser superado, por lo que durante más de 20 años fue el récord oficial al coche más caro de la historia.

Una vez se acercaba el nuevo siglo, los valores de los clásicos comenzaron el ascenso vertiginoso que hemos vivido en los últimos años, en la mayoría de los casos multiplicando varias veces los valores que apenas se habían movido durante décadas en muy pocos años.

En estas dos primeras décadas del siglo XXI hemos vivido más que un fenómeno una auténtica fiebre por el vehículo clásico y en esta ocasión, al contrario que en los años ochenta, esta ha afectado a más segmentos, no solo a los modelos de más renombre y por tanto más caros, sino que a nivel general encontramos como básicamente todos los vehículos de colección o clásicos destacados tienen un valor claramente superior a los simples vehículos usados.

La colección Corvette Peter Max, uno por cada model year.

Como es lógico, en un amplio mercado con múltiples alternativas encontramos casos muy dispares. Desde vehículos universalmente reconocidos y destacados por los aficionados cuyos valores han adquirido dimensiones estratosféricas, como los Porsche 911 air-cooled) a verdaderos nichos del mercado, como puede ser el particular caso del SEAT 600 en España.

En cualquier caso, el único motivo conocido que ha habido tras estas explosiones de los valores ha sido la especulación, pues una gran parte de las ventas se corresponden con esta práctica. Y no solo por personas ajenas al mundo del coleccionismo, sino por los propios coleccionistas. Todos quieren un pedazo del pastel.

Y es aquí, una vez definidos todos los conceptos y repasado brevemente la evolución económica del mercado de los últimos años cuando nos hacemos la gran pregunta. ¿Es realmente perjudicial la especulación para el mercado de vehículos clásicos?. La inmensa mayoría de aficionados, aquellos que realmente consideran los automóviles clásicos como las joyas tecnológicas e históricas que son, dirán que sí, pues los precios elevados irremediablemente alejan a la gran mayoría de aficionados de los vehículos de sus sueños.

Ferrari 365 GTB/4 Daytona 'Alloy'.

Pero hay una consecuencia que nadie suele tener en cuenta y es que ha sido precisamente gracias a la especulación que existe interés no ya por el mercado o sus valores, sino por los propios vehículos en si. Lo que ha propìciado que en múltiples partes del mundo estos vehículos sean preservados debidamente e incluso rescatados en algunos casos.

De ahí que hayamos ilustrado este artículo solamente con clásicos en mal estado o directamente procedentes de barn-finds, ya que sin el interés (económico, por supuesto) que genera el mercado estos modelos nunca habrían sido rescatados, y la gran mayoría de vehículos clásicos hoy solo serían óxido.

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