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    Conducción solidaria: qué es y cómo podemos ponerla en práctica

    David Plaza
    David Plaza
    7 min. lectura
    La conducción solidaria contribuye a una circulación más fluida y segura.

    Este tipo de conducción evita muchos accidentes y estrés en las carreteras, pues antepone el bienestar de los usuarios de la vía y las necesidades de un único conductor.

    La conducción solidaria consiste en afrontar la conducción de un modo relajado y que tenga en cuenta las necesidades del resto de usuarios de la vía, facilitando y respetando la convivencia en dicho entorno.

    Y es que un conductor agresivo comete más infracciones y es más propenso al exceso de velocidad, además de sufrir más distracciones. Esto redunda en un mayor estrés y riesgo de accidente.

    Más de 100.000 conductores reconocen que su conducción agresiva ha causado un accidente de tráfico

    Según Línea Directa, más de 3 millones de conductores reconocen conducir de manera agresiva, de los cuales 300.000 admiten haberse peleado a consecuencia de una disputa de tráfico.

    No sólo eso, pues más de 100.000 conductores reconocen que su conducción agresiva ha causado un accidente de tráfico. No en vano, este tipo de actitud al volante multiplica por 10 el riesgo de accidente con víctimas mortales.

    Claves para una conducción solidaria

    A grandes rasgos, conducir de manera solidaria consiste en dejar de lado actitudes egoístas para colaborar de manera activa en el buen funcionamiento de la circulación en las ciudades y carreteras. Esto podemos conseguirlo del siguiente modo:

    Facilitar el paso en las intersecciones

    Es muy habitual que, a consecuencia del tráfico, las intersecciones de las ciudades queden colapsadas, lo que agrava aún más el problema. Un buen modo de evitarlo es evitar bloquear la intersección para permitir que el tráfico fluya.

    Facilitar la incorporación en las carreteras y autovías

    Del mismo modo, es muy habitual que, al incorporarnos a una carretera o autovía por el carril de aceleración, los vehículos que circulan por la misma hagan caso omiso de la situación. Si está en nuestra mano, lo mejor es facilitar la incorporación para evitar frenazos o maniobras evasivas que deriven en un accidente.

    Facilitar las incorporaciones de otros vehículos elimina riesgos y hace la circulación más fluida.

    Respetar la señalización y al resto de conductores

    Es evidente que siempre debemos prestar atención a las señales de tráfico y respetar sus indicaciones, así como al resto de usuarios de la vía. Pero en zonas con retenciones esto cobra aún más importancia.

    Hablamos de líneas continuas o de anticipar nuestros movimientos con los intermitentes, cosas que en vías de circunvalación congestionadas o tramos similares permiten un tráfico más fluido y seguro.

    Respetar la distancia de seguridad

    Los ejemplos anteriores provocan estrés en los conductores, pues la incertidumbre de qué harán los vehículos nunca es aconsejable. Lo mismo ocurre con la distancia de seguridad, pues no sólo nos pone en peligro ante una situación inesperada, sino que genera inquietud en el conductor que tenemos por delante y que ve que circulamos muy pegados a la parte trasera de su vehículo.

    Lo mejor es dar espacio, pues ganaremos en seguridad y en tranquilidad. Además, llegaremos a la misma hora.

    Reducir la velocidad al llegar a un paso de peatones

    Un caso parecido al anterior, aunque aplicado a los peatones, es el modo en que nos aproximamos a uno de ellos. El peatón tiene preferencia, pero es el más vulnerable, por lo que necesita sentirse seguro a la hora de cruzar.

    Si nos aproximamos a gran velocidad, estaremos generando confusión e inquietud, propiciando una situación potencialmente peligrosa, además de egoísta.

    Respetar el ámbar en los semáforos

    Todos tenemos claro que el semáforo verde indica que podemos pasar, mientras que el rojo nos obliga a detenernos. Pero muchos conductores piensan que el ámbar señala acelerar más para pasar rápido antes de que se ponga en rojo.

    No, es lo contrario, debemos reducir la velocidad y detenernos a no ser que ello suponga generar una situación peligrosa como que el coche de detrás circule muy cerca y pueda golpearnos.

    Evitar las distracciones

    Otro modo de ser solidario es evitar las distracciones: el móvil, la radio, etc. Una distracción puede provocar un accidente en el que no sólo nos veamos involucrados nosotros, sino otras personas.

    Evitar la fatiga y la agresividad

    El cansancio nunca es bueno y al volante mucho menos. Además de hacernos más vulnerables a las distracciones y reducir nuestra capacidad de reacción, hará que seamos más agresivos al volante, más bruscos y menos pacientes.

    Evitar las prisas y el estrés

    Lo mismo podemos decir de las prisas. Cuando llegamos tarde, tendemos a ir más deprisa y a no respetar las preferencias de paso o la señalización. Además, eso nos genera más estrés, lo que acaba creando un cóctel potencialmente mortal.

    Intentemos planificar bien los tiempos de tránsito y, si aún así llegamos tarde, haremos bien en recordar que no llegar es aún peor que hacerlo unos minutos tarde.