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Virutas F1Pedradas con Honda

Las etiquetas amarillas de la viuda más espumosa del planeta, la Viuda de Cliquot, eran una de las pocas tonalidades discordantes en la sobria, casi fría, decoración de la sala de guerra nipona. Y es que la seriedad de unos minutos antes pasó a parecer casi una juerga gitana regada por aquellas dos botellas de champán.

Por norma general en la Fórmula 1 el espumoso francés se descorcha en los pódiums, con menos frecuencia fuera de la visión de las cámaras cuando hay algo realmente bueno que celebrar, y esto fue lo que ocurrió el domingo del Gran Premio de Australia en dos puntos del planeta muy alejados el uno del otro. Y es que los 16.929 kilómetros que separan Melbourne y Winterhill (barrio de Milton-Keynes) quedaron unidos por las festivas burbujas, pero trasegadas en escenarios muy distintos.

Si en Australia fue un acertado Max Verstappen el que inundó su garganta con Carbon, fue en la sede de su equipo en las instalaciones de Honda en el Reino Unido, donde fueron abiertas dos botellas de Veuve Cliquot Ponsardin para celebrar el primer cajón de los orientales en más de una década. Y es que Honda no tiene una “mission control” sino dos, la de Sakura, y la de su sede angloparlante, y si en la primera trabajan unas veinticinco personas, en la de Inglaterra son alrededor de quince los miembros presentes cada vez que uno de ‘sus coches’ pisa el asfalto. Una prueba de la desjaponización de su plantilla es que menos de la mitad de los presentes en la cita inaugural tenían los ojos rasgados. De hecho en Winterhill alrededor del 60% de su plantilla en esa exótica mezcla que alberga técnicos cazados a lazo sin mirar el pasaporte, son occidentales.

Honda aterrizó en la Fórmula 1 con un plan tan errado como estéril. En parte por inconsciencia y en parte por desconocimiento, tomaron tierra en una piscina de caimanes con resultados con los que ya nadie se sonrojará si se les tilda de verdadero desastre. Diversos responsables fueron desfilando por un despacho que no parecía encontrar una cabeza válida, y tras las prisas por ganar, la necesidad de resultados por parte de McLaren, y la urgencia poner en manos de Fernando Alonso algo digno que no le condenase a pelear contra los que cierran parrillas, los japos doblaron el brazo.

Uno de los anatemas de Honda era que respetasen su filosofía, y McLaren tablas de tiempos en mano, consiguió que la plantilla fuese abriéndose a no nipones que aportasen experiencia, saber, conocimiento y que reconectaran los cables que tenían cortocircutados. Honda nunca se rindió y fue a más, nunca bajaron los brazos y apañaron ese agujero negro echando paletadas de dinero y tiempo. Tanto es así que en la sede inglesa de la compañía, abierta con 35 personas en 2015 emplea a más de 110 al inicio de 2019 y hay planes de ampliación de instalaciones y plantilla. Una de las cosas que faltan, algo en lo que no habían caído, es un comedor; no tienen aunque muchos de sus empleados se llevan el alpiste en Tupperwares. No hay música ambiental, y no hay más sonidos que los que emanan del banco de pruebas donde cada día arrancan y paran muchas veces unidades de pruebas y de las que remiten a los circuitos a Toro Rosso; a Red Bull si se les llevan materiales y personal porque los tienen a apenas seis kilómetros.

Son curiosos los japoneses. Todos los que tienen despacho en Winterhill lo son, fue uno el que contra todo pronóstico abrió las dos botellas de espumoso, y el que escanció con formas animadas su contenido en vasitos de plástico a todos los presentes. De la misma manera, y según cuentan los que les vieron, ninguno de ellos celebró el abandono del McLaren de Carlos Sainz o la poco favorecedora decimosegunda plaza del monoplaza de Lando Norris. Ni un ápice de rencor hacia sus antiguos socios, no como en Red Bull, que disfrutan y celebran con mofa tuitera el dejar atrás a su pareja de hecho francesa en una relación que fue de más a menos. “No, ni uno sonríe cuando a McLaren les va mal”, nos cuenta el topo. “Son muy serios y formales, pero la atmósfera no es excesivamente estricta; las reglas son orientales pero el trato no es tan seco ni distante como pudiera esperarse. Nos entendemos bien en inglés con ellos aunque a alguno se le atasca un poco el idioma, y echamos mano de un traductor, siempre disponible”.

El centro de Winterhill ha sido una de las piezas clave de la sorprendente recuperación de Honda en este periodo y que les ha llevado hasta su primer pódium de la era híbrida. Es allí donde se desarrolla el ERS de fabricación propia. La sección térmica de los motores viene montada desde Japón, en Inglaterra se les añade la parte híbrida, para remitirla más tarde a las escuderías. Cada motorista tiene su filosofía, su arquitectura.

A Honda los motores no les han dado problemas de fiabilidad, y esa rumoreada mejora de potencia parece ser cierta

Se rumorea que Mercedes refrigera sus baterías con aceite, que otro fabricante tiene un sistema para sacar los pistones del bloque sin romper los precintos de la FIA, o que hay uno que ha partido las baterías en diversas subsecciones de manera que pueden extraer la energía de una forma alternativa y más eficiente. Todo esto es probable pero no está probado, y da alas a la imaginación para que los encargados de parir los diseños se pongan a cavilar como idea de desarrollos posteriores. De momento a Honda los motores no les han dado problemas de fiabilidad, y esa rumoreada mejora de potencia de los test de pretemporada parece ser cierta.

Las dos salas de guerra de Honda, las “mission control”, están interconectadas por un circuito cerrado de televisión, una suerte de Skype de las carreras con visión mutua de esos dos mundos con un mismo dios separados por 9.547 kilómetros; por la enorme pantalla de 50 pulgadas donde se otea el horizonte ajeno no se observó brebaje celebratorio alguno en el lejano oriente. Honda paga bien, el ambiente parece imbuido en el espíritu de la paciencia y el trabajo silencioso, y a pesar de que la factoría está abierta las 24 horas del día, el horario suele ser de nueve de la mañana a seis de la tarde. A veces hay gente que se queda hasta más tarde, algo que los japos agradecen. Ellos también lo hacen, pero los occidentales han notado que cuando llega la noche dejan de ser productivos “tienen otros ciclos vitales, funcionan de otra manera a nivel biológico”.

Toyoharu Tanabe, director técnico de Honda en la Fórmula 1.

El espíritu japonés está muy atado al cumplimiento del deber, las obligaciones, el estar a la altura y tanto marca como empleados digirieron con dureza el divorcio con McLaren. Esto dejó un profundo surco de amargor en el pecho de todos, pero se toparon con la comprensión y apertura mental de Toro Rosso; fue para ellos como la pomada que echas sobre la quemadura. Si en McLaren tuvieron que plegarse a los deseos de Woking, en Toro Rosso fue justo al revés ‘haced lo que creáis conveniente, que ya nos adaptamos nosotros’, y funcionó. El cuarto puesto de Pierre Gasly en Bahréin 2018 con el motor Honda recién calzado en el STR13 puso las indicaciones para confirmar que ese era el camino correcto. En Honda quieren ganar y prueba de ello no es sólo el plan de ampliación de su factoría, pegada a la que fueran las instalaciones de Mugen-Honda, sino que el ritmo de crecimiento de su plantilla es el doble del previsto cuando decidieron montarlas. Ahora reconocen con timidez y en petit comité que cuando llegaron en 2015 estaban muy verdes en todos los aspectos.

En línea con la forma de pensar y actuar oriental, los resultados comienzan a llegar con la paciencia y sinsabores como inevitable impuesto revolucionario. Necesitan tiempo, y creen en el largo plazo, por eso cuando das un paseo por la fábrica y se topan con alguna pieza en la que se lee “FA”, ladean la cabeza, sonríen levemente y tratan de olvidar. Acabaron mal con el asturiano, se dijeron muchas cosas poco agradables, pero esa página está pasada. Otro elemento diferenciador de los japoneses es que es el único equipo-motorista que ofrece contratos permanentes. Les gusta montar una familia a su alrededor y cuando tienes un acuerdo laboral establecido, automáticamente te proporcionan un vehículo de empresa a coste cero, un Honda no con descuentos o renovaciones automáticas, sino de gratis, por la patilla. Otros beneficios de los empleados de Winterhill es un generoso seguro médico y el acceso a un portal de compras y fuertes descuentos a través de la Intranet de la compañía. En ella hay tiendas de alimentación, ropa, o incluso productos de la marca Apple. Estas rebajas corporativas van desde el 5 y hasta el 15%. Honda arropa a sus soldados.

La mayoría viven en Londres, pero algunos se han instalado en los alrededores, que no es barato. Si quieres un pisito o casa baja con un alquiler medianero vete preparado 900 libras de su majestad. Si decides quedarte por el barrio, Honda te da acceso a un servicio de bicicletas llamado Cycle Scheme, y en bici se podría ir al Asakara, el mejor restaurante japonés de Milton-Keynes. Situado a apenas cinco kilómetros de la sede del motorista, una bicicleta es lo que van a necesitar los japos si se van a cenar allí a celebrar brindando con algún espumoso. Si a la vuelta a casa los policías británicos les pillan al volante de alguno de sus coches gratuitos algo achispados, no va a haber “que Honda ni que Honda”, así que mejor la bici. Menuda escena: una bandada de japoneses borrachos en bici en la medianoche de Milton-Keynes. Bueno, siempre pueden coger un taxi, pero habría que ver cómo se les iba a quedar la cara a los festejantes si fuera un Prius con motor híbrido

Fotos: Red Bull Content Pool | Honda Racing F1

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