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Uber abandona Valencia, pero Cabify resistirá

La Comunidad Valenciana adopta desde el 1 de junio la nueva regulación sobre VTC, que obliga a una precontratación de 15 minutos, como ha ocurrido en Cataluña. Uber no pasa por el aro y anuncia que cesará sus operaciones en Valencia y Alicante.

Distintos "ayuntamientos del cambio" y gobiernos autonómicos, cercanos ideológicamente a la izquierda, empezaron a poner palos en las ruedas a las dos empresas que más clientes proporcionan a los VTC o vehículos de alquiler con conductor. Esto fue a raíz del llamado "Decreto Ábalos" que pasó a finales de 2018 la patata legislativa a CCAA y ayuntamientos.

Cataluña fue la primera en legislar ad hoc contra los VTC, aunque sin ceder a todas las pretensiones de los taxistas, que efectuaron duraderos cierres patronales en distintas partes de España, pero sobre todo en Madrid y Barcelona. Uber se fue de Barcelona, y ahora anuncia que deja Valencia. El tiempo de 15 minutos de espera les parece inasumible.

Cabify sorteará la norma de la misma forma que en Cataluña. En vez de prestar un servicio de agencia de viajes, lo hará como empresa de tranporte, concretamente a través de Miurchi Car S.L. Los usuarios deberán aceptar nuevos términos y condiciones en la aplicación para poder seguir utilizándola.

Así, tendrán que esperar 15 minutos la primera vez, ya que contratarán por un año los servicios con Cabify a través de dicha empresa, sin que esa duración tenga ningún coste adicional ni obligación de renovar. La empresa y sus abogados han interpretado que esa primera contratación sí ha de respetar los 15 minutos, pero no los viajes que se hagan en virtud de dicho contrato.

No obstante, las empresas de VTC esperan que un fallo judicial acabe tumbando las distintas normas que tantos problemas les están dando, ya que cada autonomía y ayuntamiento puede legislar prácticamente a su gusto, pero en el derecho siempre hay que hacer una ponderación para no lesionar a terceros.

En Valencia ambas plataformas contaban con 300.000 usuarios registrados y estaban dando trabajo a unos 500 empleados de empresas de VTC. Cabify defiende que su servicio es una alternativa de movilidad y que se debe respetar el derecho de los ciudadanos a elegir aquella que les resulte más conveniente.

En general, el sistema legal español, en sus distintas jurisdicciones, beneficia claramente al sector del taxi, ya que cuenta con siglos de existencia (motorizado con unas décadas) y es una seña de identidad de las ciudades. Los VTC se han colado por las grietas que tiene una normativa que se ha quedado claramente obsoleta.

Los VTC apenas disponen de plazas reservadas, en algunas ciudades se les prohíbe circular vacíos (salvo que vayan a por un cliente o lo hayan dejado), los coches tienen requisitos superiores a los taxis, están más controlados a nivel de transporte y tributación, algunos sitios les están vedados, etc. Los taxistas se quejan de la pérdida de clientela que ve más adecuada para sus necesidades la oferta de los VTC.

No se trata de una cuestión de precio. Dependiendo del trayecto, un VTC puede costar un poco menos, casi lo mismo, o más que un taxi. El factor principal es la calidad del servicio. Los VTC suelen ser coches de una especificación más alta a los taxis, los conductores suelen ir uniformados -aunque cada vez se ven más sin uniforme-, se puede conocer el precio del trayecto con anticipación y recogen al pasajero mediante geolocalización.

Cabify se ha propuesto pelear por su sitio dentro de la movilidad en España, pero Uber cede a la primera ante las dificultades legales, en España y en cualquier sitio. Son más de pelear por actos consumados, pero no luchan contra el sistema judicial. Sigue siendo una empresa deficitaria, en el primer trimestre de este año perdió otros 1.000 millones de dólares.

Uber nunca ha dado beneficios, es un agujero negro para inversores que ya ha tragado decenas de miles de millones de dólares, ante la expectativa futura de que la empresa se convierta en un líder global del transporte de pasajeros en vehículos privados. Cabify es otra cosa, genera beneficios, genera impuestos, y también los paga en España.

Y es que si nos metemos a hablar de fiscalidad, el sector del taxi no sale precisamente bien. Aunque Uber y Cabify paguen "pocos" impuestos -sea cual sea el motivo-, los vehículos VTC y las empresas que los explotan están generando del orden de 9 a 10 veces más impuestos que un taxista que utilice el sistema de tributación por módulos, por no hablar del empleo generado y la riqueza indirecta a otras empresas.uber.

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