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    OpiniónPor qué Red Bull haría bien en preocuparse por su futuro

    La formación anglo-austriaca se enfrenta a un problema, pues el contrato de suministro con Renault expira a finales de este año.

    La única opción viable pasa por Honda, pues la firma francesa ha reaccionado a las continuas críticas rechazando una renovación del contrato.

    “Es duro tener a un socio que miente”. Así definió de manera explícita Cyril Abiteboul la relación con Red Bull hace exactamente dos años, tras un decepcionante inicio del mundial de Fórmula 1 en Australia. En aquel Gran Premio inaugural de la temporada 2015, Daniel Ricciardo se clasificó séptimo para terminar la carrera un puesto más adelante, mientras que Daniil Kvyat no pudo pasar de la 13ª plaza en parrilla para posteriormente sufrir una rotura en la caja de cambios que le impidió siquiera iniciar la competición.

    Abiteboul, en aquel entonces máximo responsable de una marca francesa que se limitaba a servir de motorista a la formación austriaca y a su equipo filial, Toro Rosso, se defendía con vehemencia de las acusaciones de Adrian Newey y el resto de pesos pesados de Red Bull, que señalaban a Renault como causante de sus males. Aquello desembocó meses después en la búsqueda desesperada de un nuevo motorista, la amenaza de abandonar la Fórmula 1, la negativa de Ferrari y Mercedes a suministrarles un propulsor competitivo, el veto de McLaren a permitir un acuerdo con Honda y, finalmente, la renovación del matrimonio de conveniencia entre Red Bull y Renault con la condición de renombrar los motores como TAG Heuer.

    Meses más tarde, ya con Renault gestionando como propio el antiguo equipo Lotus, la fábrica de Viry-Chatillon comenzó a producir resultados en forma de un nuevo motor estrenado en el Gran Premio de Mónaco de 2016. Dicho propulsor llegaba tras una importante inyección de dinero y personal por parte de Renault y sirvió para convencer a Red Bull de que merecía la pena extender el contrato hasta 2018.

    Renault no llegó a disfrutar nunca del mérito que sí se le reconoció a Sebastian Vettel y a Red Bull.

    Pero el tiempo ha pasado y la relación entre ambos nunca ha sido realmente satisfactoria. De hecho, ni siquiera lo fue en tiempos de Sebastian Vettel, cuando los títulos mundiales aparecían como setas, el joven alemán era comparado con Michael Schumacher y Adrian Newey era coronado como el mayor genio de la historia de la Fórmula 1 incluso por encima de dioses como Colin Chapman o Gordon Murray. Tiempos en los que nadie se acordaba del motor. Un motor que elevaba el ingenio de Newey a su máxima expresión gracias a un mapeado que permitía el soplado del difusor con los gases de los escapes, dirigidos mediante el efecto Coanda hacia la parte superior del mismo -incluso cuando el piloto no pisara el acelerador- y proporcionando un agarre espectacular en curva lenta y en frenada.

    El problema es que es Renault quien tiene la sartén por el mango

    Ahí empezaron a producirse unas tensiones internas que se han ido enquistando con el tiempo y que, en la actualidad, se traducen en la negativa de Renault a renovar el contrato de suministro de motores, propiciando que Red Bull permitiera el intercambio Toro Rosso/McLaren para, a continuación, pasarse el invierno echándole flores a Honda y criticando, una vez más, a los franceses, velada o indirectamente.

    El problema es que es Renault quien tiene la sartén por el mango y es Red Bull quien tiene muchas razones para no dormir con tranquilidad por las noches. Los franceses están como locos por reducir su nómina de clientes de un negocio ruinoso como es el suministro de bloques V6 turbo híbridos, que se cobran a razón de unos 20 millones de euros anuales para apenas cubrir una parte de un presupuesto cercano a los 100 millones anuales de desarrollo de un propulsor que, en su quinto año de vida, sigue siendo un pozo sin fondo. Con el equipo oficial por un lado, y McLaren por otro, Renault no necesita más y, de paso, se quita de enmedio a un cliente gruñón e impertinente.

    Red Bull sigue siendo el equipo más rápido de entre los motorizados por Renault, pero la marca francesa les considera una molestia prescindible.

    ¿Y qué pasa con Red Bull? Que si no convence a Renault, y desde luego no está dando pasos en la buena dirección, tendrá que pasar dos años de la mano de Honda, sea cual sea su situación. Y, o cambian mucho las cosas, o los japoneses a lo máximo que van a poder llegar es a terminar las carreras de manera honrosa, pues ni siquiera Ferrari o la propia Renault han logrado alcanzar el rendimiento de una Mercedes imparable bajo la actual fórmula reglamentaria. Una fórmula tan compleja e intrincada que, aún hoy, sigue permitiendo avances notables año tras año. Algo que, para Honda, equivale a intentar bajar por las escaleras mecánicas del metro. Por las que suben.

    Ni siquiera el reglamento está de parte de Red Bull, pues aunque prevé que un equipo se quede sin motorista, sólo obliga a acordar un contrato al suministrador con menos clientes, lo que nos lleva a Honda de nuevo. ¿Cuál es la solución? Que Honda abandone la Fórmula 1. Mientras tanto, quizá Horner, Marko y compañía deberían medir mucho más sus palabras y plantearse si merece la pena seguir señalando a Renault como culpable de todos sus males. Eso o rezar.

    Fotos: Red Bull Content Pool